29 de abril de 2010 16:10 PM
Imprimir

Uruguay  –    Ir al grano

En una rápida decisión –y en el marco de una compleja negociación–, el presidente José Mujica resolvió abrir el mercado de pollo local (hasta ahora protegido con argumentos sanitarios) al Brasil. La medida se hará efectiva a partir del 1º de julio, según define el comunicado conjunto de ambos países. En el texto no se habla de cuotas, pero sí se establece que "el acceso al mercado uruguayo será definido teniendo en cuenta, especialmente, la minimización de los efectos económicos y sociales que pueda tener sobre ese sensible sector productivo uruguayo".

Brasil obtuvo lo que quería: que Uruguay reconozca (con el correspondiente certificado sanitario) que puede ser proveedor de carne para el mercado local. Es este reconocimiento lo importante para los norteños pues, como mercado, Uruguay es muy pequeño. Conseguido esto, se avinieron a negociar con Uruguay una cuota de exportación de 120 toneladas mensuales, lo que ha dejado tranquilos a los principales productores locales. Además, Uruguay está negociando otras condiciones. Una es que el pollo se importe entero, lo que evitaría que ingresen cortes que muchas veces se ofrecen a precios muy bajos, y, además, permitiría a los productores nacionales ser ellos mismos los que comercialicen el pollo importado. Otra condición es que los pollos que ingresen de Brasil tengan una edad máxima de 35 días, para garantizar la inmunidad materna contra Newcastle. Balanza La decisión de habilitar el ingreso de pollo de Brasil fue rápida y sin mayores consultas previas con el sector afectado. Sin embargo, no se trató de una resolución intempestiva: hace varios meses que en el gobierno (el actual y el anterior) maduró la idea de que Uruguay no estaba comportándose seriamente con el Brasil en este tema. "Es una medida que no se le hubiera ocurrido ni al más neoliberal", dijo en Cierre de Jornada (Radio Carve) el senador nacionalista Sergio Abreu. La apertura del mercado uruguayo de pollos era un asunto que el Brasil reclamó siempre, antes en forma más reservada y últimamente en forma más explicita. Quienes conocen esas negociaciones explican que para el Brasil -que se precia de ser el mayor exportador de carne aviar del mundo- era intolerable que su vecino del Sur impidiera el ingreso de su producción con argumentos sanitarios. De tal forma que -como lo había hecho en otros momentos- interpuso trabas a la importación de productos uruguayos, como la carne y los lácteos (concretamente, suspendió la emisión de licencias automáticas). El asunto se tornaba más grave aún ante la creciente importancia que Brasil está adquiriendo como destino exportador. Con este panorama, el presidente Mujica puso en un plato de la balanza huevos y pollos, y en el otro exportar a Brasil con tranquilidad. Pesó más este plato y las exportaciones de carne y lácteos están volviendo a la normalidad, mientras los productores de pollo sienten que han sido moneda de cambio. Impacto en el sector avícola La decisión de abrir el mercado interno de pollos (explícitamente a Brasil, pero implícitamente esto habilita a casi todo el resto de los exportadores) marca un antes y un después para el sector avícola uruguayo. Vinculada hasta ahora al protegido mercado interno, la actividad avícola dependía de dos factores clave: la evolución del poder adquisitivo interno y la relación de precios con las otras carnes. Lo sucedido en los últimos años ilustra muy bien esta dinámica. En efecto, el consumo (y, por tanto, la producción) de carne de pollo se asocia en forma bastante clara al ciclo de la propia economía y del poder adquisitivo del mercado doméstico. En la Gráfica 1 se observa cómo crece la producción en los años de bonanza del ciclo 1995-99, para caer con la crisis posterior. Nuevamente aumenta la producción cuando crece la economía, llegando a un pico en 2008 (también fue un récord de consumo, con más de 21 kg/hab/año). Al mismo tiempo juega el otro factor mencionado: las carnes sustitutas. En el referido año 2008 se vivía un momento de auge exportador, con ventas al exterior de carne vacuna a precio récord. Esto hizo que el precio local también subiera y se le abriera a la carne de ave la oportunidad de posicionarse mejor, con un precio relativamente menor. La evolución del precio de la carne vacuna –principal carne consumida en Uruguay- es un referente clave y condiciona directamente al sector avícola. En 2009 sucedió lo inverso: al bajar el precio de la carne vacuna (y con un consumo de la población más cauteloso, por efecto de la crisis global), el consumo de pollo se retrajo y la producción cayó. La tendencia parece seguir en estos meses, con una oferta importante de carnes bovinas (particularmente de la categoría "vaca") a precios económicos, que hacen del pollo una alternativa menos atractiva. Más aún si el propio precio del pollo tiene ajustes al alza. En cualquier caso, cuanto mejor le vaya a la carne vacuna en la exportación, más oportunidades tiene la carne de ave en el mercado local. De hecho, a pesar de los vaivenes, la producción de carne de pollo se ubica en niveles cercanos a los máximos históricos. Tomada la decisión de abrir el mercado local de pollos, el ministro Tabaré Aguerre señaló que la cadena avícola deberá apuntar a una competitividad genuina, profundizando un perfil exportador. ¿Podemos exportar? En los últimos dos años Uruguay registró un aumento interesante en la exportación de carne de ave, liderada por la firma Tres Arroyos (de origen argentino), que trabaja en las instalaciones de la ex Moro, en Melilla (ver Gráfica 2). Esa exportación representó cerca de 8% de la producción total. Si bien estuvo concentrada en una sola empresa, los