26 de noviembre de 2016 11:29 AM
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En el agro no hay tiempo para quedarse quieto

Un exportador de granos con varios años de experiencia en recorrer despachos oficiales decía esta semana algo aliviado: “Hasta hace un año nos teníamos que sentar en una mesa para pelear por obtener la mayor cantidad de cupo, ahora debemos competir en el mercado con la mejor estrategia comercial”. A modo de balance del año, […]

Un exportador de granos con varios años de experiencia en recorrer despachos oficiales decía esta semana algo aliviado: “Hasta hace un año nos teníamos que sentar en una mesa para pelear por obtener la mayor cantidad de cupo, ahora debemos competir en el mercado con la mejor estrategia comercial”. A modo de balance del año, ése era el mejor resumen que podía hacer del cambio de escenario en su negocio. “Por supuesto, seguimos teniendo problemas, pero el panorama es otro”, reconocía.

Ese cambio de contexto, a partir de la eliminación de los cupos a la exportación y la reducción a cero de las retenciones al trigo, al maíz y al girasol, renovó el interés por el agro argentino en el exterior. Varios acontecimientos sucedidos en los últimos días lo confirman:

El grupo Vicentín firmó un convenio con el conglomerado japonés Mitsui para exportar 400.000 toneladas de harina de soja anuales hasta 2019, según se anunció esta semana durante la visita a la Argentina del primer ministro de Japón, Shinzo Abe.

Los Grobo aumentaron su capital en 100 millones de dólares al ceder el 75% de sus acciones al fondo de inversión Victoria Capital, que a su vez congrega otros grupos inversores. La intención del conglomerado nacido en Carlos Casares es duplicar su tamaño en cuatro años.

Adecoagro recibió un préstamo por 50 millones de dólares de la Corporación Financiera Internacional (CFI), brazo financiero del Banco Mundial, para invertir en la producción de arroz y leche, con la incorporación de energías renovables.

Acaso por su escala y mayor respaldo financiero, los grandes grupos acceden primero al capital externo. A medida que se vayan removiendo los obstáculos que afectan a la economía argentina como la presión impositiva o el retraso en la infraestructura, las oportunidades de inversión deberían ampliarse.

Ese interés externo podría ser tomado como un llamado de atención para acelerar la solución de los problemas que la agenda del campo arrastra desde hace tiempo. Uno de ellos es la ley de semillas. Aunque en las últimas semanas comenzó el debate público en la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados prácticamente se perdió 2016 para contar con una norma que permita resolver el modo en el que se reconocerá el desarrollo y la propiedad intelectual en semillas. “Tememos que la discusión se diluya el año que viene por la agenda política”, decía un representante de la industria. Esa suerte de resignación que dejaba traslucir el ejecutivo muestra también a un sector privado con falta de músculos en el ejercicio de negociación con el sector público. Tantos años de puertas cerradas y gritos destemplados han dejado su huella.

Algunos creen que hay que poner las cosas en movimiento y no esperar las soluciones mágicas. En la reunión de delegados de la Sociedad Rural Argentina (SRA), que se realizó la semana pasada en Córdoba, se presentó un informe sobre los mercados abiertos que hoy tiene la Argentina y los productos que podrían exportarse. Con datos de la Cancillería y del Ministerio de Agroindustria se identificaron 12 mercados con 40 productos que tienen posibilidades de crecer. Desde Rusia y la Unión Europea hasta China, India y Vietnam, entre otros, hay buenas perspectivas para el aceite de soja, la harina y pellets de soja, carne bovina deshuesada, congelada; ciruelas secas; peras, manzanas, porotos, yerba mate, maníes, maíz, limones, mandarinas, vinos, semillas de girasol y preparados para los animales. No es sencillo, por supuesto, muchos de esos mercados mantienen preferencias arancelarias con países que en los últimos años no perdieron el tiempo en cerrar su economía y firmaron tratados de libre comercio.

El agro tiene hoy un sustrato sólido para crecer con productores y empresas que apuestan por la innovación y el cambio. Lo demostraron esta semana otros hechos. Los premios a la Excelencia Agropecuaria LA NACION-Banco Galicia y los premios de la Fundación ArgenINTA pusieron el foco en el espíritu emprendedor y superador del campo. También se pudo comprobar en la reunión de los presidentes de los grupos CREA que se celebró en Parque Norte en la que se revisaron los conceptos que dejó el congreso de la entidad que se realizó en septiembre pasado. Entre otras cosas, los CREA tienen la intención de mantener el CREALab, el espacio para emprendedores del campo que abrió la entidad. Esas y otras iniciativas muestran que la agroindustria está lista para dar un nuevo salto de calidad.

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