15 de febrero de 2018 02:53 AM
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Los despidos en el INTI también alcanzan a la agricultura familiar

CompartiremailFacebookTwitterEn el segmento de la agricultura familiar, campesina e indígena se sumó por estos días un nuevo motivo de preocupación a partir de los despidos de los trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que en diversos puntos del país contribuyen con el desarrollo de las organizaciones de pequeños productores. La señal de alerta […]

En el segmento de la agricultura familiar, campesina e indígena se sumó por estos días un nuevo motivo de preocupación a partir de los despidos de los trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que en diversos puntos del país contribuyen con el desarrollo de las organizaciones de pequeños productores.

La señal de alerta la dio el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) al manifestar su “repudio a los despidos en el INTI” a través de un comunicado de prensa: “Hace tiempo que el MNCI viene trabajando con el INTI en la incorporación de tecnología apropiada a la pequeña escala y a las condiciones de producción de las diversas regiones de país. Como fruto de ese trabajo el sector campesino ha venido haciendo un proceso de incorporación de tecnología para producir chacinados de llama y de cabra, néctares y mermeladas, triturados de tomate y deshidratados, entre otros, productos”, explicó la organización. Y añadió que el agregado de valor a la producción campesina necesita de estos saberes técnicos y de estos trabajadores y trabajadoras. “Los despidos y el desmantelamiento en el INTI, así como el vaciamiento de la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF), son un golpe a la economía popular que afecta a toda la sociedad”, expresó el MNCI.

El jueves pasado, en radio Mitre, el presidente del INTI, Javier Ibáñez, confirmó que el organismo que dirige decidió “discontinuar” el área específica dedicada a la agricultura familia porque “no es el foco del INTI” y porque, según agregó, se superpone con el trabajo del INTA, en el ámbito del Ministerio de Agroindustria. Reconoció que parte de los 258 despidos están relacionados con las tareas que no se seguirán desarrollando. Por caso, de los siete integrantes del Programa de Tecnología Industrial para la Agricultura Familiar, creado en 2014, fueron despedidos seis trabajadores. El restante fue mantenido por estar afectado por una grave enfermedad.

En esta coyuntura, en la Unidad de Extensión INTI-Cruz del Eje, tres de sus cuatro integrantes fueron despedidos del organismo, pese a contar con líneas de trabajo en plena ejecución, fundamentalmente con comunidades campesinas del noroeste cordobés.

“Ser una de las despedidas te atraviesa desde muchos costados, desde el personal, por no saber ahora cómo llegar a fin de mes sin trabajo, pero, al mismo tiempo, desde la tristeza que genera perder un equipo de trabajo, de saber que todo lo que se venía haciendo de repente no le importa a las autoridades; todo lo que se venía construyendo para responder a las necesidades locales, para ellos no cuenta”, dijo a LA NACION Sol Vignau, extensionista del INTI desde 2011 en la Unidad de Cruz del Eje, en las áreas de salud y discapacidad, en la temática de alimentos, y en la gestión de residuos orgánicos. Y agregó: “Pienso que si hoy las funciones del INTI se privatizan, los beneficios no llegaran a todos. Entonces, ahí están las tristezas y las incertidumbres individuales y colectivas. Hoy, todos los trabajadores, despedidos o no despedidos, sostenemos la necesidad de hacer valer el rol del Estado en beneficio de la sociedad y reivindicamos la importancia del trabajo público para llegar a los derechos de todas las personas, por eso esperamos que se revean estos despidos, para poder reincorporarnos al trabajo”.

