24 de abril de 2010 07:55 AM
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Una mirada al futuro de la ganadería

La situación actual de la ganadería debe contemplarse con una mirada que abarque el total del país y las diferentes situaciones que originaron los dos aspectos desencadenantes de la misma: por un lado la desaparición de más de 13 millones de las mejores hectáreas ganaderas, que se destinaron a la agricultura, concentrando una gran cantidad de hacienda en áreas de mayor vulnerabilidad y, por el otro, una sequía continua y persistente, que azotó a extensas zonas del país, desde 2007.

Estos aspectos tuvieron como consecuencia la reducción del stock ganadero, por venta o mortandad de un alto número de cabezas y, en especial, de vacas que constituían el rodeo de vientres. En algunas zonas, como en sudoeste bonaerense, el noreste de Río Negro, el norte de Santa Fe, la  provincia de La Pampa y el oeste chaqueño la disminución fue dramática. Esta liquidación tuvo como correlato una de las exportaciones más importantes de los últimos años, en la que se comercializó una elevada proporción de animales, que no hubieran podido seguir en condiciones productivas o hubieran desaparecido. En algunos establecimientos, sin embargo, ya sea por condiciones particulares de los mismos, como por su mayor nivel tecnológico, disponibilidad de reservas en cantidad y calidad suficiente o manejo de una carga animal más conservadora, los efectos fueron menos notables y se han visto beneficiados mediante la recuperación posterior de los precios. Dentro de este marco, las autoridades responsables del sector, con una mirada federal y teniendo en cuenta las actuales circunstancias de precios favorables para la hacienda -óptima relación carne/maíz y abundancia de pasto-, tomaron importantes decisiones, tales como la suspensión de los subsidios a los feedlots, y el aumento a 300 kg/cabeza del peso mínimo de faena. Estas medidas favorecieron la recuperación de los precios para el sector ganadero y, si bien pueden provocar una merma circunstancial de la oferta de animales para faena en el corto plazo, debe tenerse en cuenta que favorecen una mayor oferta futura, con más kilos de carne por cabeza y, por lo tanto, mayor valor agregado por animal. De no haberse tomado estas medidas, se hubiera continuado sacrificando terneros y terneras de escaso kilaje. Este hecho se hubiera transformado en una escasez estructural. Esto es política de Estado; previsibilidad de futuro. Actualmente el desafío para nuestro país es el aumento de la productividad de los rodeos, y es esta una responsabilidad que debe ser compartida entre el Estado y el productor ganadero. Hoy existen las tecnologías apropiadas y están las condiciones de precios y valores relativos para iniciar un nuevo modelo de producción de carne animal, que supere la tradicional baja productividad de la mayoría de las explotaciones ganaderas. El mismo ingenio y espíritu con el que se desarrolló la agricultura, debe campear ahora en los productores ganaderos ya que el Estado acompañará el proceso de recuperación y previsibilidad de la ganadería. El Ministerio de Agricultura ha elaborado un Plan Federal de Ganados y Carnes que ha sido favorablemente recibido por los ministros provinciales habida cuenta su carácter federal, con la participación activa de los municipios de las zonas ganaderas. Las provincias desarrollarán a su medida los planes pertinentes que serán financiados por la Nación, abarcando no sólo la ganadería bovina sino las actividades porcina, aviar y ovina. Esto permitirá la ampliación y diversificación de la oferta de carnes para consumo y beneficiará a otras producciones regionales que en su mayor parte están en manos de pequeños y medianos productores. Por Lorenzo Basso
El autor es secretario de Agricultura y ex decano de la Facultad de Agronomía de la UBA

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