26 de noviembre de 2009 00:53 AM
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Las nuevas claves de la marca "Nueva Zelanda"

Estuvo pocas horas en Uruguay y El País Agropecuario pudo "colarse" en su apretada agenda por algo más de 30 minutos.

Con la economía global saliendo de la crisis, Nueva Zelanda (en adelante, NZ) aprovecha las ventajas de ser un productor de alimentos de primer nivel. El Ministro de Agricultura y Forestación neozelandés, David Carter, explicó el cambio en la estrategia de su país a largo plazo, con una clara apuesta a la calidad de los productos. –La economía mundial está superando la crisis y hay una gran demanda de alimentos y commodities desde los países en desarrollo. El agronegocio neozelandés, ¿está entre los ganadores o los perdedores? –Claramente entre los ganadores. –¿Por qué? –La población del mundo está creciendo más rápido que la capacidad de aumentar la producción de alimentos. Por lo tanto todos los que estamos en la producción de alimentos tenemos un gran futuro. Pero en NZ hemos definido una estrategia de mercado: no queremos ser conocidos como el productor de menor costo. Por lo tanto planteamos un cambio de estrategia y en los fundamentos de la marca "Nueva Zelanda". –¿En qué sentido? –Diez a quince años atrás, los productores en NZ estábamos preocupados por ser competitivos por costo y por producir los alimentos en la forma más barata posible, con costos tan bajos como Argentina, Uruguay y Brasil. Pero no creo que podamos seguir con esa estrategia: ustedes van a producir más barato que nosotros. Por tanto, veo el futuro de NZ produciendo alimentos que pueden ser más caros, pero serán productos que los consumidores elijan consumir. Así, las tres cosas que son críticas para el futuro de NZ, las cosas que son claves para basar su marca, son: 1) Impacto ambiental de los sistemas de producción de alimentos en NZ. 2) Una reputación sobre bienestar animal. 3) Una reputación de producir alimentos seguros. En estas tres cosas deberá basarse NZ en el futuro y debemos mantener dicha reputación a cualquier costo. –¿Cómo impactó la crisis reciente? –Nosotros entramos en recesión antes de la crisis global. Pero, en general, hemos transcurrido estos meses razonablemente bien, porque –al igual que Uruguay– somos un país muy dependiente de la agricultura, cuya demanda se mantuvo firme, con buenos fundamentos, y los precios ya dan muestras de recuperación. Por todo esto, porque somos una economía muy desregulada y libre, y finalmente porque nuestro sistema financiero se mantuvo robusto, pudimos transcurrir la crisis sin daños mayores, como creo sucedió aquí en Uruguay. –Usted ha remarcado frecuentemente los riesgos del cambio climático para su país. ¿Por qué? –Como país altamente dependiente de la agricultura –y como el cambio climático impacta en la agricultura más que en cualquier otra industria en NZ– estamos muy expuestos, como creo también sucede en Uruguay. Si dejamos que el dramático cambio climático continúe, tendrá un impacto serio para la gente que vive en las ciudades, pero mayor aún será para la gente que trabaja la tierra. Nuestra preocupación por los efectos del cambio climático no desconoce que NZ responde por apenas 0,3% de las emisiones de gas invernadero, por lo que no hacemos ninguna diferencia, a no ser que otros países se sumen. Las reglas del Protocolo de Kyoto no son equitativas para muchas naciones. Por lo tanto, lo que debemos hacer es establecer un nuevo marco de reglas más equitativas entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo. Hasta que no hagamos eso, no lograremos que todos los países firmen y hagan cada uno su parte, y no podremos "cambiar el cambio climático". Por eso este concepto de Alianza Global que promovemos en NZ. –¿Cuáles son los principales efectos del cambio climático en su país? –Dos años atrás, la zona con mayor concentración de vacas lecheras, Waikato, tuvo la peor sequía de los últimos 100 años. El cambio climático impactará en casi toda NZ. La investigación científica sugiere que tendremos