18 de septiembre de 2017 11:14 AM
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De la lana a la producción forestal, la evolución de un gigante global llegado en 1991

El grupo italiano Benetton desembarcó en el país con la compra de 10 estancias y experimentó un fuerte proceso de expansión de negocios.

El desembarco de la familia Benetton en la Argentina tuvo lugar en tiempos de la primera presidencia de Carlos Menem, atraídos por la decisión oficial de alentar las inversiones a través de leyes de promoción y exenciones fiscales. Para entonces, Benetton ya sumaba más de cuatro décadas marcando el pulso de la producción de ropa.

En 1991, el emporio adquirió el paquete accionario de Compañías de Tierras del Sud Argentino SA a través de su controlada Edizione Holding International, acción que le permitió hacerse con el dominio de 10 estancias que en el siglo XIX permanecieron bajo control de capitales británicos y ya en 1975 pasaron a manos de inversores argentinos.

Semejante compra, en ese momento valuada en u$s50 millones, le garantizó al grupo la explotación de alrededor de 900.000 hectáreas distribuidas mayormente entre Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén. Parte de estas superficies comprenden los territorios que la comunidad mapuche reclama como propios.

A cargo de este avance en el mercado doméstico se colocó a Carlo Benetton, el menor de los hermanos de Luciano, auténtico cerebro de un imperio que, en términos globales, vende a razón de u$s1.600 millones por año producto de una participación en negocios que van desde la indumentaria y la elaboración de sus insumos hasta la injerencia en alimentación, inmuebles, bancos e infraestructura vial.

Un cúmulo de acciones que, en concreto, han situado a la familia en el “top 5” de las más ricas del planeta vía una fortuna acumulada que supera los u$s14.000 millones.

Desde su irrupción en la Argentina, la decisión del clan fue apostar por la crianza de ganado ovino tanto para faena como para producción de lanas. En la actualidad, la firma obtiene de las tierras en el Sur casi el 15% de la lana que utiliza para su negocio de indumentaria.

En paralelo a esto, el grupo pisa fuerte en lo que hace a exportación de carne de cordero. A través del frigorífico Faimali, la empresa de origen italiano lidera la venta al exterior de ese producto y también forma parte del acotado pelotón de procesadores de carne de liebre.

El último rubro al que se sumó el grupo corresponde, precisamente, a la mencionada producción forestal. Una actividad que, producto del recrudecimiento de la oposición mapuche, en la actualidad ya se encuentra totalmente paralizada. Esto último, por efecto de una escalada de violencia que, de mantenerse, amenaza provocar el repliegue del inversor extranjero que mayor cantidad de hectáreas acumula en la Patagonia argentina

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