3 de mayo de 2010 18:01 PM
Imprimir

El motivo de la pelea: para sojeros, el dólar vale $2,50, para los textiles es $6,80

El billete verde tiene un precio distinto según quién lo mire. Si usted es turista le rendirá distinto si viaja a Brasil o a los Estados Unidos. Al campo le rinde un valor muy debajo del de la industria protegida, o la de servicios. Varias caras de la misma moneda ¿Qué dice el índice Bic Mac?.

Que si está barato, que si está muy alto, que si está bien donde está… Volvió un clásico argentino: la polémica sobre el precio del dólar. 
¿Por qué cuesta tanto ponerse de acuerdo? ¿Cuál es el motivo de que para algunos resulte obvio que debería acelerarse la devaluación, mientras que otros afirman que si no fuera por las compras del Banco Central la cotización caería más aún?

La respuesta es que no hay un único dólar en la Argentina: en la economía conviven diferentes valores para la divisa.

Sí, es cierto que a todos les cobran $3,89 cuando van a la casa de cambio y compran un billete con la cara de George Washington.

Pero ese es el tipo de cambio nominal. Pero el que también importa es el real, que depende de otras variables, como la inflación local y la de los países con los que la Argentina tiene un intercambio comercial, tanto de bienes como de servicios.

Así, no es lo mismo el tipo de cambio para quien quiere veranear en Brasil que para quien lo desee hacer en Estados Unidos.

Del mismo modo, no vale lo mismo el billete verde para el productor sojero que paga retenciones que para el industrial textil que tiene una protección adicional contra las importaciones.

Es que muchas medidas económicas gubernamentales crean, de hecho, el efecto que tenían los viejos esquemas de tipos de cambio múltiples.

Dólar de equilibrio según el Big Mac: $4,19
En este contexto, dado que cada jugador tiene su propia idea sobre qué significa un tipo de cambio “de equilibrio”, resulta muy difícil encontrar acuerdos, hasta desde el punto de vista teórico.

Pero de lo único que no se puede dudar es de que los precios, medidos en dólares, están aumentando aceleradamente.

De esto da cuenta el célebre índice Big Mac, creado por la revista británica The Economist, que compara el precio de la hamburguesa de McDonald’s en varios países del mundo, y según cuánto se aparte del valor en Estados Unidos, determina si un país tiene una moneda correctamente valuada o no.

Tomado con ligereza en sus comienzos, ahora el índice Big Mac es seguido con mucha atención por economistas de todo el mundo, ya que cada vez que en un país la hamburguesa está cara en dólares es porque se encuentra a la puerta de problemas.

Hoy, por ejemplo, el euro tiene una sobrevaluación del 29% según este índice. Y, coincidentemente, muchos de los países de la eurozona se encuentran con serias dificultades en lo que se refiere a déficit fiscal y cuenta corriente.

Respecto de la Argentina, el Big Mac trae un novedad inquietante: por primera vez desde la devaluación de 2002, el peso argentino aparece sobrevaluado. Un informe de la Fundación Mediterránea concluyó que, para que la hamburguesa aquí tenga el mismo precio que en los EE.UU., el vaor del dólar debería subir a $4,19.

Esa cotización no está lejos de lo que se considera como “dólar histórico”. Según un informe elaborado por el economista Orlando Ferreres, la cotización promedio de los últimos 140 años, expresada en precios de hoy, sería de $4,33.

Mientras tanto, los economistas argentinos suelen decir que la paridad real con la divisa estadounidense es de 1,40. ¿A qué se refieren? A que, en comparación con los años de la convertibilidad, un dólar puede comprar en Argentina 1,4 veces lo que en aquella época podía adquirir.

Dólar ideal del turista que va a Brasil: $3,10
Tal como comentaron aquellos los que visitaron las playas cariocas el último verano, en Brasil todo estaba 25% más caro. Y eso es así, efectivamente, como consecuencia de que los dos países aplican políticas cambiarias opuestas.

