7 de diciembre de 2016 10:16 AM
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“Locos por el campo”, el desembarco de Monsanto en la TV Pública

CompartiremailFacebookTwitterDesde hace unas semanas, los domingos a las 14 hs se emite una nueva edición del programa “Locos por el campo”, por la TV Pública. Monsanto, la empresa que controla alrededor de 90% del mercado mundial de semillas transgénicas, lo promocionó a través de su cuenta oficial de Twitter y aparece como una de sus […]

Desde hace unas semanas, los domingos a las 14 hs se emite una nueva edición del programa “Locos por el campo”, por la TV Pública. Monsanto, la empresa que controla alrededor de 90% del mercado mundial de semillas transgénicas, lo promocionó a través de su cuenta oficial de Twitter y aparece como una de sus auspiciantes.

No es la primera vez que Monsanto patrocina y es sponsor de un programa televisivo. Pero en esta oportunidad, la novedad radica en que se trata de la grilla de la TV Pública. Y que es, justamente, un programa sobre producción agropecuaria, actividad por la cual la empresa está acusada en todo el mundo por prácticas antiéticas y contaminantes.

La emisión es producida por Nicolás Borenstein y conducida por Fernando Entín, presentado como “galerista de arte y palermitano” y sobre todo, un “bicho de ciudad” que nos invita a descubrir “quienes son los locos por el campo”.

locos-campo¿Pero cuál es ese campo que nos invita de conocer? A juzgar por las imágenes que presentan, se trata de un espacio apacible y armonioso, donde lo que abundan son grandes extensiones de monocultivo de soja, ese que ocupa del 50% de las tierras cultivadas de nuestro país; con productores que conducen los últimos modelos de las camionetas Toyota, otro de los auspiciantes del programa; y trabajadores rurales sin conflictos laborales.

Nada se muestra de ese otro campo: el de los pueblos y escuelas fumigadas; el de los casos como el del pequeño de cuatro años Nicolás Arévalo, fallecido en 2011 luego de haberse intoxicado con endosulfán mientras jugaba a las puertas de su casa; el de los campesinos desalojados de sus tierras y que resisten el paso de las topadoras; el de los trabajadores rurales que viven en situaciones de cuasi esclavitud como los de la empresa Nidera.

Un Monsanto no tan santo

Monsanto Chemical Works nació en St. Louis en el año 1901, fabricando productos para la industria alimenticia y farmacéutica. El primer producto de la compañía fue la sacarina. Luego vino el policloruro de bifenilo (PCB), aceite químico aislante para transformadores eléctricos que fue su producto estrella por más de 50 años, hasta que demostró ser altamente contaminante. Años más tarde, fue el turno del “agente naranja”, utilizado durante la guerra de Vietman para destruir la selva y los cultivos, privando a los vietnamitas de alimento y de vegetación donde esconderse.

En los años 80, la empresa estableció como foco de su investigación estratégica a la biotecnología; y en 1996 se autorizó, de manera casi paralela en EE.UU. y en Argentina, la soja RR (resistente al round up), propiedad de Monsanto. Esta soja contiene un gen de una bacteria, lo que la hace resistente al glifosato. El año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incorporó a ese agrotóxico en la lista 2A, de principios activos que “se clasifican como probables carcinógenos para los seres humanos”.

En 2005 adquirió Seminis, Inc., líder mundial en la industria de las semillas vegetales y frutales. Con esta compra, Monsanto pasó a ser la mayor empresa global de venta de semillas en general, a la vez que controla el 90% del mercado de semillas transgénicas, que sólo promueven una agricultura industrial de insumo-dependencia. Finalmente, este año se concretó la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer por 66 millones de dólares.

Pero Monsanto ha sido y sigue siendo una de las empresas con más controversias a nivel mundial debido al peligro real y potencial de sus productos sobre la salud humana, animales, plantas y sobre el medio ambiente en general.

Varias de ellas fueron sintetizadas este año en el “Tribunal Internacional Monsanto”, una iniciativa inédita en la que participaron más de mil organizaciones en la localidad de La Haya, Países Bajos. Allí, víctimas, ambientalistas, médicos y técnicos de todo el mundo brindaron su testimonio para reunir pruebas sanitarias y jurídicas con el fin de incorporar la figura de “ecocidio” (crímenes contra la naturaleza) a los delitos juzgados por Corte Penal Internacional de La Haya.

En Argentina la empresa ha tenido algunos reveses. Primero, perdió en 2010 un juicio internacional contra el Estado Argentino por el intento de cobrar regalías a la soja en los puertos de exportación. Luego, la empresa fue denunciada en 2014 por algunas entidades agropecuarias ante la comisión antimonopolio por los contratos bilaterales que obliga a firmar a los productores por la Soja Intacta. Pero definitivamente, lo decisivo el hecho de no poder instalar en la localidad de Malvinas Argentinas, Córdoba, una planta de maíz transgénico, debido a la resistencia sostenida de la población. A esto, hay que sumarle que aún no logró que se modificara la Ley de Semillas, con la que busca poder cobrar regalías extendidas por las semillas.

Por todo esto, no es de extrañar que se trate de una nueva estrategia de legitimación de la multinacional del agronegocio, ante los efectos nocivos cada vez más evidentes. Estrategia que está llevando de manera conjunta con el macrismo, quién le abrió la puerta para su desembarco en la TV Pública.

Tamara Perelmuter – @tamiperelmuter

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