26 de agosto de 2017 23:04 PM
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Avances y retrocesos en la agenda agroindustrial

SE VOLVERÍA A EXPORTAR ACEITE DE SOJA A CHINA Cancillería expresó su preocupación respecto a la decisión del Gobierno norteamericano de incrementar los aranceles para el biodiésel local. Los productores porcinos siguen en pie de guerra.

Esta fue una semana convulsionada para la agroindustria argentina, mientras todavía sonaban los ecos de los productores porcinos contra el ingreso de carne desde Estados Unidos, se conoció la decisión de este país de incrementar -fuerte- los aranceles para la importación de biodiésel. Y el sector crujió porque se cerraba un negocio de u$s1.200 millones anuales.

A partir de ahí los vaivenes políticos y empresarios fueron muchos y de los más variados. Mientras algunos especulaban que la decisión del Gobierno de Estados Unidos de subir fue, nada más ni nada menos, que una represalia porque el Gobierno argentino no acompañó la idea de intervenir en el conflicto venezolano; muchos otros señalaban que en realidad la cuestión pasó más que nada porque -más allá del fallo de la OMC- en realidad producir biodiésel en la Argentina es sensiblemente más barato que en suelo norteamericano y ahí, una vez más, todos miraron nuevamente a las retenciones a la soja y sus subproductos.

Lo cierto es que más allá de los motivos de la decisión de Estados Unidos, quedó en evidencia que la relación bilateral -en materia agroindustrial- no es tan fluida como parecía, porque las autoridades nacionales se enteraron la mala nueva casi al mismo tiempo que los empresarios argentinos y no tuvieron ningún tipo de margen de negociación.

Ahora intervino la Cancillería argentina que en un comunicado rechazó la decisión de EE.UU. y adelantó un poco lo que se viene: “Argentina buscará revertir esta decisión preliminar defendiendo el interés de nuestro país, evaluará todas las opciones disponibles y se reserva el derecho de llevar adelante las acciones legales pertinentes”. Así es que todo indica que sí la vía diplomática no prospera no quedará otra que recurrir a la OMC.

En cuanto a cómo sigue el negocio del biodiésel, lamentablemente las noticias no son muy alentadoras. La Unión Europea podría reabrir su mercado pero para eso faltarían varios meses, el litigio viene desde 2013 y en el mejor de los escenarios los embarques podrían viabilizarse a partir de 2018 y ante el actual panorama eso es mucho tiempo porque desde marzo no se cierran nuevos negocios.

Mientras tanto en Santa Fe, polo de la industria aceitera local, corren riesgo alrededor de 6.000 puestos de trabajo que se convirtieron en moneda de cambio de las empresas para presionar al Gobierno nacional para que encuentre -rápido- una solución.

Ayer, por su parte, el ministerio de Agroindustria de la Nación anunció -muy oportunamente- que la empresa estatal china Sinograin volverá a importar aceite de soja argentino. Si bien es una noticia muy positiva e importante, para las empresas nacionales es más bien un parche, porque vender en el exterior aceite tributa 27% de retención mientras que el biocombustible 0% y estos números no le cierran para nada a las multinacionales que hicieron fuertes inversiones justamente para aprovechar esta diferencia.

Así las cosas para el biodiésel pero la historia no termina aquí porque los cerdos también merecen su capítulo. Los productores locales siguen reclamando que no cesa de ingresar carne del exterior -principalmente de Brasil y en menor medida de Dinamarca- y ahora se suma Estados Unidos, además sigue dando vueltas la posibilidad de Canadá.

Ahora y después de tanto revuelo se especula con la posibilidad de que el Gobierno argentino imponga un arancel de alrededor del 10% para la carne porcina proveniente de Estados Unidos; de todas formas los productores argentinos continúan señalando que es ilógico que se siga entregando el mercado local a exportadores tan fuertes como los norteamericanos.

Mientras tanto la realidad indica que el consumo de carne de cerdo en la Argentina está en aumento desde hace varios años -hoy se ubica en alrededor de 17 kilos por habitante por año- y todavía puede seguir aumentando, quizás en detrimento de la carne vacuna o de pollo. Incluso los productores nacionales están realizando una fuerte campaña-con aportes propios- para promocionar el consumo que ahora habrá que diferenciar con especial cuidado en la góndola si es nacional o importado.

En un escenario ideal la población argentina -que hoy consume en promedio 120 kilos por año por habitante de proteína animal- acompaña la tendencia mundial y continúa reconvirtiendo su dieta con menos carne vacuna y/o los frigoríficos argentinos logran crecer en producción para abastecer nuevos mercados internacionales con calidad y volumen.

¿Qué destino es uno de los más codiciados para nuestra carne?. Parece que todos los destinos conducen a Roma, porque la respuesta correcta es Estados Unidos, quien justamente viene dilatando la decisión desde hace largo tiempo.

Igual no todas son malas con el gigante del norte porque según lo estipulado, a partir de 2018 comenzarán los envíos argentinos de limones. Un dato ácido para terminar este racconto semanal.

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