También despedido de la Unidad de Extensión INTI-Cruz del Eje, Leandro Rueda, técnico en desarrollo local, egresado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Catamarca y trabajador del organismo desde 2004, explicó a LA NACION que en el noroeste cordobés el enfoque fue trabajar sobre proyectos de desarrollo local y de agregado de valor a las materias primas regionales, como la leche caprina, la lana, los cueros caprinos y, también, atender demandas y consultas de escuelas técnicas, pymes, municipios y comunas sobre diversos temas tecnológicos en los cuales el INTI podía tener implicancia y aportar su conocimiento a través de capacitaciones y de asistencias técnicas específicas. “Así fuimos construyendo redes de trabajo con colegas de otros organismos, como el INTA, la SAF, Desarrollo Social y otras instituciones provinciales”.

Rueda contó que la comunicación del despido “duele, indigna y genera impotencia por todas las líneas de trabajo que se venían sosteniendo y que ahora entran en una etapa de incertidumbre, y por el sentido de pertenencia que tenemos por el INTI, por las acciones de desarrollo local que contribuyen a modificar realidades, a promover capacidades y a formar redes de acción. Que todo esto se corte nos golpea y nos genera mucha tristeza por todo lo que se pierde en el territorio, en regiones que vuelven a quedar excluidas de las políticas públicas”.

En el Centro INTI-Santiago del Estero el telegrama de despido le llegó a Graciela Hoyos, ingeniera en industrias forestales, con ocho años de trabajo en el organismo. “Fui la tercera en ingresar en lo que entonces era una Unidad de Extensión”, contó. Y explicó que está viviendo una situación triste, “porque no puedo creer que se quiera impedir que personas que realmente trabajan puedan seguir aportando sus conocimientos y experiencias, desde investigadores a tecnólogos y a desarrolladores”.

Añadió que como muchos de los que hoy atraviesan esta situación, “nunca dude en comprometerme con el trabajo, incluso hasta el punto de hacer distintas tareas, algunas ajenas a mi especialización, pero propias de iniciativas que hicieron del INTI un polo desarrollador industrial en Santiago del Estero, una provincia que tanto necesita este tipo de emprendimientos. No entiendo qué es lo que está pasado; no comprendo por qué se quiere achicar la cantidad de personas que día tras día trabajan intentando impulsar, en cada una de las regiones, el desarrollo industrial, el desarrollo de las cooperativas, de los microemprendimientos, de los productores, de las pequeñas empresas”.

Hoyos, que dedica mucho de su tiempo en trabajar con pymes y carpinterías familiares de localidades del interior santiagueño, explicó que en estos días ha recibido la solidaridad de todos aquellos con los que trabajó a la par, desde pequeños productores, hasta instituciones de la provincia y empresas, que tampoco comprenden por qué pasa esto en el INTI. “Quienes conviven con nuestro trabajo pueden hablar por nosotros; pueden dar fe del compromiso que tenemos; pueden dar cuenta de las veces que hemos permanecido más allá de nuestros horarios habituales; de las ocasiones en que hemos puesto de nuestro bolsillo para la movilidad, a la espera de posteriores reintegros, o que hemos molestado a nuestros contactos para que al INTI se le abrieran las puertas en lugares donde el organismo no hacía pie. Muchos pueden dar cuenta de las veces que hemos, incluso, sacrificado el tiempo reservado para la familia. Es increíble lo que estamos viviendo y que encima quieran presentarnos como malos trabajadores. Eso duele y mucho”, lamentó la trabajadora despedida del INTI.

Repercusiones

Para Diego Montón, referente del MNCI, el INTI se había convertido en una institución vital y estratégica para la agricultura familiar y campesina, y para el desarrollo de la soberanía alimentaria en la Argentina. “Esto tiene que ver con que desde el organismo se apostó al desarrollo de tecnologías adaptadas a las comunidades campesinas, generando así trabajo local y un fuerte agregado de valor a la producción campesina y artesanal”, dijo.

