13 de noviembre de 2016 02:33 AM
Imprimir

Aeroaplicadores en un debate de alto vuelo

La Cámara de Aeroaplicadores de Santa Fe apuesta a la profesionalización y el cumplimiento de las normas para una mayor eficiencia y un mejor cuidado del medio ambiente. Se hace necesario incluirlos en el debate.

Hay un viejo dicho que reza que per se ninguna tecnología es buena ni mala, ya que todo depende el uso que se haga de ella.

En la agricultura moderna, los agroquímicos plantean un debate necesario, que permita mantener abastecido el crecimiento de las demandas productivistas, conservando a su vez el medio ambiente y las comunidades rurales. Sin embargo, el equilibrio sufre los embates de un lado como de otro, mayormente motivado por el desconocimiento, los prejuicios o los intereses creados.

En reiteradas ocasiones hemos manifestado la necesidad de mostrar el trabajo realizado por los aplicadores aéreos en la agricultura nacional. Actualmente, el negocio lo gestionan pequeñas empresas, en su gran mayoría familiares, distribuidas estratégicamente en las distintas áreas productivas del país. “Se utilizan aviones específicos, diseñados para ayudar a los agricultores en la producción segura, económicamente accesible y abundante de alimentos, fibras y biocombustibles”, afirma Sandro Peisino, piloto aeroaplicador con más de veinte años de experiencia.

El uso del avión agrícola ayuda a cuidar el ambiente, pues las aplicaciones aéreas requieren menos agua; no pisan el cultivo; mejoran el rendimiento de la producción de granos con menos insumos; no diseminan enfermedades a los lotes linderos; no producen compactación y evitan labores posteriores que consumen combustible. Además, se prestan para múltiples usos accesorios, como la forestal o la siembra de peces, por ejemplo.

Claramente no se trata una cuestión de distancias sino de conocimientos, de capacidad, de control y de responsabilidad. “Haciendo todo bien y con conocimiento, con cinco metros alcanza perfectamente para no generar ningún daño. Si el viento se aleja no hay ninguna forma de que las gotas lleguen al pueblo”, sostiene Ramiro Cid, del Instituto de Ingeniería Rural de INTA.

Por eso, ante la presión de una opinión pública que necesita saber la verdad, el debate debe enriquecerse con honestidad intelectual, y la altura suficiente para acercarse al equilibrio.

Fuente:

Publicidad