1 de abril de 2010 16:49 PM
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Uruguay  –   Dónde están los novillos

Las variaciones climáticas de los tiempos recientes y los cambios abruptos en el escenario económico internacional han provocado pronunciadas alteraciones en las condiciones de producción, y, en definitiva, en los resultados finales -productivos y económicos- de la ganadería.

Las variaciones climáticas de los tiempos recientes y los cambios abruptos en el escenario económico internacional han provocado pronunciadas alteraciones en las condiciones de producción, y, en definitiva, en los resultados finales -productivos y económicos- de la ganadería.  Las lluvias abundantes que arrancaron en la primavera pasada y se prolongaron a lo largo de todo el verano impulsaron un crecimiento desusado de las pasturas, naturales o sembradas, con sus correlatos afortunados en la performance y en el estado general de los vacunos. Por desgracia, no ocurre lo mismo con los lanares, más frágiles sanitariamente, afectados por la proliferación de pestes que acompañan inevitablemente a los excesos de lluvia y de pasto. Pero hablábamos de vacunos. A la salida del invierno pasado, el panorama no podía ser más preocupante: al bajo número de terneros que nacían, se sumaba la pérdida de estado de las vacas de cría, que amenazaba con un nuevo fracaso en el siguiente entore. Todo cambió: lluvias, calor, suelos nitrificados por la seca, la naturaleza demostrando con esplendidez su capacidad de reacción. Los campos desnudos, en tierra, brotaron con fuerza y desplegaron sus verdes en el paisaje; desde entonces los pastos se revuelcan hasta en los campos pobres y superficiales, las praderas con leguminosas estivales y los cultivos de la época no pueden controlarse con bocas y dan reservas voluminosas que aseguran hasta cierto punto la continuidad de la holgura. A esta abundancia deben sumarse las cosechas de granos forrajeros de verano y los cuantiosos saldos de la cosecha de invierno, aquellas partidas que no alcanzaron la calidad requerida para ser exportadas. Frente a la mejora notable de la disponibilidad de alimento, los ganados respondieron en consecuencia y mejoraron rápidamente su condición corporal y su performance productiva, aventando los pronósticos pesimistas sobre el comportamiento en el entore, el desarrollo de las categorías jóvenes y la preparación de las haciendas para embarque. Podría decirse que las pasturas y los ganados exhibieron una alta "resiliencia", palabreja de moda, proveniente del área de la sicología, que alude a la capacidad de recuperación frente a la adversidad por parte de una persona o de un grupo humano: en este caso, vacas y pastos. No obstante, los excesos de lluvia que se registraron en febrero en la mayor parte del país aparejaron mermas en la calidad del forraje, con su correspondiente impacto en el estado del ganado, que pegó una pestañada en su preparación, aunque la regularización del tiempo corrigió esos desajustes circunstanciales. A la hora del balance, debe tenerse en cuenta que el stock vacuno ha sufrido una reducción significativa, por la caída de la parición en la primavera pasada, la alta extracción y el aumento de la mortandad por efecto de la prolongada crisis forrajera vivida. De modo que hay mucho "pasto" y pocas bocas para comerlo, en términos relativos, por supuesto. ¿Y los novillos? Toda esta introducción sobre el escenario ganadero que estamos observando nos acerca a un fenómeno por demás peculiar: los productores no están vendiendo los novillos, tal vez porque les están "metiendo kilos", como comentamos más adelante. La extracción de novillos en los últimos ocho meses se ubica en niveles bajos en términos absolutos. En porcentaje, la cifra todavía es más significativa: apenas 45% de la faena total en el segundo semestre del año pasado, y solo 39% en lo que va de este año, lo que equivale a un promedio de 44,1% en los últimos ocho meses, desde el 1º de julio de 2009 hasta marzo de 2010, y el fenómeno continúa con toda intensidad en este mes, hasta el cierre de esta nota. Tampoco puede pensarse que los novillos se están dirigiendo masivamente a otros destinos: la exportación en pie a los mercados de Oriente Medio, y aún menos a Brasil, absorbe algunos cuantos miles de cabezas en este período, de todas las descripciones de novillos: grandes y chicos, gordos y flacos. La faena se está realizando principalmente con vacas, que representan en ese tramo casi 54% de todos los animales procesados, algo totalmente inusual en nuestra operativa industrial, sin que estén presentes situaciones catastróficas o anormales. El total faenado en estos ocho meses y medio que llevamos del ejercicio agrícola corriente acumula un volumen relativamente reducido; es probable que a fines de marzo ronde 1.700.000 cabezas. Para que se equipare este nivel de actividad con lo que se preveía –una cifra similar a la del año pasado–, en el último trimestre del ejercicio deberían faenarse unas 550.000 cabezas, un volumen no menor pero perfectamente accesible para la industria local, que acarrea actualmente una enorme ociosidad en su capacidad instalada, exclusivamente por restricciones en la oferta de materia prima (ganado), porque mercados para la carne, afortunadamente, no faltan. Stock y composición En la última declaración jurada de Dicose, los novillos de todas las categorías sumaron 2.586.000 (ver cuadro). De esta cifra se faenaron, hasta el 1º de marzo pasado, 673.000, y se exportaron unos pocos miles en pie. Es una categoría que muere poco; digamos 1% del stock, unos 26.000 animales. Entonces, la salida total de novillos en el ejercicio agrícola corriente suma unas 750.000 cabezas, de modo que quedan por lo menos 1.800.000 en los campos. La faena de novillos en estos últimos ocho meses mantuvo la composición que ya se ha consolidado: 69% del total fueron de dentición incompleta. Como puede verse en el cuadro correspondiente, hay más de medio millón de novillos formados declarados y la faena de los "boca llena" no llega ni a la mitad de esa cifra: son seguramente los novillos "de campo", engordados a campo natural, que normalmente se embarcan en el otoño y que ahora deberían estar todos gordos. Pero también había más de 856.000 novillos de más de dos años, que cumplieron tres años en la primavera pasada y que ahora deberían estar adelantados en su preparación, cerca del momento de salida. El 1.215.299 de novillos que tenían un año y medio en junio del año pasado, y que cumplieron dos años en la primavera pasada, que a esta altura tienen dos o cuatro dientes, también integran en gran número las categorías de faena. Grasa y crecimiento ¿Qué está pasando, por qué se venden las vacas y no los novillos? Para contestar esa pregunta debemos recordar un factor biológico, una diferencia entre esas categorías. La vaca es más precoz, lo que significa que se engrasa antes que el novillo. Con la misma comida, una vaca entra a depositar más tempranamente grasa en los tejidos, mientras el novillo sigue creciendo en tamaño, en sus huesos y en carne, a la vez que también engorda, obviamente. La oferta extraordinaria de forraje aparejó primero una recuperación rápida y luego un engorde acelerado de vacas y novillos. Pero una vez que los animales alcanzaron la condición de faena, con el engrasamiento necesario, empieza a ser una categoría netamente ineficiente de conservar en los campos, porque se requiere de mucha energía para producir grasa (dos veces y media más que para producir carne, en términos gruesos). Pero esto es lo que ocurre mayormente con las vacas: los novillos, en cambio, que no han comido menos que las vacas, deben estar engordando y creciendo a la vez; tienen mayor margen para definir el momento de su extracción. Los productores, con la amplia disponibilidad forrajera con que cuentan en estos tiempos, pueden regular sin problemas el ritmo de extracción de los novillos, agregándole kilos en forma económica y aprovechando además la suba de precios que se ha ido dando en estos últimos meses. Los pesos El peso de faena de los novillos promedia los 490 kilos en pie (2009), que aportan 260 kilos de carne en gancho, medidas en segunda balanza, o mejor dicho cuarta balanza, como correspondería decir actualmente, por estar ubicada en el cuarto punto en la secuencia de las Cajas Negras en la línea de faena, cuando se pesa la media res despojada de cabeza y pezuñas, cuero, vísceras, grasa de riñonada y demás recortes realizados en el dressing. Las vacas, por su parte, promediaron el año pasado 418 kilos en pie y 206 de carcasa, 72 kilos menos de peso vivo y 54 kilos menos de carne con hueso que los novillos, demostración fehaciente de las diferentes características y tamaños de ambas categorías de reses. Es más que probable que actualmente los pesos del ganado, en este año de plétora forrajera, sean superiores, en todas las categorías, a los del año pasado, cuando era la sequía la que dominaba el escenario y forzaba la venta apresurada de los animales, aun cuando no hubieran culminado su preparación. Los precios El precio del kilo de novillo en 4ª balanza a principios de marzo, cuando alcanzó el pico más alto, se ubicaba 25% por encima del de un año atrás y era 15% superior al vigente en noviembre y diciembre pasados. En dólares, claro, no en pesos constantes, pero ése es otro tema, más desanimante, que recibirá en su momento un abordaje en profundidad. El ciclo de suba de los valores, lento pero constante, parecía haber finalizado ya en las primeras semanas del mes en curso, y al cierre de esta nota ya no se alcanzan los valores máximos y se insinúa incluso un cierto debilitamiento, que no llega a ser todavía una baja de significación. El futuro Es muy probable que se produzca a partir de estos momentos un incremento importante en el volumen de oferta de novillos gordos, que, lógicamente, tendrá alguna repercusión en los valores. Ya se viene el invierno, siguiendo el ciclo de las estaciones; el frío habrá de cambiar la ecuación, que hoy favorece al campo, y mañana fortalecerá la posición de la industria. Hasta ahora, los novillos han venido saliendo en "cuentagotas", pero, más allá de la flexibilidad que referimos, hay un óptimo productivo, adecuado al sistema que se utilice en el engorde (pasturas, suplementos, corrales), a partir del cual resulta cada vez más ineficiente mantener en el campo un animal ya apto para faena. Pero además, y es lo que está determinando el ralentizado funcionamiento actual, hay un óptimo comercial, en el que la retención, aun la ineficiente en términos energéticos, puede ser rentable, por la valorización, o la expectativa de valorización, del ganado. Ambas condicionantes del nivel de oferta están cambiando, el escenario productivo y comercial es diferente al que rigió en los meses anteriores, lo que podría estar anunciando un incremento acelerado de los embarques en las próximas semanas. La segunda semana de marzo, que registra un fuerte aumento respecto a las anteriores, ya anticipa la tendencia. Afortunadamente, la industria tiene capacidad para procesar sin problemas 50% más ganado de lo que estaba faenando y la demanda de carne se muestra dinámica, tanto en los destinos externos como en el abasto local, por lo que los valores relativamente altos del ganado en estos momentos están genuinamente sostenidos por la realidad del mercado.

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