3 de mayo de 2010 14:06 PM
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El futuro del negocio lechero

Los commodities lácteos comenzaron a repuntar en agosto del año pasado y ya alcanzan cotizaciones muy interesantes. Juan Linari aseguró que hace falta confianza y políticas estables para poder aprovechar las nuevas oportunidades.

Sumergidos en la rutina diaria del tambo, los productores de la cuenca lechera santafesina no siempre tienen la posibilidad de mirar con “faros largos” las perspectivas globales de este negocio. Lo más relevante es que la coyuntura internacional vuelve a soplar a favor, sobre todo impulsada por la demanda de los países asiáticos, pero la lechería argentina arrastra varios problemas.Hace diez años que la producción nacional de leche está estancada en los 10.000 millones de litros. En este etapa, la tasa de crecimiento de la lechería brasileña y uruguaya supera con margen a la argentina. Además, una por una, las industrias lácteas líderes -SanCor, La Serenísima y ahora Milkaut- han cerrados sus balances con los números en rojo y con serios problemas financieros. Pero en esta cadena productiva, el problema más grave es que todos desconfían.”La dificultad más importante es la falta de reglas de juego estables, el factor incertidumbre condiciona el interés para crecer, invertir y seguir adelante”, planteó Juan Linari, que fue coordinador del Programa Nacional de Política Lechera y ahora asesora a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). El especialista disertó en la Vidriera Genética 2010, que se realizó el sábado pasado en la Sociedad Rural de Las Colonias.En Esperanza, Campolitoral confirmó que los tamberos sienten un escenario incierto. “Hay precio y tenemos reservas forrajeras, pero no hay certezas sobre lo que puede pasar”, confesó el productor Marcelo Dándolo, mientras miraba las vaquillonas holando que trajeron a los corrales de la vidriera genética. A su lado, Roberto Strasser formuló la pregunta que está en la cabeza de todos los tamberos: “¿Se viene una nueva intervención?”.En la conferencia, Linari no esquivó el tema. Contó que en los últimos meses se caracterizaron por la baja regulación del Estado. “Los ROE están fluyendo, los derechos de exportación están en cero, pero queda la incertidumbre”, reconoció. El 2007 y el 2008 fueron los años de mayor intensidad en las intervenciones del gobierno, a partir de que la leche es un producto de fuerte peso simbólico en la canasta alimentaria.Es imposible adelantar las decisiones que puede tomar el gobierno en los próximos meses. “Pero es clave reconstruir la confianza entre los integrantes de esta cadena”, dijo Linari. El Plan Estratégico Lechero (PEL 2020) parece una herramienta adecuada para conseguir este objetivo. El PEL propone organizar el sector lechero para que dentro de diez años se puedan producir 18.000 millones de litros de leche anuales. Es una meta importante porque la Argentina hace una década que prácticamente no logra superar la barrera de los 10.000 millones de litros por año.Perfil exportadorEn la conferencia, Linari repasó las cifras y la historia reciente de la lechería argentina. En los 80′, los tambos producían 5.000 millones de litros de leche, en un modelo regulado y orientado al mercado interno. En los noventa se produce una fuerte expansión del sector.La desregulación y el Mercosur son dos factores que impulsan la demanda. “Brasil era una aspiradora que se llevaba el 70% de lo que exportaba Argentina”, contó el especialista. En esta etapa, que fue interrumpida por la crisis 1999-2003 (el contexto en el que se cerraron más tambos), la lechería argentina desarrolla un perfil exportador.En los 80′, las ventas globales no llegaban al 1% de la producción. En 1999 alcanzaron el 17,6%, y seis años más tarde (2006) llegaban al 28 por ciento (ver infografía). “Argentina pasó de ser sólo un vendedor de excedentes a transformarse en un país estructuralmente exportador de lácteos, y es una situación que vino para quedarse”, opinó Linari. Ahora, es el quinto vendedor mundial de lácteos, detrás de Nueva Zelanda, la Unión Europea, Australia y Estados Unidos.En la actualidad, en el mercado interno se consume el 80% de la leche que se ordeña en los tambos (8.000 millones de litros) y el 20% restante se exporta a 121 destinos. En la Argentina, el consumo de leche promedio por habitante es de los más altos del mundo. Oscila alrededor de los 200 litros por habitante, es el doble que la media mundial y bastante más que Brasil (140 litros por habitante).Esta breve radiografía alcanza para comprender las metas que propone el PEL. Con 18.000 millones de litros de leche habría margen para aumentar la exportación (al 50% de lo que se produce) y también podría crecer un 10% el consumo interno.La demanda asiáticaEl mercado internacional es cada vez más atractivo porque el crecimiento de China, India y otros países del sudeste asiático “revalorizó” la cotización de los commodities agrícolas, históricamente “achatados” por las economías desarrolladas. “Con sus políticas económicas (subsidios, aranceles, etc.) los países centrales derrumbaban el precio de la leche”, recordó Linari.