4 de diciembre de 2016 00:04 AM
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ANTIFÚNGICOS VEGETALES “Flor de remedio”

En la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza, el investigador Marcos Derita evalúa extractos de plantas con potencial para combatir hongos que causan grandes pérdidas de frutas en poscosecha. Los primeros resultados alientan buenas perspectivas para frutillas, duraznos y cítricos.

Las Naciones Unidas han advertido sobre la importancia de disminuir el nivel de pérdidas y desperdicios de alimentos para avanzar en la lucha contra el hambre. Según la FAO (Oficina para la Agricultura y la Alimentación de la ONU) cada año un tercio de la comida que produce el mundo -1.300 millones de toneladas- se estropea antes de ser consumida por las personas.

Además de privar de ese recurso a quienes lo necesitan, esto implica “una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados en la producción de esos alimentos”. Entre las causas principales, se mencionan las fallas en las etapas de suministro que, por ejemplo, facilitan el accionar de hongos que aceleran la descomposición de los productos frescos. Para contrarrestarlo, la cadena comercial alimenticia utiliza productos de síntesis química para darles mayor durabilidad, por ejemplo a las frutas, ocasionando a su vez otros incovenientes: desarrollo de cepas resistentes; contaminación por moléculas no biodegradables; y barreras comerciales por presencia de residuos tóxicos.

A partir de este diagnóstico, el Dr. en química Marcos Derita, investigador del Conicet y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, estudia las propiedades de 21 plantas autóctonas para combatir de modo natural a los hongos que afectan las principales frutas de la región, como frutillas, duraznos y cítricos. Se trata de encontrar principios activos -desde extractos vegetales hasta aceites esenciales- capaces de actuar como antifúngicos. El trabajo es incipiente, pero ya cuenta con resultados que alientan esperanzas de éxito. Por ejemplo el extracto de lisianthus, una flor ornamental, logró controlar in vitro el hongo Monilinia fructícola que causa la pudrición parda en frutas de carozo. Y también hay avances con un aceite esencial en tratamientos de poscosecha sobre frutillas que demuestran disminuir la acción de hongos Botrytis cinerea y Rhizopus stolonifer, causantes del moho gris y la pudrición blanda, respectivamente.

Derita explicó a Campolitoral que las investigaciones tienen un año y que el plazo para tener un producto probado para uso comercial podría tardar entre 5 y 6 más. En ese lapso, deberá “estandarizar” el principio activo (garantizar, en el proceso de elaboración, que siempre tendrá la misma concentración), evaluar métodos de aplicación para evitar efectos tóxicos y testear las posibles alteraciones organolépticas (olor, sabor) que las esencias puedan provocar en la fruta. En principio se trata de productos para poscosecha, aunque no descartan que puedan usarse también de modo preventivo en las plantaciones.

Flor de remedio

En el laboratorio. El ambiente natural de trabajo del investigador.

Alternativa natural

El investigador relató que realizó su tesis doctoral sobre los compuestos antifúngicos en extractos vegetales de treinta plantas para combatir hongos que afectan a las personas. Y que para su proyecto en Conicet decidió aprovechar la información recolectada y sustituyó a los humanos por las frutas, tomando las principales producciones desde San Pedro, en BuenosAires, hasta el Litoral, como frutillas, naranjas, duraznos y frutos de carozo en general.

El proceso implicó, primero, la exploración de bibliografía disponible; luego seleccionó las plantas de interés; y por último estudió las propiedades de los compuestos, seleccionando los “más activos” (aquellos que con menor cantidad de principio activo se logra una buena inhibición de los hongos).

Lo impulsó observar las pérdidas de alimentos que se producen en poscosecha. Expuso el tema en el reciente 39º Congreso Argentino de Horticultura que se realizó en la ciudad de Santa Fe, donde afirmó que en los países desarrollados se pierde entre el 5 y el 25% de las frutas por infecciones fúngicas en poscosecha, nivel que se eleva hasta 20-50% en los países en desarrollo.

También lo motivó el uso de químicos (imidazoles y conazoles) para contrarrestar a los hongos, “que si bien son efectivos, cada vez obligan a aumentar las dosis (por el desarrollo de resistencias) y generan contaminación”. También mencionó productos de síntesis químicas con cloro, fluor o azufre, que no son degradables y se mantienen en la cadena trófica (se transmiten a quienes ingieren los alimentos tratados). De ahí que los mercados pidan “cada vez más control sobre los residuos de estos productos”, advirtió Derita.

En este sentido, contar con una alternativa natural podría ser una muy buena opción. “El reino vegetal ofrece un montón de moléculas inexploradas y que son mucho más complejas; por algo hay plantas que nunca se las ve enfermas, eso quiere decir que tienen moléculas que las defienden de las agresiones”, indicó.

