21 de septiembre de 2017 12:04 PM
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«La ensalada que comemos en la mesa tiene restos de agrotóxicos»

Licenciados en Gestión Ambiental analizaron la muerte de una niña por comer una mandarina fumigada. Señalaron las numerosas pruebas que existen para relacionar los daños en la salud con estos productos y cuestionaron la falta de acción estatal.

El reciente caso de una niña que falleció tras ingerir una mandarina que habría sido fumigada con un agroquímico volvió a abrir el debate sobre la nocividad para la salud, tanto ambiental como humana, y la necesidad de avanzar de forma urgente sobre la  prohibición de su uso. El licenciado  en Gestión Ambiental, Eugenio Rolón, y Eugenio Rolón hijo, realizaron un repaso por hechos similares que son sólo algunas de las pruebas que existen para determinar el daño que producen los agrotóxicos y el sistema productivo en general.

Durante la columna semanal que realizan por radio Facundo Quiroga entendieron que «esto demuestra cómo el supuesto desarrollo nos hace perder nuestra cultura, nuestras costumbres. Cómo lo eran tomar mandarinas y naranjas a la siesta en invierno para disfrutar del sol, sin embargo, este sábado una niña de Mburucuyá, Corrientes, murió a causa de consumir precisamente una mandarina que fue fumigada con un agrotóxico».
El especialista señaló que la víctima «presentaba signos de intoxicación muy severos debido justamente a este elemento tóxico, lamentablemente le dio un paro cardiorrespiratorio y murió en el traslado que se hacía al hospital».
Seguidamente Rolón aportó que «en Santos, Uruguay, productores apícolas denunciaron la mortandad de las abejas, es decir que vemos que no solamente ocurre acá, sino que es un problema a nivel continental. No sólo por el uso de los agrotóxicos, sino también por nuestro sistema productivo, que hace tiempo venimos sosteniendo que hay que cambiarlos, y es una decisión política».
hechos y pruebas
En referencia a la mortandad de abejas, el licenciado amplió la información: «Estas denuncias tuvieron lugar los primeros días de septiembre, en coincidencia con el hecho de Corrientes, y el presidente de la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola sostiene que existen quienes emplean el agrotóxico en las producciones en las producciones de cítricos», indicó. «Si bien el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca ordenó la suspensión argumentando la constatación de graves daños en la apicultura relacionados directamente con estas aplicaciones, sin embargo el funcionario explicó que no se aplicaban multas por ser un producto permitido y que sólo se restringe su uso en el período de floración, el cual habría sido el problema o la infracción en todo caso, es decir que desde el punto de vista legal del Ministerio del Uruguay es una infracción menor», indicó.
Ante esta sucesión de hechos Rolón sostuvo: «Están pasando hechos graves y recién se está estudiando y se está debatiendo si se prohíbe o no se prohíbe. Siempre se está trabajando sobre la coyuntura, ¿cuántas personas más tienen que morir para que se termine con este negocio, con este sistema productivo?», se preguntó. Además,  agregó que «recién se está estudiando una prohibición para el daño, quiere decir que no hubo un adecuado estudio previo para determinar realmente si ese producto iba a ser nocivo para salud, tanto ambiental como particularmente los seres humanos», dilucidó.
Aval estatal 
Más adelante Rolón recordó: «No tenemos que olvidar que en nuestro país han permitido y avalado este esquema de producción con  semillas modificadas genéticamente, también mencionamos las consecuencias de otros agrotóxicos en las aguas del Uruguay y también en nuestro país. Además, por parte de la Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación había reconocido que no había estudios o los que había eran deficientes ni tampoco habían establecido el vínculo para un estudio serio del uso de estos agrotóxicos. La verdad que es preocupante que sigan avalando este uso sin tener las herramientas ni siquiera para controlar o estudiarlo», dimensionó.
Seguido Rolón aportó nombre y apellido a otro caso: «Tampoco tenemos que olvidar que el niño Juan Carlos Rivero de 4 años, oriundo de Lavalle, había fallecido en el 2012, y la Cámara Criminal de Corrientes procesó a Oscar Carduzzi, imputado por homicidio culposo precisamente por el uso de los agrotóxicos», señaló la jurisprudencia. «La causa de la muerte fue un órgano perforado por una sustancia muy utilizada en las tomateras, las pericias detectaron la sustancia en hojas de tomates y en chanchos que habían fallecido, es decir que hay pruebas suficientes», aseveró el especialista. Por esto alertó: «Sin embargo acá en el Chaco, por ejemplo, algunas personas están queriendo vetar dos artículos de la Ley de Biocidas, entonces estamos ante un problema grave donde el Estado tiene que ser maduro y tomar las acciones que sean necesarias para preservar la salud de la población», instó.
Continuando con los casos testigos, señalaron que «el fallecimiento de Santiago Nicolás Arévalo por intoxicación con agrotóxicos en ese caso con Endosulfán. En este caso sucedió que en el juicio, en diciembre de 2016, el Tribunal Penal de Goya absolvió a Ricardo Nicolás Prieto que era el productor que fumigó con Endosulfán, que además fue prohibido, pero como siempre prima el negocio, porque en el sistema capitalista lo único que importa es la ganancia, dejaron que sigan vendiendo Endosulfán a pesar de que estaba prohibido, hasta terminar el stock, no importa que haga mal a la población lo importante es el negocio», concluyó el especialista. «Este, el de Arévalo, fue el primer caso en llevar a una persona a juicio, pero absolvieron al productor», añadió después.

