5 de noviembre de 2016 11:34 AM
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Buenas prácticas en campos alquilados

En la producción argentina, observamos una gran diferencia en el manejo de cultivos según la tenencia de la tierra. Los productores en campo propio piensan en estrategias a mediano plazo, en los campos en alquiler, por lo general, se trabaja invirtiendo lo mínimo e indispensable para llevar a cabo la producción en el plazo que […]

En la producción argentina, observamos una gran diferencia en el manejo de cultivos según la tenencia de la tierra. Los productores en campo propio piensan en estrategias a mediano plazo, en los campos en alquiler, por lo general, se trabaja invirtiendo lo mínimo e indispensable para llevar a cabo la producción en el plazo que dura el contrato.

En el norte bonaerense, según datos de LMAgro y VMV siembras, donde soy asesor, el 29,5% de las hectáreas explotadas son de campos propios y el 70,5% corresponde a campos alquilados. De estos, el 67% tiene más de seis años con el mismo inquilino. Esto nos permite pensar en estrategias de mediano alcance para esos campos, con acciones para mejorar el sistema y para que el inquilino recupere la inversión.

Si sumamos los campos propios a los campos con más de seis años de alquiler, el 76,5% de la superficie del norte de Buenos Aires se puede manejar con buenas prácticas agrícolas.

Apuntan a mejores prácticas agrícolas
Apuntan a mejores prácticas agrícolas.

Con esta perspectiva, LMAgro y la Cooperativa Agropecuaria de La Violeta están realizando ensayos para tener herramientas de alto impacto y poca inversión, pensadas para el productor en campo en alquiler.

En ese período, usando tecnologías curasemillas (fungicida + inoculante), hubo un 7% más de rendimiento que en el lote testigo. Esta tecnología no puede faltar en ningún campo, ya que la inversión es baja y el retorno está casi asegurado.

El espaciamiento entre hileras (entre 35 y 40 cm como medida general de la zona) se está pasando a 20 o 17,5 cm. Es una excelente alternativa para mejorar la competencia del cultivo hacia las malezas. El rendimiento no disminuye y no tenemos diferencias significativas. Una condición fundamental es mantener la densidad por metro cuadrado.

Durante la campaña pasada, en dos lotes de producción uno al lado del otro, se sembró la misma variedad de soja en la misma fecha. Un lote llevaba cinco años de monocultivo y sin fertilización ni inoculación en los últimos dos años . El otro venía con tres años de doble cultivo y fertilización de 100 kg de SPS, con curasemillas e inoculante. Este último rindió 7qq. netos más y además tuvo dos aplicaciones menos de herbicidas. Lo cual nos conduce a asegurar que todas estas tecnologías generan beneficios no sólo a corto plazo sino también a mediano plazo y pueden utilizarse tanto en los lotes alquilados como en los producidos en campo propio.

Sabemos que los planteos cortoplacistas se basan en el uso de la mínima inversión, valorada en relación a los márgenes brutos. Sin embargo, no deberíamos prescindir de herramientas que tienen una alta tasa de retorno y que permiten estabilizar y mejorar los rendimientos. Esto, sin duda, nos va a permitir producir no solo mayor cantidad, sino también con más rentabilidad.

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