Hasta el verano de 2004, los precios eran bastante parejos. En ese momento, en los dos países, regía una relación de “tres a uno” con el dólar.

Pero luego Brasil dejó apreciar su moneda y se generó así la actual brecha.

Para recuperar el poder adquisitivo que un argentino tenía en 2004 en tierras brasileñas, el dólar en la Argentina tendría que caer hasta una paridad de $3,10.

La cifra surge de considerar cómo se movieron el tipo de cambio y la inflación en ambos países. Claro que también hay otra vía para llegar a ese poder de compra: que el dólar en Argentina siga avanzando más lento que los ajustes salariales.

La buena noticia para los amantes de las playas brasileñas es que si, como todo indica, para el próximo verano el dólar estará en torno a los $4,15 en la plaza local y la inflación rondará el 25% (y su salario no se atrasa demasiado frente a la suba de precios), habrá acortado distancias. Su capacidad de compra, que hoy es 80% de la del verano 2004, pasará a ser 90%.

Dólar real de la soja: $2,50
Más acuciados que los turistas están los industriales y los productores agropecuarios. Para ellos, el nivel del dólar puede significar la diferencia entre ser rentable o sufrir serias complicaciones financieras.

Tanto a la industria como al agro les sirve un dólar más alto. Si son exportadores, porque por cada divisa reciben más pesos. Y, si producen para el mercado local, porque un billete verde caro los protege contra las importaciones, que resultan más costosas.

Sin embargo, los dos sectores no se quejan del tipo de cambio con la misma intensidad. Es que las medidas de política económica hace que para algunos “su” dólar cueste más que la cotización oficial y, para otros, bastante menos.

Este tema lo tienen muy claro los sojeros.

Por eso, Eduardo Buzzi y Hugo Biolcatti, titulares de la Federación Agraria y de la Sociedad Rural respectivamente, se quejan de que hoy los exportadores reciben, en términos reales, menos que en los años de la convertibilidad.

Es que, si se mide en pesos de aquella época, hoy los sojeros reciben $0,74.

El cálculo es el siguiente: por cada dólar que el productor exporta, el Gobierno le aplica la retención de 35%. Le quedan $2,50, y por efecto de la inflación que hubo en nueve años, con ese dinero se compra un 0,74% de los que se podía adquirir en 2001.

Para que los productores pudieran recuperar el poder adquisitivo de cada poroto de soja, la divisa estadounidense tendría que subir hasta $5,24. Con ese precio, una vez aplicada la retención le quedaría al productor $3,40, que es el nivel de dólar necesario para comprar lo mismo que en los ’90.

Sin embargo, esta es una parte de la verdad. La otra viene dada por el precio de la tonelada de soja, que hoy se cotiza al doble que en 2001.

Dólar real de la industria protegida: $6,80
El caso opuesto al de los productores sojeros es el de algunos sectores industriales, para quienes “su dólar” está bastante por encima de los $3,89 que se ve en las casas de cambio.

Ocurre que si una empresa compite contra un producto importado, entonces cualquier deterioro en el tipo de cambio real implica que su competidor se vuelve más barato y entonces “muerde” su market share.

Es el caso típico de la industria textil y de indumentaria, muy sensible a la competencia de países de costos bajos, como China.

Como los precios aumentan más rápido que el dólar, desde el año pasado los productos importados se abarataron 9%. Lo lógico en ese contexto es que los importados ganen participación, y sólo un dólar de $4,38 podría evitarlo.

Sin embargo, los industriales textiles esperan que ocurra absolutamente lo contrario. El presidente de la Cámara Argentina de Indumentaria de Bebes y Niños, Víctor Hugo Benyakar, afirma que las importaciones se desplomarán un 50% este año, tras haber bajado un 18% en 2009.

Así, estima el industrial, se revertirá lo ocurrido entre 2006 y 2008, cuando la importación tuvo un explosivo crecimiento de 158%.