¿Qué puede pasar en el mediano plazo? No es fácil hacer pronósticos, es que en los últimos dos años la cotización de los commodities lácteos fue muy volátil. En octubre del 2007, la tonelada de leche en polvo llegó a superar los 5.000 dólares. Un año y pico más tarde, en el pozo más hondo de la crisis global se caía a menos de 2.000 dólares por tonelada. “Muchos pensaron que se iba a quedar por ahí, pero a partir de agosto del 2009, la curva repuntó y en abril trepó hasta los 3.900 U$S/ton.”, precisó Linari.La demanda asiática (y de otras economías emergentes) parece ser una tendencia que llegó para quedarse (ver infografía “Los nuevos clientes”). En el estudio, “El auge de la demanda mundial de alimentos 2005-2020, una oportunidad sin precedentes para la Argentina”, Juan Llach y María Marcela Harriague estiman que los países en desarrollo son “los nuevos clientes” que se van a quedar con el 88,5% del aumento en el consumo de leche (el 98,3% de la carne y el 88,9% del trigo). Por ejemplo, en diez años los chinos pasaron de “tomar” 7 litros de leche anuales por habitante a consumir entre 25 y 30.En la carrera por abastecer esta demanda, la Argentina viene un poco retrasada. En los últimos diez años, las tasas de crecimiento de la lechería de Brasil y Uruguay superaron al promedio argentino (1% anual, contra 5,6 de Brasil y 2,2 de Uruguay). El caso de Brasil, es el más llamativo. Mientras aquí se estancaba la producción en la barrera de los 10.000 millones de litros, los tamberos brasileños casi duplicaron su producción anual de 17.400 millones (1999) a 28.800 millones de litros de leche (2008).”En el 2004, Brasil dejó de ser deficitario en su balanza de lácteos”, recordó Linari. En cambio, los tambos argentinos atravesaban su peor crisis. Un año antes (2003), se registraba el récord de cierre de tambos. Se fueron del negocio el 10% de las explotaciones lecheras primarias.El desafío es salir del estancamiento. Al final de la charla de Esperanza, Linari les dijo a los tamberos que hay condiciones productivas y de mercado para llegar a los 12.000 millones de litros de leche para el 2015. “Es difícil, pero con estabilidad y entusiasmo podría ser una meta alcanzable”, aseguró, y dejó la sensación de que “hay equipo” para ir por mucho más. 
  Cambio de paradigma. Juan Linari planteó que la Argentina ya es un país “estructuralmente exportador” de lácteos.Foto: Federico Aguer La viabilidad económica y productiva de los tambos de pequeña escala (menos de 2.000 litros diarios) es uno de los temas que más preocupan a los analistas del sector lechero. Juan Linari explicó que la lechería mundial está atravesando un proceso de concentración. “Es una tendencia global que se ve en Canadá y la Unión Europea, en donde hay regulaciones del Estado, y también en Australia, el otro modelo”, admitió.En relación al escenario argentino, Linari está convencido de que “las malas políticas” profundizaron esta situación. “Creo que en los últimos años, se ha expulsado gente que tenía la voluntad y las ganas para seguir en la actividad”, afirmó, en un mano a mano con Campolitoral.El problema es que en los escenarios recesivos los tambos pequeños tienen menos herramientas para aguantar el viento en contra. Linari cree que en la Argentina hay condiciones productivas para que puedan convivir los establecimientos de todas las escalas, siempre que alcancen niveles de eficiencia mínimos.La otra clave es el modelo cooperativo. “Soy muy partidario de las formas asociativas para los pequeños productores. La mayor escala contribuye a bajar los costos fijos y a incrementar la competitividad”, señaló. En Pehuajo (Buenos Aires), un grupo de tamberos se asociaron para fabricar queso muzarela, contó Linari. De esta forma superaron las dificultades que tenían para sacar su producción. El Estado colaboró para financiar la capacitación de los productores y la adquisición del paquete tecnológico

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