30 de abril de 2010 15:43 PM
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Inmunización de rodeos

A los animales se los puede proteger de los agentes infecciosos de dos formas: exponiéndolos a antígenos derivados de un agente infeccioso para estimular una reacción inmunitaria protectora (inmunidad activa), o bien, mediante anticuerpos calostrales vacunando a las madres antes del inicio de la parición (inmunidad pasiva). Ambos procedimientos son formas de inmunización.

Cuando se utilizan vacunas para controlar cierta enfermedad en toda una población animal, en lugar de animales aislados, debe tenerse en cuenta el concepto de inmunidad de rodeo.

Existen dos métodos para lograr la inmunización de un animal contra una enfermedad infecciosa: mediante inmunidad pasiva se logra una protección casi inmediata pero temporal, pero como los anticuerpos se van catabolizando en forma gradual, la protección se desvanece y ese animal vuelve a ser susceptible a la infección.

El otro método, inmunidad activa, presenta mayores ventajas. Consiste en administrar antígenos a un animal, para inducir una respuesta inmune protectora. La revacunación producirá una respuesta inmune secundaria. La protección, en este caso, no se logra de inmediato, sino entre los 10 y 15 días posteriores a la revacunación. Una vez establecida, la protección es de larga duración y admite reestimulaciones (booster).

VACUNAS ATENUADAS E INACTIVADAS

Las vacunas pueden ser atenuadas donde los gérmenes se encuentran vivos, provocando dos tipos de inmunidad: celular y humoral. El segundo tipo de vacunas son las inactivadas que sólo provocan inmunidad humoral.

Las vacunas inactivadas tienen las siguientes fortalezas: no producen infecciones, tanto corporales como fetales; no contienen contaminantes; permiten la inmunización de animales estresados o hembras gestantes.

A su vez, tienen las siguientes debilidades: respuesta inmune de corta duración (6 a 12 meses); necesidad de revacunación periódica. Las vacunas inactivadas (antígenos muertos) son en nuestro país las de uso más frecuente en bovinos (sólo las vacunas contra la brucelosis y el carbunclo son atenuadas); la seguridad en el uso y estabilidad en el tiempo de estas vacunas son las características salientes, siendo la necesidad de repetir la administración de vacunas a lo largo de la vida del animal su mayor limitante. Sin embargo, las condiciones de manejo de los rodeos bovinos en nuestra región diluyen esa limitante, ya que los animales se encierran periódicamente para realizar otros trabajos (desparasitar, revisaciones, palpaciones rectales, administración de suplementos minerales/vitamínicos).

CONCEPTOS BÁSICOS PARA INMUNIZACIÓN

Aunque no sea posible diseñar esquemas comunes de inmunización para todos los establecimientos ganaderos, hay algunos conceptos básicos que deben tenerse en cuenta para lograr la protección de los animales. Cuando se inicia un plan de inmunización o cuando reciben la primera vacuna, los animales deben vacunarse con 2 dosis de vacuna con un intervalo entre dosis de 20 y 30 días. Se deben realizar refuerzos con 1 dosis de vacuna cada 6 meses. Cuando existan antecedentes de enfermedades en los terneros menores de 3 meses de edad, se debe inmunizar a las madres antes del parto con la vacuna que da protección contra la enfermedad que afecta a los terneros; se recomienda inmunizar activamente a los terneros a partir de los 3 meses de vida. Si en el establecimiento existen antecedentes de presentación estacional de algún síndrome, se deberá aplicar la vacuna destinada a prevenirlo 30 días antes del momento habitual de presentación clínica de ese síndrome.

ANTES DE VACUNAR

Revisar que las instalaciones estén en buen estado (bebederos, corrales, embudo, manga, yugo).

Revisar las heladeras de telgopor que se llevarán a la manga.

Disponer de 3 sachets refrigerantes cada 500 dosis de vacuna a usar.

Controlar la existencia ganadera.
Controlar la fecha de vencimiento de las vacunas.
Calcular un 5% más de dosis que la cantidad de animales a vacunar (por ruptura de agujas, purga de jeringa).
Controlar las jeringas: usar preferentemente las automáticas, controlar arandelas, tubos, lubricarlas con silicona líquida, calibrarla con probeta, tener una jeringa de repuesto. Controlar agujas: calcular entre 1 y 2 agujas cada 100 animales, observar las puntas mochas, utilizar: 12 x 18 para subcutáneo y 20 x 20 para intramuscular.

DURANTE LA VACUNACIÓN

No trabajar el ganado en horas de intenso calor.

Permita descansar al rodeo durante por lo menos 3 horas antes de comenzar a vacunar.

No utilice perros en los corrales.

Asegure una buena disponibilidad de agua para los animales.

Mantener en la sombra la heladera con vacunas.

Disponer en la manga un frasco con desinfectante para las agujas. Desinfectar la aguja luego de vacunar cada “mangada”.

Agite el frasco antes de cada carga de la jeringa.

Reintroduzca el frasco en la heladera inmediatamente después de cada carga.

Extraiga el aire del interior de la jeringa, pues en caso de tener aire, la dosis inoculada fluirá hacia afuera de la piel del animal a través del orificio provocado por la aguja.

DESPUÉS DE LA VACUNACIÓN

Lleve la vacuna que sobró inmediatamente a la heladera o cámara más cercana.

Haga un recuento de la hacienda cotejándola con el número de dosis utilizadas.

Lleve el rodeo “despacio” hasta el lote.

Elimine (a fuego o enterrarlos) los frascos vacíos o empezados.

Haga un informe de vacunación: fecha, vacuna, cantidad de animales, lote asignado.

Recorra y observe el rodeo en los 3 días después de vacunar.

Anote en el calendario la fecha en que aplicará la segunda dosis o la dosis de refuerzo. Idealmente deberá ser de 14 a 30 días después de la primera dosis.
Controle el stock de vacunas para reponer.

La vacuna no cura, previene; la vacuna no actúa sola, necesita un organismo sano; los antibióticos y antiparasitarios actúan solos.

Dr. Antonio Rodríguez Sánchez

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