23 de abril de 2010 12:46 PM
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La "arveja peluda"

Irónicamente para la Argentina de hoy, a la soja se le atribuye origen en el centro y norte de China. Ya para el año 3000 a.C. esta población asiática la consideraba como una de las cinco semillas sagradas.

Después de la guerra con los japoneses (1894-95), los nipones comenzaron a importar tortas para utilizarlas como fertilizante mientras que, bastante antes, en 1740, se llevaron las primeras semillas a Europa y se implantaron en el Botánico de París. Unos años después, en 1765, arribaron a EE.UU. (Georgia) vía Londres.

En la India se la promociona a partir de 1935, pero a Sudamérica llegó mucho antes: en la Argentina las primeras plantaciones fueron en 1862, mientras que en Brasil se introdujo en 1882, aunque la producción comercial comenzó recién a partir de 1940.

La soja, hoy por hoy la principal actividad económica del país y fuente de los mayores ingresos individuales por exportación, tuvo, sin embargo, un comienzo poco alentador, ya que los agricultores locales de finales del siglo XIX le prestaron muy poca atención.

En 1925, el ministro de Agricultura Tomás Le Breton importó nuevas semillas de Europa de «arveja peluda», como se la conocía entonces, pero tampoco tuvo demasiado éxito.

Es recién a mediados de los 50 cuando se vuelve a importar semilla en mayor cantidad y se impulsa otra vez el cultivo, lo que comenzó a dar sus frutos. En 1962 se hace la primera exportación de 6.000 toneladas de soja hacia Alemania, y a partir de allí prácticamente no paró de crecer.

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