Explicó que pudieron avanzar con la puesta en funcionamiento de pequeñas fábricas para la elaboración de tomates triturados, de néctares de frutas, de mermeladas, de productos deshidratados, y de una gran variedad de productos de la agricultura campesina. “Fue gracias a esas tecnologías que el sector pudo desarrollar productos agroindustriales, pero manteniendo la característica de la producción artesanal”. Y agregó que fue muy importante todo el conocimiento aportado por las trabajadoras y los trabajadores del INTI en cuanto a captación y aprovechamiento del agua, sobre todo en regiones donde el recurso es muy escaso. “Consideramos que fue gracias a una decisión política que se profundizaron estas tareas, pero, sobre todo, al fuerte compromiso de las trabajadoras y de los trabajadores, que recorrieron el país; que fueron al campo, y que analizaron las necesidades junto con las familias campesinas, de manera que la construcción de la tecnología se hiciera de forma participativa. Gracias a ello es que hoy podemos ver en varias fábricas de distintas provincias del país esas tecnologías generando producción sana y trabajo en las propias comunidades”.

Montón destacó que desde el MNCI se considera indispensable poner en valor todo el trabajo que desde el INTI se hizo por la agricultura familiar, campesina e indígena “porque de lo contrario, lo que queda es la propuesta tecnológica del capital financiero, que sólo se basa en el valor del lucro de las corporaciones que las promueven y que, en general, no apuntan, ni a la generación de empleo, ni a la producción de alimentos saludables y de calidad. Nada de lo que viene del paquete tecnológico impulsado por las corporaciones apunta a la soberanía alimentaria, mientras que el INTI sí hizo importantes aportes a la tecnología que necesitamos para construir la soberanía alimentaria”, concluyó.

Darío Sánchez, del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC), integrado por unas 700 familias del noroeste cordobés, dijo que para la organización resulta muy preocupante el “retiro del Estado” en la asistencia y el acompañamiento al trabajo de los pequeños productores, dado que “sin ese acompañamiento, el desarrollo y la inserción en el mercado de los productos campesinos resulta casi imposible”. Relató que el trabajo conjunto entre el Movimiento y el INTI comenzó diez años atrás, por la iniciativa del entonces presidente del organismo, Enrique Martínez, que formó equipos de trabajo comprometidos con las realidades locales y con el agregado de valor a las materias primas de la región.

“Trabajamos muy fuerte en toda la cadena de valor de lácteos caprinos; pudimos mejorar todos los procesos, desde la calidad y la sanidad de la producción, hasta el envasado y su comercialización. A partir de una serie de protocolos diseñados con el INTI se mejoraron las propias prácticas ancestrales de las familias campesinas y eso derivó en lograr una mayor eficiencia y productos que pudieran tener una calidad homogénea”, destacó.

Sánchez explicó que el INTI tuvo mucho que ver con la posibilidad de que hoy el MCC haya logrado la apertura de dos locales propios para la comercialización de la producción, uno en Córdoba capital y el otro en Villa Dolores. “Para la apertura de ‘Monte Adentro’, que son los locales de la organización, tuvimos que estandarizar procesos, de manera de poder garantizar al consumidor una calidad homogénea de los productos, desde los quesos y los cabritos, hasta la miel, los dulces y las diversas artesanías. Y para eso, el trabajo, la asistencia y la supervisión del INTI fue fundamental”, señaló.

La transferencia de tecnología del INTI llegó a pequeños campesinos de diversas regiones del país
La transferencia de tecnología del INTI llegó a pequeños campesinos de diversas regiones del país Crédito: Movimiento Campesino de Córdoba

Con este panorama, y a modo de síntesis de la problemática que atraviesan a diario las comunidades campesinas, Sánchez dijo: “Para nosotros, que estamos en el campo, que vivimos en el campo, es muy triste perder este acompañamiento, porque en el tiempo de trabajo recorrido con el INTI hemos visto los resultados, con el mejoramiento de rindes, con la adopción de tecnologías que eran desconocidas para el campesinado y con la sensación de que había un Estado para el cual también nosotros éramos importantes. Hoy, otra vez nos están dejando solos”.

