5 de noviembre de 2016 04:06 AM
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Africa, en el centro de la crisis alimentaria mundial

Las proyecciones demográficas son decisivas para la producción agroalimentaria global. El cálculo de Naciones Unidas es el siguiente: la población mundial ascendió a 7.350 millones de personas en 2015, y 60% del total vive en Asía. China e India representan sumadas 37% de la población del planeta (19 % y 18%, respectivamente).   Esta población […]

Las proyecciones demográficas son decisivas para la producción agroalimentaria global. El cálculo de Naciones Unidas es el siguiente: la población mundial ascendió a 7.350 millones de personas en 2015, y 60% del total vive en Asía. China e India representan sumadas 37% de la población del planeta (19 % y 18%, respectivamente).

 

Esta población aumentaría 16% en los próximos 15 años y 32% en las siguientes 2 décadas. Así, en 2050, alcanzaría a 9.700 millones de personas, y habría 1.200 millones de bocas más que alimentar en 2030, que serían 2.400 millones en 2050.

 

Lo previsible es que la demanda mundial de agroalimentos se duplique en 20 años.

 

La tasa de crecimiento poblacional es muy reducida. Aumentaría solo 1% anual en los próximos 10 años. Para entonces, 83% de la población mundial habitaría en el mundo emergente y en desarrollo.

 

En China, la tasa de crecimiento poblacional es inferior al promedio mundial (0,3% por año), por debajo de Estados Unidos (0,7% anual) e India (1,1%).

 

Africa es el continente de mayor crecimiento demográfico, y su población se duplicaría en los próximos 35 años.

 

Tenía 1.186 millones de habitantes en 2015, y serían 2.478 millones en 2050 (un crecimiento del 108%).

 

India (1.200 millones de habitantes) superaría a China en 2022, y tendría entonces 1.400 millones, convirtiéndose en el país más poblado del planeta.

 

La duplicación de la población africana en 2050 es un dato estratégico esencial para la producción agroalimentaria, porque allí se concentra la crisis de seguridad alimentaria del siglo XXI, especialmente entre los 37 “estados fallidos” del continente.

 

La regla en la relación crecimiento económico/demanda agroalimentaria mundial es que a medida que los ingresos de los consumidores aumentan, la proporción que destinan a la alimentación se reducen, y se tornan más selectivos en la calidad de los productos, hasta llegar a las marcas internacionales.

 

Esta regla se ha agudizado con el crecimiento extraordinario de la clase media en los países emergentes, ante todo en China, en donde asciende a 530 millones de personas, que serían 1.000 millones en 2030.

 

El gigante asiático experimenta un gigantesco proceso de transición dietaria, con el vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas.

 

Por eso importa cada vez más granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz), que alcanzaron a 120 millones de toneladas en 2015 y treparían a 200 millones de toneladas por año a partir de 2025.

 

La tendencia a la selectividad en el consumo de alimentos implica que la producción agroalimentaria tiende a “descomoditizarse” por necesidad y a perder su carácter indiferenciado.

 

La preocupación de los consumidores se centra cada vez más en la calidad de los productos, la seguridad sanitaria y el contenido nutricional, sobre lo referido a sus consecuencias en materia de salud.

 

De ahí que el mercado mundial de agroalimentos adquiera necesariamente los estándares sanitarios, tecnológicos y nutricionales más avanzados, con una sofisticación creciente en gustos y preferencias.

 

Este es el cuadro básico que se proyecta para la producción agroalimentaria mundial en los próximos 35 años.

Fuente:

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