inviernos más húmedos y veranos más secos. Esto implica que debemos desarrollar el riego. En la zona de Canterbury, en la Isla Sur –de donde provengo–, también hubo serios problemas. Desde mi punto de vista, la solución pasa por crear reservorios de agua. Hay que ver que 95% del agua que corre desde las montañas termina en el mar. Por lo tanto, el desafío es "cosechar" esa agua y hacerla disponible en el verano. –La industria lechera es el principal rubro agroexportador. ¿Cuál es su situación? –Habíamos visto una gran suba de precios, que luego se revirtió abruptamente. En los últimos meses los precios están volviendo a su promedio histórico. Muchos productores lecheros estuvieron bajo extrema presión. En la lechería neozelandesa, la mayoría son establecimientos familiares que redujeron sus gastos –fertilizantes, maquinaria y otras inversiones– para superar el mal momento. Lamentablemente, no todos sobrevivieron, pero sí la enorme mayoría. La lechería de NZ se ha expandido rápidamente a través de inversiones de los productores, que fueron financiadas con préstamos bancarios contra hipotecas de campo. Muchos productores hicieron eso y –por efecto de la caída de precios– un pequeño porcentaje –5%– de los que se expandieron rápidamente con créditos están hoy con presiones financieras, pues su hipoteca no cubre la deuda. Esta situación puede durar un tiempo. –¿Cómo evolucionó el precio de la tierra? –Va con el precio de los productos lác-teos. No ha habido un gran número de ventas, pero se coincide en que el precio está 20% por debajo de su pico histórico, 12 meses atrás. La mayor parte de nuestros productores lecheros son socios de cooperativas. Fonterra, la principal, recibe el 95% de la leche que se produce en NZ y tiene 2.500 socios. Los productores son los dueños de la tierra, las máquinas o las vacas, y además tienen acciones en Fonterra, según la producción de leche que remiten. –¿Puede una Sociedad Anónima tener tierras? –No hay nada que lo impida. Había una empresa que cotizaba en Bolsa y tenía tierras, pero salió del mercado de acciones. De todas formas, la enorme mayoría de la producción se hace por productores familiares. –¿Y empresas extranjeras? –Respecto a los extranjeros tenemos ciertas reglas para su ingreso. Hay condiciones dependientes del monto de la inversión y de la cantidad de tierra en el proyecto. Son condiciones públicas, que aplica una comisión, la OIO (sigla en inglés de Oficina de Inversión Extranjera). Si no se cumplen esas condiciones de inmediato, se puede acudir a la OIO para invertir en NZ. En este sentido, pienso que son criterios parecidos a los de Uruguay. –¿Hay empresas extranjeras en el sector forestal? –Por supuesto, varias empresas extranjeras tienen tierras y bosques: americanas, asiáticas, etc. –¿Y si un uruguayo quiere comprar 30.000 hectáreas? –No hay problema, si cumple con los criterios. Estrategia comercial –¿Cuál es la estrategia de NZ en un mercado lácteo donde los subsidios aún tienen gran impacto? –Déjeme decir previamente que antes de 1984 –cuando yo era productor–, pasamos de ser una de las economías agrarias más reguladas, protegidas y subsidiadas del mundo, a una economía abierta que removió toda la asistencia y los subsidios a los productores. Fue en 1984 y allí me di cuenta de que 43% de mis ingresos eran subsidios y ayudas del gobierno. Fue una dura transición, con duras discusiones, pero hoy nadie quiere volver al pasado. Ahora somos un sector desregulado y sin subsidios. Y estoy seguro de que no va a encontrar ni un solo productor que quiera volver a la situación del pasado. Esto responde la pregunta: continuamos argumentando con pasión en todos los foros internacionales para que el mundo tenga los frutos del libre comercio, y pedimos que se detengan los apoyos a la agricultura ineficiente y antieconómica, en particular en la UE y en EEUU. Seguiremos participando activamente en la Ronda de Doha y el Grupo de Cairns. Desde nuestro punto de vista, el mercado global debe estar desregulado y sin subsidios. –Mientras el mundo decide si