Por cuestiones de metodología científica el investigador prefirió no detallar las plantas que estudia, pero sí precisó que son 21 especies de las que extrajo 62 muestras en total, contando extractos vegetales, extractos procesados químicamente, extractos liofilizados y aceites esenciales. También delimitó los “enemigos” a combatir a cuatro tipos de hongos: Penicillium, causante del moho verde y del moho azul en cítricos; Monilinia fructicola, que produce la pudrición parda de los frutos de carozo y “es la enfermedad más difícil en Sudamérica”; el Rhizopus stolonifer que provoca la podredumbre blanda; y Botrytis cinerea, agente de la podredumbre gris.

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En cualquier frutera. Mohos verde y azul en cítricos por Penicillium; y pudrición parda en un durazno por Monilinia fructícola.

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Cuestión filosófica

“El 80% de los extractos fue activo al menos sobre un patógeno”, indicó Derita. Hasta el momento, las pruebas se realizaron mayoritariamente in vitro sobre hongos aislados y reproducidos en laboratorio. El paso siguiente, que ya comenzó a dar junto a su equipo -la farmacéutica Melina Di Liberto y la agrónoma Norma Álvarez- es evaluar los extractos en fruta cosechada. Las primeras pruebas se hicieron sobre frutilla y fueron exitosas. En el verano lo harán sobre duraznos del campo experimental de la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza.

Derita supone que obtendrá buenos resultados, porque en la fruta los extractos siempre funcionan mejor que en el laboratorio con el hongo aislado. “Un extracto como el de lisianthus posee entre 500 y mil moléculas, es muy complejo, con una variabilidad química importante. Pero no nos interesa aislar el principio activo, ya que puede ser que actúen en conjunto, pero sí es interesante saber qué tipo de moléculas hay”, detalló.

También se busca determinar el nivel de actividad del extracto, entendido como la dosis mínima para provocar la inhibición del hongo. En este sentido, Derita apuntó a los aceites esenciales como los más prometedores.

De todas formas la competencia con los productos de síntesis química que hoy se usan no será fácil, ya que tienen un principio activo definido mientras el investigador por el momento trabaja con compuestos que tienen infinidad de moléculas “que habrá que ajustar a una concentración mayor, siempre evaluando la toxicidad, porque el hecho de que no sea químico no implica que sea inocuo”. Además los químicos corren con la ventaja de ser fáciles de aplicar, efectivos y baratos.

Sin embargo Derita se plantea un objetivo menos masivo: “esto tiene una cuestión también filosófica; hay pequeños productores que podrían utilizar soluciones naturales, por ejemplo a través de intermediarios como emprendimientos de vinculación científica con la Facultad”.

En los próximos 5 o 6 años, las tareas serán “poner bien a punto” el o los extractos. Esto es “estandarizarlos”, porque las plantas generan moléculas de manera variable, “por ejemplo no generan los mismo en verano que en invierno”. Luego, evaluar la manera de aplicar el producto y si altera las propiedades organolépticas, para finalmente hacer un análisis de costos del producto terminado.

Una cuestión política

Marcos Derita explicó que llegó a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, hace un año, como resultado de la política de radicación de investigadores de la casa de altos estudios.

El equipo de trabajo se completa con la becaria del Conicet Melina Di Liberto (farmacéutica) y la becaria de UNL Norma Álvarez (agrónoma). Y sólo en los trabajos con lisianthus, junto a las docentes de floricultura de la FCA Paola Gabriel y Marcela Buyatti.

El financiamiento para el estudio “Biocontrol de hongos fitopatógenos en el estadío postcosecha de productos frutihortícolas de importancia económica para la región del Litoral, utilizando extractos o compuestos vegetales bioactivos” lo otorgó Conicet por un monto de $ 450.000 para los años 2015-2017.

En tanto, el proyecto “Aplicación de extractos de plantas para el control de patógenos fúngicos que afectan en la poscosecha de frutas con importancia económica regional” recibió $ 370.000 para el período 2015-2018 por parte de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT).

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También para tratar el cáncer

La planta vinca, cuyo nombre científico es Catharanthus roseus, produce dos tipos de compuestos muy valorados en la industria farmacéutica por sus propiedades para tratar algunos tipos de cáncer. Sin embargo, los genera en muy baja cantidad, por lo cual investigadores de la FCA estudian la mejor manera de incrementarlos.

Se trata de dos alcaloides que se usan en quimioterapia para tratar cáncer de mama, vejiga y testicular, entre otros, por lo cual cultivar la planta es de gran relevancia. “Gracias a una vinculación con una empresa, ingenieros agrónomos y fitoquímicos trabajan para mejorar el cultivo. Estamos evaluando cuáles son las mejores condiciones de estrés en el cultivo, necesarias para producir más alcaloides”, relató Marcos Derita.

La vinca produce los alcaloides vincristina y vinblastina, que se conocen desde hace mucho tiempo. “Desde los 70 y 80 se sabe muy bien qué dosis se deben aplicar para combatir el cáncer por medio de quimioterapias, son compuestos bien estandarizados y evaluados. Por eso, a pesar de que con el tiempo se conocen productos nuevos para el cáncer, es importante saber cómo mejorar el cultivo de la planta”, indicó el investigador.

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Claro efecto. Arriba, frutillas inoculadas con patógenos, a continuación tratadas con producto comercial; y debajo tratadas con aceite esencial.

Fuente:

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