1 de febrero de 2018 13:29 PM
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Blasina: el gurú del agro uruguayo

El ingeniero agrónomo y consultor estuvo entre los oradores de la convocatoria en ese punto del país.

Porque transmite tranquilidad. Porque habla con palabras sencillas. Porque dice no identificarse con ningún partido político. El ingeniero agrónomo y asesor Eduardo Blasina es hoy una de las voces del conflicto del agro que sacude al país.

“Para mí no es ningún Dios, vamos a entendernos. Sí es un referente porque sabe de lo que habla, pero no es el único. Es uno entre varios”, dice Heinrich Kaufman, delegado del movimiento de autoconvocados en Tacuarembó.

“No considero que sea un referente”, agrega Rafael Menendez, otro de los delegados. Y sigue: “Sí es una persona informada que conoce la realidad del campo y la transmite muy bien, sobre todo a los que no están directamente vinculados con la problemática”.

Lo cierto es que Blasina, luego de su discurso sobre “las mochilas” con las que carga la industria agropecuaria en Uruguay -que fue ovacionado en Durazno la semana pasada durante el primer encuentro de autoconvocados-, volvió a ser el elegido para dirigirse a la gente del campo y al país entero. Su discurso, en un salón ubicado en el empalme de la ruta 5 y la 26 en Tacuarembó en medio de la vigilia del campo, fue transmitido para todo el mundo vía Facebook Live por la propia organización.

Para Menendez, las repercusiones de aquellas palabras en Durazno fueron tantas y tan positivas que los autoconvocados no quisieron perderse una nueva oportunidad de escucharlo. Y que en Montevideo pudieran hacer eco de su mensaje. Porque una de las mayores preocupaciones de la gente del campo es no poder conectar con los montevideanos. Blasina lo logra -o al menos ellos creen que lo logra- por lo que lo han vuelto casi un padrino de su causa. Y su aparente neutralidad con la política partidaria, lo volvió un gurú cuya opinión casi que de cualquier tema del agro, importa.

En su discurso en Tacuarembó en la noche del miércoles, Blasina hizo pedidos. Al gobierno y a los autoconvocados. A unos les pidió un diálogo serio e inclusivo; a otros les pidió perseverancia y nunca perder el respeto.

Si bien el ingeniero no se considera parte del grupo que está realizando los reclamos al gobierno, si cree que se trata de un pedido justo y racional. Por eso dice que lo apoya, no por dinero ni exposición porque se siente más cómodo con el anonimato.

“Yo estaba de vacaciones cuando comenzó todo y lo empecé a seguir en las noticias”, dice Blasina. Cuando se reintegró a su trabajo en radio Rural comenzó a hablar del tema con sentido común y ese manto de calma fue lo que los autoconvocados necesitaban. “El campo no estaba pudiendo comunicar bien, era todo muy pasional y creo que encontraron en mí alguien que le puede hablar a la gente de Montevideo”, explica.

En Tacuarembó, Blasina también recibió preguntas de la gente que lo fue a escuchar. En un momento estaba hablando de impuestos y en el otro de marihuana y de un Uruguay “más inclusivo”. Un concepto que seguro en el interior profundo del país, se escucha poco. Blasina es esa figura que viene de Montevideo, pero sabe y trabaja con el campo. Está en el punto medio de un vértice peleador.

“Apoyo este movimiento porque es genuino y porque está bueno que la gente de Montevideo sepa que en el campo hay gente que la está pasando mal”, asegura el ingeniero. Para él, lo importante está en conciliar ambos mundos y que lo que pasa en el campo no sea solo una broma despectiva que circula en Twitter. Remover alguno prejuicios, eso quiere.

Su rol de predicador no lo aleja del ámbito político. Más de uno de los presentes en su charla en Tacuarembó le preguntó si creía que podía tener un futuro dentro de la política. Algunos incluso lo quieren presidente. Pero Blasina dice estar lejos, al menos por ahora, de esa realidad. “Ni siquiera sé qué partido voy a votar en las próximas elecciones y disfruto dándome esa libertad”, asegura.

Porque Blasina sabe que la gente “está cansada de los políticos” y que esto que está surgiendo en torno a él en el campo, además de sorprenderlo, podría ser considerado “un nuevo fenómeno social” cuyo futuro es -antes que nada- incierto.

Con este panorama, Blasina sigue concentrado en lo que él ya considera es una obsesión: poner su grano de arena para evitar que todo el crecimiento que tuvo Uruguay luego de la crisis del 2002, se caiga.

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