¿Cómo es posible esta situación si el tipo de cambio real es cada vez más bajo? La respuesta está en las medidas restrictivas del comercio, que tienen el efecto de un dólar más alto, pero sólo para ese sector.

Benyakar dice que las ventas argentinas subirán 30%, al tiempo que las importaciones bajarán de cuatro a dos millones de prendas.

“Con el apoyo de las licencias no automáticas se logró frenar la importación que entraba a precios de platos de arroz”, afirmó Benyakar.

Entonces, si se cumple la previsión, las importaciones volverán a su volumen de 2006, cuando la cotización era $3,06. Ese dólar, a precios de hoy (es decir, si hubiese evolucionado como la inflación) costaría $6,80.

Dólar ideal del sector exportador de servicios: $5,56
Un sector que vivió un crecimiento explosivo durante esta década fue el de la exportación de servicios. El caso típico fue el de los call centers, que se transformó en el líder de la región y ganó mercados de exportación.

Sus ingresos están dolarizados pero el costo salarial no sigue a la devaluación sino que se acerca a la inflación. Por lo que, cuando las dos variables se bifurcan, su esquema de costos empieza a sentir presión.

“Ninguna compañía puede plantarse ante empresas como Microsoft o American Express y renegociar un aumento del contrato del 23% simplemente con el argumento de que en la Argentina todos los años se ajustan los salarios”, afirma Mario Miccelli, vocero de la Agrupación de Centros de Atención al Cliente.

Los directivos del sector vivieron su mejor momento en 2007, cuando cumplieron su objetivo de transformar a la Argentina en líder regional en la exportación de servicios.

Para recuperar el sitial de líder (hoy está por retroceder al tercer puesto) se debería volver a la paridad cambiaria de 2007.

En ese año, la cotización promedio fue $3,13. Y, a precios de hoy, se correspondería con un dólar de $5,56.

Querer no es poder
Claro que una cosa es desear un determinado nivel para la moneda y otra es que eso sea posible.

Un dólar más bajo que el actual, en términos nominales, es impensable. Lo que sí es factible es que se siga agrandando la paridad entre una cotización que avanza a paso lento (los economistas prevén 8% en el año) y unos precios que subirán alrededor de 25%.

Esto es lo que preocupa a gran parte de los empresarios, que sienten cómo sus márgenes se reducen cada vez más y su competitividad internacional entra en zona de riesgo.

Para ellos, al contrario de lo que le ocurre al turista nostálgico del “uno a uno”, lo ideal sería que la cotización subiera.

Pero la gracia está en que se incremente la divisa sin que lo haga el resto de los precios. Algo que muchos consideran imposible.

Un informe de la consultora Economía & Regiones, que dirige Rogelio Frigerio, considera que cualquier intento por acelerar la tasa de devaluación generaría también una suba rápida en los precios, con lo cual se anularía el efecto buscado.

En este sentido, califica los pedidos de suba drástica del dólar como una política de “pan para hoy y hambre para mañana”.

Calcula, por ejemplo, que si se quisiera recuperar el nivel de competitividad que la economía tenía a fines de 2007, el billete verde tendría que subir hasta $4,63. Pero aclara que si eso efectivamente se hiciera, entonces los precios subirían con tal velocidad que para diciembre próximo ya se habría eliminado toda la competitividad ganada.

El panorama, entonces, parece claro. De la mano de una devaluación a cuentagotas, los precios (y los salarios), medidos en dólares, se seguirán encareciendo, para agrado de los turistas argentinos y para preocupación de los industriales.

Salvo, claro, que ocurra una crisis política que genere pánico.

En ese caso, la investigación de Ferreres señala que en los momentos de desconfianza el dólar se sitúa en un nivel que, a precios de hoy, sería $6,21.

De hecho, la última gran crisis, en 2002, llevó el tipo de cambio hasta el equivalente de $7 de hoy.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *