23 de noviembre de 2009 10:23 AM
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España  –   Las bases de la protesta del campo

¿Qué es lo que ha provocado una protesta muy general del mundo agrario español? No es cosa derivada de un problema inmediato, sino que procede de algo muy hondo y que se veía venir de atrás. Y, ¿debe dejar de considerarse porque en España según ...

¿Qué es lo que ha provocado una protesta muy general del mundo agrario español? No es cosa derivada de un problema inmediato, sino que procede de algo muy hondo y que se veía venir de atrás. Y, ¿debe dejar de considerarse porque en España según el INE, en porcentaje del valor añadido bruto a precios básicos, la agricultura suponía, en 2004, un 3,6%; en 2002, ya sólo un 2,6%; en el periodo ya disponible estadísticamente de 2009 (los dos primeros trimestres), supone un 2,7%? En cuanto a los ocupados en el sector agrario respecto al total de ocupados, en 2004, era del 5,1%; en 2008, del 4,0%. Pues todo lo contrario, porque esta realidad señala que algo importante sucede en nuestro agro y conviene que no creamos que eso importa poco para nuestro equilibrio económico. Este, se encuentra seriamente amenazado como consecuencia de un déficit colosal que perturba mucho, del modo que ya había señalado Mundell, nuestra permanencia en la Eurozona: el déficit del sector exterior.Dentro de este último, decisivo es el déficit comercial que subió de 39.839 millones de euros en el 2003 y, a pesar de la crisis, a 87.660 en 2008. Pues bien; una ayuda procede del sector rural, como se muestra en el trabajo de la Subdirección General de Comercio Exterior de Productos Agroalimentarios, «La balanza comercial agroalimentaria en 2008».Este alivio fue sistemático. Concretamente, en 2003 este saldo fue superavitario en 2.491 millones de euros, y en 2008, el superávit fue de 766 millones. La cobertura de las exportaciones respecto a las importaciones en este sector fue de un 113,14% en 2003 y de 102,86% en 2008 y siempre superior a 100 en los años intermedios.Los agricultores sí reaccionaron ante los cambios sucedidos. En primer lugar, el descenso en la población ocupada se tiene que sustituir por unas explotaciones que acentúen las economías de escala. Las pequeñas fincas carecen de sentido las más de las veces. Como se ve en el documento «2009: un nuevo censo agrario», publicado en «Cifras INE», septiembre 2009, el Censo Torras de 1962 registraba «algo más de 3 millones de explotaciones agrarias y una superficie total de 44,6 millones de hectáreas». El de 1999 (último hasta ahora) muestra de qué modo de unas 15 hectáreas por explotación en 1962 se pasa a 25 hectáreas, de forma que en el periodo se observa «cómo las explotaciones agrícolas se van haciendo más grandes y las pequeñas van desapareciendo». En las ganaderas, cumpliendo la profecía de Flores de Lemus, formulada en su famoso ensayo aparecido en 1926, «Sobre una dirección fundamental de la producción rural española», se contempla cómo también se incrementa el número de cabezas por explotación, pero de acuerdo con el denominado «efecto Barón», porque Enrique Barón lo formuló en su obra «El final del campesinado» (Zero, 1971), el crecimiento mayor se produce en aquella ganadería capaz de capitalizarse con más fuerza. Esto lo contemplamos con la fuerte subida de las cabezas del ganado porcino, que se multiplicó por más de cuatro entre 1962 y 1999, situándose ese año por encima del ovino.El ingreso en el mundo comunitario de España, con el apoyo de la PAC, facilidades financieras y aumento del PIB por habitante, parecieron consolidar una importante situación comparativa respecto a Europa. Según la citada publicación del INE, en 2007 España ocupaba «la primera posición en la Unión Europea (UE) por superficie de viñedo y la segunda en cultivos herbáceos», aparte de que España sea el país de mayor superficie (un 33%) de la dedicada a frutales en la UE. Teníamos además, la segunda ganadería de cerda, tras la alemana, y la segunda ovina, tras la británica.Todo eso, basado, además, en una fuerte capitalización que sustituyó la mano de obra escasa y una facilidad empresarial ligada a mejores posibilidades crediticias, cruje en estos momentos. Existe una especie de dato síntesis, que es la evolución del empleo. Como señala en el artículo «Varapalo al empleo agrario en el tercer trimestre de 2009», aparecido en «Agro Negocios», 5 noviembre 2009, sus datos tienen «mucho que ver, como denuncian las organizaciones agrarias, (con) la crisis de rentabilidad y de los precios en origen de buena parte de los productos agrarios (el descenso es espectacular), menores cosechas y el traslado de mano de obra de otros sectores en crisis (construcción e industria) al campo, como sector refugio». Y las informaciones de que esta crisis avanza son continuas. La PAC está en revisión muy profunda, y la nueva va a ser planteada de otro modo, como en parte se adivina de la simple lectura del suplemento de «Vida Rural», 15 septiembre 2009, «La condicionalidad de las ayudas de la PAC», que debe ponerse en relación con el artículo de E. González Sánchez et al., «Agricultura de conservación y su papel en la economía sostenible», en «Agricultura», octubre 2009, con plena conciencia de que eso puede repercutir, vía empleo de maquinaria y aumento de un consumo energético basado en parte notable en combustibles fósiles, en la cuestión planteada por «Lexington», en el artículo «Farmers v. greens» en «The Economist» de 14 de noviembre de 2009. La presión de Estados Unidos, del grupo de Cairns y, en general, de muchos países en la Organización Mundial de Comercio y la necesidad de reducir el gasto público, también actúan.La única salida es la que ofrece Jaime Lamo de Espinosa, al indicar en su trabajo «El Día Mundial de la Alimentación», en «Vida Rural», 1 noviembre 2009: «Hay que reclamar (hoy más que nunca) más recursos en I+D+i», lo que debe unirse, prosigue, a un cambio sustancial de la «PAC para que sirva a la nueva agricultura y las nuevas necesidades… españolas». Es preciso, pues, una alteración profunda de nuestra política agraria, porque desde un punto de vista económico no es posible prescindir del saldo neto exportador que ofrece, y desde el nacional, no es imaginable una España desierta en buena parte de su territorio.

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