datos muestran que Uruguay puede avanzar en términos de ventas al exterior en este rubro. Sin embargo, no es un negocio fácil: problemas de colocación y la competencia de otros proveedores dificultaron los negocios en los últimos meses, y parte de la producción prevista para exportar se volcó al mercado interno. Esto hizo caer los precios y el resto de las empresas ajustó la producción a la baja. El caso es ilustrativo de la dinámica del sector hasta ahora: el mercado interno protegido manda y las posibles iniciativas exportadoras son difíciles de consolidar. Al momento de exportar, ¿es competitivo el sector avícola? Uruguay no tiene la escala de los grandes exportadores mundiales, por lo que –en este plano- corre en desventaja. Además, según nos han expresado varias veces técnicos y productores del sector, los costos de energía, mano de obra, etc., son notoriamente mayores en Uruguay que, por ejemplo, en Brasil. De todas formas, si bien el sector genera un interesante número de puestos de trabajo (las estimaciones son variadas), es claro que la competitividad de la avicultura depende en buena medida de cómo accede a su principal insumo: el alimento. El maíz al rescate Es interesante ver cómo la decisión de abrir el mercado local de pollo coincide con un cambio profundo en la producción de granos en nuestro país, incluyendo la de maíz. La producción maicera uruguaya ha sido históricamente baja y muy variable año a año, entre otras cosas porque es un grano sensible al régimen hídrico. Ante este panorama, los polleros optaron –en general– por proveerse de maíz en Argentina, pagando altos costos de importación. Argentina era un proveedor más confiable y regular (en cantidad y calidad) que la propia producción uruguaya. Si bien implica un sobrecosto, la producción avícola podía afrontarlo, entre otras cosas porque tenía la capacidad de trasladar, al menos parcialmente, ese sobrecosto al mercado interno, protegido. En este contexto, y dado que la industria avícola ha sido –históricamente– el mayor demandante de maíz a nivel local, Uruguay tuvo, casi siempre, un precio del maíz encarecido, más vinculado a la paridad de importación (maíz puesto en Montevideo) que a la de exportación. La situación comenzó a cambiar con la expansión agrícola. La mayor productividad del maíz y, en menor medida, la mayor área, han llevado la producción maicera a un récord histórico (ver Gráfica 3). ¿Qué destino tiene ese incremento en la producción? La exportación, sin duda. La eficiencia agrícola no solo aumentó en las chacras sino también en el plano comercial: la capacidad de sumar cargas de barcos de maíz en Nueva Palmira ha permitido consolidar una corriente exportadora maicera muy fuerte, que este año ya suma la impactante cifra de 250.000 toneladas. Se llega así a una situación muy paradójica: mientras para la agricultura competitiva el precio de referencia es el maíz puesto en Nueva Palmira (ubicado entre 130 y 135 U$S/ton), para la industria avícola el maíz vale entre 140 y 150 U$S/ton (importado, puesto en Montevideo). La situación expresa –claramente– un desencuentro entre la producción avícola y la agrícola. Una, pagando un maíz que podría conseguir más barato en el mercado interno, la otra vendiendo el grano al exterior a un precio menor al que –eventualmente– podría colocarlo en el mercado local. ¿Por qué? Costos de transacción A los productores avícolas siempre les resultó mejor comprar en Argentina, porque es un proveedor confiable, en cantidad y calidad. El grano viene directo a Montevideo, donde se encuentran las principales plantas. Por supuesto que hacen compras al productor local, en particular en años de cosecha abundante, a precio atractivo y en zafra. Sin embargo, siempre fue difícil armar un mercado fluido y transparente. Para el agricultor, también resultaba un mercado difícil: vender en zafra, directo desde la chacra, implicaba un castigo casi seguro al precio. Retener el grano era una opción razonable, sobre todo en zafras de baja producción, pero eso tiene costos de almacenaje, de entrada-salida y financieros. Además, la industria avícola ha tenido problemas serios que han erosionado su confiabilidad. Si bien hay muchos industriales que cumplen, siempre, con sus compromisos comerciales, hubo problemas serios y el "Caso Moro" fue un ejemplo mayor. De hecho, la comercialización de maíz se ha orientado a vínculos directos entre actores que se conocen y generan confianza, pero no han permitido la formación de un mercado abierto y eficiente. En síntesis, la diferencia entre el precio en Montevideo y el precio en Nueva Palmira no refleja otra cosa que el costo de transacción, que parece demasiado alto. Este costo podría bajar, en la medida en que se avance en consolidar un mercado interno fluido para la comercialización de maíz y que se sostenga la producción en los buenos niveles del último año. Pero no será fácil: la agricultura exportadora no es un éxito solo por los altos precios internacionales, sino también porque ofrece un sistema de comercialización eficiente y confiable para el productor de grano. Además, exportar por Nueva Palmira es muy atractivo para los productores de maíz del Litoral, pues los fletes son bajos. Además, allí están los mejores suelos y la combinación de alta productividad con fletes cortos es potente. ¿Será que los avicultores deberían irse a producir al Litoral? Tal vez. También puede suceder que algunos agricultores comiencen a invertir en la industria avícola. En la medida en que la producción maicera local se consolide, la producción uruguaya de pollo tiene una oportunidad para competir con el pollo brasileño. Esto recién empieza.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *