3 de abril de 2010 07:56 AM
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EL PELIGRO DE FRENAR A LA CADENA SOJERA

Si alguien tenía dudas acerca del significado de la soja en la economía argentina, las podrá despejar si analiza lo que ocurrió durante esta semana, cuando los mercados se agitaron nerviosamente por el bloqueo a las principales plantas de crushing y puertos de embarque por parte de la cooperativa que brinda los servicios de estiba.

No interesa tanto el origen y la calidad del conflicto (lucha gremial disfrazada de lucha entre privados por una tarifa), sino las consecuencias concretas. Lo que estuvo en juego fue nada menos que la principal fuente de divisas, unos 18.000 millones de dólares, que anduvieron a la deriva por unos días como un barrilete sin cola. El agua no llegó al río, porque el miércoles, felizmente, se alcanzó un acuerdo. Pero el evento fue sumamente revelador por todo lo que sucedió durante su desarrollo.

El primer efecto concreto fue una brusca suba el precio de la soja en Chicago. Entre el lunes y el martes, la soja subió 25 dólares la tonelada en las posiciones inmediatas, ante el temor de que el default argentino se mantuviera en el tiempo.

Los aumentos fueron especialmente fuertes en la harina de soja, un insumo clave para la producción de proteínas animales. Argentina es el mayor exportador mundial de harina de soja, y ante la amenaza de una demora en los embarques, los compradores necesitan indefectiblemente acudir a otros orígenes. Hay millones de cerdos, pollos parrilleros, vacas lecheras, gallinas ponedoras, pavos, gansos, novillos y todo bicho que camina y va a parar al asador, que forman sus músculos con proteína de soja.

Y si Argentina falla, muchas alternativas no hay. La solución que encontró la demanda fue volver al origen estadounidense. Los norteamericanos se encontraron, ya a mediados del año pasado, con el regalo sudamericano: la fuerte sequía que afectó a la región les dejó el camino despejado para exportar a gogó su gran cosecha. Pero los mercados sabían que la fiesta se acabaría cuando llegase la soja argentina. Un aluvión de más de 50 millones de toneladas.

El cosechón llegó, pero quedó en el campo y los acopios. La salvación para los productores fue el embolsado, una vez más, porque de no haber existido este sistema, el conflicto portuario hubiera devenido en un caos fenomenal. Los camiones hubieran quedado varados, sin donde descargar, y la trilla se hubiera frenado, con el consiguiente riesgo de pérdidas por desgrane, tormentas, falta de piso, etc.

Estuvimos caminando por la cornisa. Quizá por eso el propio ministro de Economía se sumó a la foto de un acuerdo en el que no tuvo nada que ver, el miércoles, en la CGT. Mientras esto sucedía, el mercado de Chicago se derrumbaba abruptamente: la breve fiesta se había terminado.

El derrumbe, como siempre sucede, no solo se comió las subas anteriores, efímeras pero bien aprovechadas por los farmers, sino que tuvo un "overshooting". Cayeron más de la cuenta. Los analistas atribuyeron esto al "efecto Argentina": si hay inseguridad respecto al abastecimiento, se frena la recuperación incipiente de las actividades derivadas. Concretamente, la producción de cerdos, que después de la crisis de la gripe porcina busca recomponer stocks. Pero si le sube el precio de un insumo clave como la harina de soja, las pérdidas pueden ser enormes. Entonces se retraen, van más despacio, y la soja que no se come hoy no se comerá nunca.

Más allá de las enseñanzas de este conflicto, pende sobre el complejo soja otra amenaza: la suspensión de las compras de aceite, el otro derivado de esta vaca lechera, por parte de China. Es el principal cliente, que el año pasado se llevó la mitad, por 1.500 millones de dólares. China respondería así a las restricciones argentinas a la importación de textiles y calzados. Los contrarios también juegan

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