28 de abril de 2010 23:01 PM
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En busca de las nuevas clases medias

La producción total de leche de todas las especies en el mundo ronda los 684.000 millones de litros, que abastecen a una población de 6.700 millones de personas.

Esto arroja una producción promedio de más de 100 litros por persona, cuyo consumo tiene enormes variaciones según niveles de ingreso, hábitos, tradiciones culturales, entre las distintas regiones. El comercio de productos lácteos representa apenas 7% de la producción total y, a su vez, equivale a 8% del comercio de alimentos en general. La producción siguió creciendo en estos años, a pesar del vínculo directo que existe entre el nivel de ingresos de las poblaciones -afectado por la crisis económica reciente- y los niveles de consumo. En gran parte, los cambios son producto del ingreso de los populosos países asiáticos, en primer lugar de China, a la economía global, con los correspondientes impactos en la producción, el consumo y el comercio internacional. La leche no es una excepción, a pesar de ser un producto que prácticamente no se producía ni se consumía en esas regiones. Obtener la proteína necesaria para la vida humana de la leche o de la carne de una vaca es un despilfarro energético, un lujo que esas regiones superpobladas no pudieron nunca permitirse. Las proteínas las proporcionaron siempre los vegetales, los granos y los porotos, o los pescados, y, si no, los insectos y cuanto bicho caminara o reptara o volara: perros, víboras, gorriones o, como mucho, pollos y cerdos. Con el fabuloso crecimiento económico que lograron en las últimas décadas, la globalización de los hábitos de consumo o, como también se dice, la occidentalización, esas masas humanas se están acercando a nuevas rutinas alimentarias, que incluyen productos lácteos. La pizza con muzzarella, la feta de queso en la hamburguesa, son las nuevas colonizadoras, menos violentas y agresivas que los cañones. China consume hoy 28 litros por persona por año, muy lejos todavía de los 250 litros de los países desarrollados de Occidente, pero el doble de lo que consumía hace poco más de una década. Si bien también aumentó en forma significativa su producción de leche, el consumo va más rápido. Para peor tuvieron el episodio de la contaminación con melamina el año anterior, lo que creó cierta desconfianza hacia la producción local. En estos últimos dos años China se convirtió en el país que más creció en volúmenes de lácteos importados: subió 15 lugares en el ranking y apunta a seguir en esa línea. No es sólo China: globalmente, el área Asia–Pacífico aumentará para 2012 en 41% el consumo de lácteos respecto a los volúmenes de 2008 y alcanzará a 305 millones de toneladas, según Esther Renfeld, experta inglesa de la consultora Zenith Internacional. En esa región se destacan India, Pakistán (los países que más crecen porcentualmente en consumo per cápita), Irán, Turquía, pero en todo el mundo son los países petroleros los que exhiben fuertes crecimientos en los niveles de consumo. Los precios de los lácteos y los del petróleo evolucionan en forma muy similar. Ciudades y consumo La gran transformación de los tiempos modernos, como hace ya algunas décadas lo señaló el historiador inglés Eric Hobsbawm, es la migración de los campesinos a las ciudades. Por primera vez en la historia, en este año, en todo el mundo, la población urbana supera a la rural. Y eso acarrea cambios en los hábitos de consumo: ya la familia campesina no produce su alimento; son obreros en las ciudades, que todo tienen que comprarlo y acceden a un paquete más diversificado de productos. En la medida en que prosperan, que avanzan a un nivel más alto en la escala social, los productos de consumo van variando; si bien el consumo de leche "blanca" está bastante generalizado y representa de lejos el principal producto –es consumido diariamente por 44% de la población mundial-, la mayor demanda de lácteos elaborados está relacionada con un cierto nivel de ingresos, su evolución está íntimamente ligada a la formación de la clase media en los países en desarrollo y es el único motor de crecimiento en los países ricos. El consumo de leche equivalente total en los países desarrollados es de casi 250 kg por persona por año, mientras en los países en desarrollo es de algo más de 66 kilos. En América Latina es de 107 kg, que representa 4,9% del gasto de los hogares. Globalmente, la previsión es que el consumo de lácteos aumente 2,2% anual en los próximos tres años. Variedad e innovación La moderna industria láctea lanza al mercado continuamente nuevos productos, dirigidos a públicos segmentados: gordos, flacos, jóvenes, viejos, enfermos, embarazadas, deportistas, preocupados por la estética, y