22 de noviembre de 2016 18:23 PM
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INTA trabaja junto a varias empresas en la creación de alimentos que pueden mejorar la salud humana

Según una nota publicada por la Revista de Investigaciones Agropecuarias (RIA) del Instituto Nacional Tecnológico de Argentina (INTA), los productos naturales y funcionales proporcionan beneficios para la salud más allá de la nutrición básica y pueden mejorar una o varias funciones en el organismo. Esa funcionalidad se consigue mediante diferentes estrategias: maximizar la presencia de […]

Según una nota publicada por la Revista de Investigaciones Agropecuarias (RIA) del Instituto Nacional Tecnológico de Argentina (INTA), los productos naturales y funcionales proporcionan beneficios para la salud más allá de la nutrición básica y pueden mejorar una o varias funciones en el organismo. Esa funcionalidad se consigue mediante diferentes estrategias: maximizar la presencia de un compuesto funcional en el alimento; la incorporación externa de un componente bioactivo; el incremento de la biodisponibilidad del compuesto de interés, entre otros. Son productos que se consumen como parte de una dieta normal y ayudan a reducir el riesgo de enfermedades mediante una alimentación sana y equilibrada.
Entre los productos que pueden considerarse como funcionales, por contener uno u otros componentes, se encuentran los lácteos enriquecidos con vitaminas, minerales, fitoesteroles u omega-3, y con probióticos –microorganismos vivos que, al ser ingeridos en cantidades suficientes, ejercen un efecto positivo en la flora intestinal–.
“El desarrollo de productos funcionales es aún un área de vacancia para las pequeñas y medianas empresas locales, ahí es donde el rol de instituciones de ciencia y tecnología, como el INTA, es importante”, explicó Claudia González, coordinadora del Programa Nacional de Agroindustria y Agregado de Valor del INTA.
En ese sentido, a través de sus programas de investigación, el INTA trabaja articuladamente con universidades y empresas para el desarrollo de los alimentos funcionales, algunos ya transferidos a nivel de la industria y otros en una etapa próxima de transferencia.
El área de Bioquímica y Nutrición (ByN) del Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) –Centro de Investigación de Agroindustria del INTA– desarrolla diversas líneas de investigación dirigidas al mejoramiento de la calidad de los alimentos. Para Sergio Vaudagna, director del ITA, un ejemplo es “el estudio de los compuestos bioactivos de interés nutricional para el desarrollo de alimentos funcionales”.
Así, por ejemplo, como resultado de la articulación público-privada entre el INTA y la empresa cordobesa PyME Lácteos Capilla del Señor S. A., se desarrolló el primer queso enriquecido con fitoesteroles y antioxidantes naturales de Argentina. De acuerdo con Sergio Rizzo, investigador del área de ByN del ITA, “este proyecto, ideado por Adriana Descalzo y liderado desde el instituto, desarrolló la tecnología que incorpora los fitoesteroles y antioxidantes naturales al proceso de elaboración de un queso por salut light”.
A su vez, en otro proyecto científicos del INTA obtuvieron, a partir de la modificación en la dieta de las gallinas ponedoras, huevos con cinco veces más omega-3 (n-3), ácidos grasos poliinsaturados que son beneficiosos para los seres humanos: permiten reducir los riesgos vinculados a enfermedades cardiovasculares, arteriosclerosis, artritis y otras enfermedades autoinmunes.
Y en otra iniciativa, a partir de la alimentación estratégica de la vaca lechera, tecnología generada por investigadores del INTA Balcarce –Buenos Aires–, se desarrolló la primera leche funcional –reducida en grasas saturadas con incremento del ácido linoleico conjugado (CLA)– que incorpora propiedades benéficas para la salud.
Comercializada por la empresa láctea santafesina Verónica, mediante un convenio de vinculación tecnológica con el INTA, se encuentra disponible en el mercado desde mayo de 2015 en la presentación larga vida (UAT). Única en Latinoamérica, los beneficios de esta leche parten de la alimentación natural estratégica del animal y no por el agregado de compuestos durante el proceso industrial. “La ventaja es que la vaca produce una leche natural y más saludable, sin necesidad de recurrir al agregado de aditivos exógenos”, expresó a Clarín Gerardo Gagliostro, especialista del INTA Balcarce y líder de la investigación. La competitividad de la industria de los alimentos funcionales depende, en gran medida, de su capacidad de innovar para acceder a un mercado local que se estructura en nichos y se encuentra en formación.
Para ello, la generación de conocimiento y el acceso a la tecnología es fundamental. Por eso, instituciones públicas de ciencia y tecnología, como el INTA y las universidades, son importantes para acompañar este tipo de procesos, particularmente a las PyMES, que agregan valor a producciones primarias.
Según los investigadores, los desafíos a futuro se relacionan con la organización de los aspectos legislativos, a escala local e internacional, y con la posibilidad de producirlos localmente y a gran escala.

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