Rolón hijo aportó: «También tenemos que recordar que la prima de este chico, Celeste Estévez, acarrea de por vida un montón de problemas por la intoxicación con este químico».

«Si el Estado no toma cartas en el asunto, cabe preguntarse qué tipo de lobby empresarial tiene»

Para dimensionar el alcance de esta situación, los especialistas  indicaron que «diversos estudios han comprobado justamente la presencia de estos agroquímicos o restos en los alimentos que llegan a la mesa en las grandes ciudades incluso. La ensalada que uno come tiene  agroquímicos directamente».
«Hay estudios hechos por universidades y particulares, como el del ingeniero Martino que había advertido de los restos de agrotóxicos en toda la cuenca del Plata, pero muchas veces las personas del Estado hacen oídos sordos a estas cuestiones», aseveró. «Ya la ONU consideró a los agrotóxicos, en particular al glifosato como cancerígeno, a pesar de esto el Senasa, organismo nacional aún lo califica con banda verde, es decir como uno de los menos nocivos», advirtieron.
«Si no toman las responsabilidades, las cartas en el asunto, cabe preguntarse qué tipo de lobby empresarial tienen», analizó consecuentemente.
«Las empresas tienen instalados sus CEOS sus técnicos representantes en nuestros organismos, supuestamente encargados del control y que por supuesto terminan avalando lo que las multinacionales deseen», aportó Rolón.
También recordaron de una de las primeras campañas «denominada La Mala Sangre, en Mar del Plata, donde se hicieron estudios paralelos en dos laboratorios, uno de la Argentina y otro de España, en los que se encontró residuos de agroquímicos en particular glifosato en las personas que viven en de las ciudades y alejadas del campo. Es decir que llega a nuestro organismo a través de las frutas y verduras que consumimos, que llegan a nuestra mesa producto de este sistema de producción», aportó.
Con respecto a las acciones que se pueden tomar ante esta situación, Rolón recordó: «Hay muchas personas y asociaciones, como Pueblos Fumigados y Ramón Carrillo, que venimos hace tiempo batallando y poniendo el tema en el tapete, para que se aplique simplemente el principio precautorio de la ley general del ambiente, donde solo ante la presunción de que pueda ocurrir algo que afecte la salud de los seres humanos es suficiente», explicó.
«Muchas veces se justifican las campañas de fumigación por las plagas, y ahí hay que pensar por qué existen las plagas, y surgen en la mayoría de los casos por la implementación del monocultivo, que destruye el resto de los elementos que componían el entorno natural y en el mismo momento se eliminan los predadores naturales», describieron.
«No nos olvidemos que hay campañas de fumigación en las ciudades, por supuesto corroboradas por la necesidad del dengue, y sin embargo no se tuvo en cuenta que el insecticida que estaban utilizando no sólo mataba a los mosquitos, sino a los reptiles, a los sapos y demás invertebrados y peces que se alimentaban de la larva del mosquito y por lo tanto se potenció el incremento de la población de mosquitos», explicaron. «Por eso hay que actuar con los estudios en la mano y no irresponsablemente con el lobby de las empresas que nos quieren vender estos químicos sintéticos», finalizaron.
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