cuanta diversidad humana haya en esta tierra tiene su lácteo en la góndola. Leches saborizadas, o fortificadas, con calcio para las mujeres (en prevención de la osteoporosis), con Omega 3, con vitaminas, con aloe vera (de moda en Rusia) y descremadas, yogures de infinitos gustos y colores, quesos de todo tipo, postres, helados, productos elaborados en base a suero o a caseína, productos industriales para otros usos no alimentarios. La leche es como el petróleo, ya que se pueden obtener de su industrialización cientos de productos, decía el Dr. Paul Savello, un experto estadounidense que asesoró a comienzos de la década del 2000 al entonces ministro Gonzalo González. Conceptos como la funcionalidad, la conveniencia, el carácter de producto saludable e incluso la ética en la producción, participan en la fundamentación de la demanda. La población se pone cada vez más vieja y la industria láctea debe proveer productos acordes a esa realidad. La industria del envasado, el marketing y la publicidad de estos productos se han desarrollado enormemente y potencian el crecimiento y la diversificación del mercado. El comercio internacional, no obstante, se realiza básicamente con commodities: leche en polvo entera o descremada, quesos, manteca, sueros, productos indiferenciados que luego son elaborados, o fraccionados y envasados en industrias establecidas localmente. Precios y mercados La demanda de alimentos crece, y en particular por las proteínas animales, y entre ellas los lácteos, aunque en este rubro la elasticidad a los precios que muestra la demanda es más alta que en las carnes. Un estudio de la FAO con proyecciones para los próximos 10 años estimaba que la producción y el consumo que más crecerán serán los de carne de pollo y manteca (más de 30%), seguidos de cerca por la leche en polvo entera. En cambio, será bajo el crecimiento de la leche descremada en polvo. En los últimos años los precios de los lác-teos han aumentado enormemente, aunque con alta volatilidad (ver gráfica en página 17), la que aumentó a partir de 2007, con grandes variaciones mensuales, provocadas por factores externos al sector lácteo, principalmente. También existe una alta correlación del precio de los lácteos con el del petróleo, y la cotización del tipo de cambio del euro con el dólar americano. En cambio, la variación de los stocks en los países grandes productores, como los de la UE, más que una causa de la baja de los precios parece una consecuencia: cuando bajan mucho se forman los stocks, señaló el experto argentino Alejandro Galetto. En todo caso, la actual desaparición de los stocks profundiza la volatilidad. Algunos factores –como la intervención de los gobiernos, los problemas climáticos, los cambios en la demanda– seguirán provocando variaciones en los precios, advirtió Juan Carlos Pestana, presidente de DPA (Dairy Partners of America, la principal empresa de lácteos de América Latina, fruto de una sociedad de Fonterra y Nestlé, que capta 3.000 millones de litros al año). No obstante, Pestana estimó que los fondos de inversión tienen un papel que jugar en la moderación de las variaciones de los mercados: la participación de los especuladores tenderá a atenuar los vaivenes de precios, en la medida en que existan instrumentos (como las opciones y los futuros) que funcionen fluidamente. El rubro sufre un proteccionismo agudo, con mercados totalmente cerrados, imposición de cuotas y precios tarifados, altísimos aranceles consolidados, utilización de argumentos seudosanitarios e incluso prácticas desleales de comercio, como los subsidios a las exportaciones. Con todo, los montos destinados a subsidiar el rubro por parte de los países ricos, que sumaban como U$S 50.000 millones anuales, bajaron a unos U$S 40.000 millones en este siglo, pero no hay manera de hacer la cuenta exacta. La Ronda de Doha está en el medio del debate, y se señalan los Tratados de Libre Comercio entre países y otros acuerdos menos generales como las únicas fórmulas útiles que mitigan esos extremos. Aun con todas las contras, el futuro se presenta auspicioso para el rubro, dado el previsto aumento de la demanda, particularmente de China, afirma Pestana. Para 2013 habría unos 13.000 millones de litros demandados y no producidos localmente, que deberá proporcionar el mercado internacional. La demanda china crecerá 7,9% anual, encabezando la lista de países importadores. La clave, nuevamente, está en el crecimiento de la clase media urbana de los países BRIC (Brasil, Rusia -aunque no tanto en este caso-, India y China). Pocos exportadores concentran la mayor parte del negocio: EEUU, la UE, NZ y Australia representan más de las 3/4 partes de los montos transados internacionalmente.

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