23 de septiembre de 2017 12:47 PM
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Cuando la cría se mete en el corral

En General Villegas, la familia Echenique llevó las madres de cría al feedlot hace ocho años. Así, todo su ciclo ganadero se empieza y se termina encerrado. Intensificación y valor agregado en origen.

A los Echenique les pasó lo mismo que a muchos: hacerse cargo del campo del abuelo. Sobre la ruta 226, en el kilómetro 600, a 30 kilómetros de General Villegas y ahí nomás de Tres Algarrobos. Algo más de mil hectáreas con ganadería a campo, invernada con terneros de compra y salida de novillos gordos.

En el 2005 se hacen cargo. Por lo que estaba sucediendo en la zona, donde el maíz y la soja se abrían paso a toda velocidad, ya sabían que el campo era 80/90 por ciento agrícola. No quedaba prácticamente nada para ganadería. La alternativa fue el feedlot, que implementaron rápidamente.

“Pero nos apareció un problema –dice Manuel, ingeniero en Producción Agropecuaria y a cargo del establecimiento familiar : la provisión de terneros”, le dice a Clarín Rural. No querían asumir el precio de la reposición ni los costos de compra y transporte. “Evaluamos dos alternativas: alquilar un campo en la cuenca del Salado o hacer cría en feedlot”.

Cuando la cría se mete en el corral

Manuel Echenique, a cargo del campo familiar en Tres Algorrobos, delante de un lote de vacas de primera parición, las cuales tuvieron altos índices de preñez.

Ganó la segunda. Hoy tienen 750 vacas encerradas, con algunos piquetes de 10 hectáreas destinadas a parición. En total ocupan menos de 80 hectáreas. Hacen 1.100 de agricultura, y un feedlot de 1.200 cabezas, la mitad propios y mitad compra. Todo se maneja con cuatro empleados: dos de a caballo, uno manejando el mixer y otro en mantenimiento.

“Fuimos dejando las terneras recriándolas para madres. Ahora guardamos solamente nuestra reposición. Tenemos dos rodeos generales: uno de primavera y otro de otoño. El de otoño es fundamentalmente para las vaquillonas, que se entoran a los quince meses”.

En este momento están muy complicados por el tema del agua. Cuentan con cuatro parcelitas de 10 hectáreas de agropiro y otras de verdeos anuales. Se usan en parición de cada rodeo. Además, toda la cañada y una pequeña parte agrícola están bajo el área ganadera.

Cuando la cría se mete en el corral

Hembras de primera parición comparten con sus terneros el corral. El ciclo completo encerrado.

¿La alimentación? Es muy sencilla. Para ella, se siembran maíz y soja, una parte del cereal va a silo y resto a grano. Y traemos maíz de otros lados. La soja va a mercado, salvo una pequeña cantidad que quedaba para aportar proteína.

“Vamos aumentando y bajando la dieta de acuerdo a requerimientos. Estamos en 20 kilos de silo, 350 gramos de pellet de girasol hipro, y un suplemento mineral para vaca general. Usábamos soja partida pero aunque sea un poco más caro por logística usamos pellet de girasol”.

La dieta típica para las vacas confinadas es de 20 kilos de silo de maíz, y 0,350 kilos de pellet de girasol, más 0,05 kilos de mezcla mineral (zinc, cobre, magnesio, calcio). El costo es hoy de 10 pesos por vaca y por día. “Si le sumamos el costo de oportunidad de la superficie destinada a silo, nos vamos a $12,50”.

¿Creep feeding? (suplementación del ternero al pie de la madre): “En algún momento lo pensamos pero después de consultar asesores la conclusión es que si el ternero puede comer la misma comida de la madre, dándole espacio suficiente, se resuelve un tema logístico”.

Los resultados impresionan. Fueron mejorando por prueba y error, desde que implementaron el sistema, en 2009. En los dos últimos ejercicios alcanzaron 95% de parición y 90% de destete. Aprendieron que el momento crítico es la parición, que necesita hacerse afuera de los corrales, por sanidad. Por eso los piquetes de 10 hectáreas con mejor piso.