culmina o no la Ronda de Doha, NZ realiza acuerdos comerciales con varios países, cosa que Uruguay no puede. Además, ustedes están en una posición geográfica privilegiada, ¿no es así? –Nuestro primer deseo es que se finalice la Ronda de Doha, pero como esto demora optamos por negociar acuerdos bilaterales. Es volver a las viejas reglas bilaterales. Firmamos hace poco un acuerdo de libre comercio con China –el primero que firma ese país– y, hace pocos días, otro, con Malasia. Estamos en una posición geográfica privilegiada y tenemos un foco en Asia, pero hay mucha competencia también. Hay competencia latente de los países del Mercosur y nosotros nunca seremos lo suficientemente grandes para cubrir todo el mercado. –Eso nos lleva a sus primeras apreciaciones, acerca de no competir más por costo. –Sí. Creemos que no podemos competir por costo con países de América Latina. Por eso debemos enfocarnos en las nuevas metas de competitividad. –¿Qué importancia tiene el agro en las exportaciones? –Sesenta y siete por ciento de las exportaciones de NZ tienen origen agropecuario y uno de mis desafíos como ministro de Agricultura es recordar a la población urbana de mi país dónde está la base de nuestra economía. La agricultura es la que nos sacó de la recesión y los neozelandeses, todos, tienen que saber la importancia del sector para nuestra nación. –¿Cómo impactó la crisis global en el turismo, que también es un sector importante? –La crisis global tuvo un impacto y cayó la ocupación hotelera, pero se ha recuperado y ahora tenemos más turistas australianos y asiáticos. Son fluctuaciones habituales en la industria turística. Hoy han vuelto a lanzarse varios proyectos hoteleros, particularmente en el Sur. La Copa Mundial de Rugby, en el año 2011, será una oportunidad para posicionar a nuestro país a nivel global. –¿Está preocupado por el tipo de cambio? –Mucho. Está afectando a varios sectores. Recientemente me consultaron públicamente sobre qué hacer con la caída del dólar. Y creo que hemos hecho lo correcto: dejar flotar la moneda. El problema no es la fortaleza del dólar neozelandés, sino la debilidad del dólar americano. Estamos en un proceso de cambio en el balance económico mundial y tenemos que asumir que vamos a tener una economía estadounidense débil por un tiempo, lo que implica trabajar con un dólar neozelandés más fuerte. –Y el Banco Central y el ministro de Finanzas, ¿están tan preocupados como usted? –Sí, definitivamente. El Banco Central de NZ es una organización muy abierta, evalúa en forma permanente y pública la situación, y ha hablado sobre la fortaleza del dólar neozelandés, reconociendo que es un problema para los exportadores. Pero reconoce que es poco lo que se puede hacer, a no ser volver a regular el tipo de cambio. Pero eso se descarta, tanto por parte del gobierno como de los propios neozelandeses. –Volviendo a los tres factores que usted mencionó al principio como base de la estrategia comercial de NZ: ambiente, bienestar animal y seguridad alimentaria. ¿Implicarán mayor regulación del Estado? –(Piensa unos segundos) Un aumento muy menor. Los agricultores neozelandeses están enfocados en el medio ambiente. Un agricultor que no es responsable con el ambiente no sería tolerado por su vecino. Insisto siempre en que ningún productor tiene derecho a contaminar y eso es aceptado por los productores. En lo referido a bienestar animal, apuntamos a las mejores prácticas y eso implica algo más de regulación desde el gobierno central. Pero, francamente, creo que tiene más que ver con educar a los productores neozelandeses sobre los altos estándares que los consumidores demandan. En lo referido a seguridad alimentaria, veo la compra de cualquier alimento en cualquier parte del mundo como un acto de fé del consumidor al productor. Por lo tanto, la seguridad alimentaria es absolutamente crítica y los consumidores tienen el poder de comprar o rechazar, basados en su experiencia en el tema. Por eso la seguridad alimentaria es clave.

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