Destetan a los 90 días. Al principio, la idea era mejorar la preñez. Ahora saben que además de ello, los terneros desarrollan muy bien. El más grande se desteta a 120 días a más tardar desde que empieza la parición . Y continúan a corral durante la recría, y luego pasan a terminación también en feedlot. Toda la gestación es a corral.

Ahora están sacando los novillos a 390 kilos y las vaquillonas a 340. “Podríamos hacer cuota 481 pero por temas de papeleo nunca se hizo. Vendemos mucho en Liniers, con Sáenz Valiente”.

¿Y los números? ¿Por qué no alquilar un campo en la Cuenca del Salado? –quise saber.

“Cuando yo me recibí hice mi tesis sobre una comparación entre alquilar un campo en la cuenca de Salado o hacerla en nuestra zona, sin contar la inversión. En esa tesis nos daba prácticamente el mismo costo por ternero. Pero en el campo alquilado había que armar infraestructura, atenderlo, y después transportar los terneros. Ahora hacemos todo sin salir de casa, y confirmamos que los costos son los que calculamos. Y también la rentabilidad, unos 50 dólares por vaca al año. A eso hay que sumarle el beneficio de convertir los recursos agrícolas producidos en el propio establecimiento”.

La curva de aprendizaje fue vertiginosa. Para toda la familia. Su padre, contador, conduce un estudio muy reconocido en la localidad de General Villegas.

Han logrado estabilizar un sistema de ganadería de ciclo completo en un campo agrícola.

El maíz sale caminando en cuatro patas y viaja sin escalas del vientre al Mercado de Liniers. Valor agregado en origen.

 

La intensificación de la cría

Hace un mes editorializamos en Clarín Rural sobre esta cuestión de la intensificación en cría, relatando cómo en los Estados Unidos habían entrado en la variante de meter las vacas a corral en zonas tradicionalmente ganaderas como las Dakotas. Allí las nuevas variedades de ciclo corto de maíz y soja se metían inexorablemente, encareciendo las tierras.

Aquel editorial disparó el llamado de Manuel Echenique, productor de la zona de General Villegas, ansioso por contarnos que lo viene haciendo desde hace ocho años. Hay otros casos, que iremos desgranando en estas páginas, porque si bien no es una tendencia aún, es probable que vaya ganando adeptos al igual que sucede en los Estados Unidos, donde siempre se anticipa el futuro.

Cuando vamos al Farm Progress Show, lo primero y casi lo único que miramos son los equipos. No le prestamos mucha importancia a las instalaciones. Han pasado prácticamente desapercibidos los galpones parabólicos de tejido plástico, que al principio parecían destinarse a simples cobertizos para la maquinaria.

Pero el tamaño era cada vez más grande, y de pronto aparecieron instalaciones para el ganado, los típicos cercos de galvanizado, cepos mecánicos y toda la parafernalia que requiere el manejo de hacienda. Incluso, baldosones para pisos, a veces ranurados, con antideslizantes, etc.

“Esto no es para nosotros”.

Ahora sabemos que hay que mirarlos, y no solo cuando hablamos de tambo y la tendencia al confinamiento en free stall. Vienen cosas muy interesantes.

En las Dakotas, el avance agrícola fue acompañado por el desarrollo del etanol. Apareció la burlanda. Y ahora descubren que este co-producto de la fermentación del maíz para biocombustible es un excelente alimento para vacas de cría, cuyos bajos requerimientos se pueden cubrir fácilmente con una dieta basada en rastrojo de maíz y burlanda.

“Is de pen the new pasture?” (¿Es el corral la nueva pastura?), tituló desafiante hace pocos días una reconocida revista ganadera. Sabemos mucho, aquí, de pastoreo de rastrojos. Está contraindicado.

También lo está la extracción del rastrojo, que lo necesitan las bacterias del suelo. Sin embargo, hay una parte lábil de esa materia orgánica en descomposición, compuesta por marlos y chala, que es apenas el 20 por ciento del residuo. Lo que hacen los farmers es enfardar la cola de la cosechadora, sin desparramar.

Para quienes estén cerca de las plantas de etanol, que ya son varias y posiblemente se multipliquen a corto plazo, es una alternativa a considerar. Ya veremos.

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