Desde el norte argentino, Carlos Redín, referente de la Red Puna, una organización de comunidades campesinas e indígenas de la Quebrada y de la Puna jujeña, integrada por 750 familias, explicó a LA NACION que el trabajo con el INTI se inició en 2010 con la puesta en valor de la fibra de llama y con el agregado de valor a la carne de llama para enriquecer la cadena productiva y para optimizar el aprovechamiento integral del animal. “Gracias a esa relación de trabajo hoy contamos con diez productos obtenidos con la carne de llama, entre los que se destacan hamburguesas, lomitos, salames, medallones de llama con quinua, mortadela, chorizo colorado y salchichón, entre otros que vamos desarrollando poco a poco. Con este empuje hemos logrado levantar una planta de chacinados en la Quiaca, donde tenemos la sede de la organización”, indicó.

Destacó que, para la Red, el apoyo de Centro INTI Jujuy -hasta donde también llegaron los despidos- y del INTI Carnes de Buenos Aires resultó clave para poder progresar. “Ellos nos brindaron asistencia técnica y acompañamiento en todo el desarrollo de los productos y en cada uno de los análisis necesarios para garantizar la calidad y la sanidad de los alimentos obtenidos con una carne que no estaba en el mercado”. Y sostuvo que resulta fundamental la continuidad de ese trabajo conjunto. “Hoy sentimos que los despidos achican la posibilidad de que el Estado apoye a los sectores que más lo necesitan y consideramos que este es otro síntoma del vaciamiento de las necesarias políticas públicas de las que dependen quienes no tienen el dinero para contratar a privados que les brinden tecnología”.

LA NACION se comunicó con el director de uno de los centros provinciales del INTI con mayor relación con el diseño de tecnologías para la provisión de agua en comunidades campesinas e indígenas del norte argentino, pero éste se excusó de opinar: “Como director he recibido expresas instrucciones de derivar las consultas de los medios al encargado de prensa”. Tras hablar, primero, con Fernando Rodeles, quien se presentó como un “colaborador” del equipo de comunicaciones del INTI, pidió derivar la inquietud hacia el área de prensa del Ministerio de Producción, donde la respuesta fue que “el único vocero de prensa del INTI es su presidente (por Javier Ibáñez). Él es quien hace declaraciones públicas”.

Siempre a través de responsables de prensa de Producción, y en relación con la consulta sobre los programas de tecnologías de acceso al agua, Ibáñez contestó que “los programas como Agricultura Familiar y acceso al agua continúan desde las áreas del Gobierno que tienen esa misión: el Ministerio de Agroindustria, que cuenta con una Secretaría específica, y el INTA”.

Ante la repregunta sobre si el presidente del INTI conocía el impacto multiplicador generado por el organismo en las comunidades campesinas a través de las herramientas y de las tecnologías adaptadas, el funcionario mandó contestar: “El INTI se focalizará en la tecnología industrial para ayudar a las pymes y Agroindustria, en todo lo que es agricultura familiar”.

Cabe recordar que, en ocasión del recorte de 880 Grupos de Cambio Rural por parte del Ministerio de Agroindustria, en agosto pasado, el por entonces coordinador Nacional del Programa, Juan Casañas, dijo a LA NACION que la decisión oficial era prescindir de los grupos integrados por agricultores familiares en transición a la capitalización, “para concentrarse en los productores capitalizados y en las pymes”. Los desafectados -se dijo- quedarían a cargo del Ministerio de Desarrollo Social y del INTA. Esto, pese a la existencia dentro de Agroindustria de la Subsecretaría de Agricultura Familiar.

Desarrollos en riesgo

Muchas líneas de trabajo en ejecución corren el riesgo de quedar inconclusas. En ese sentido, Vignau lamentó la orientación que podría asumir el organismo a partir de los despidos en momentos en los que en el nivel mundial “se torna valiosa y deseable la producción de alimentos sanos, en el marco de procesos ambientalmente sustentables; en tiempos en los que crece la demanda de productos con identidad regional para acceder al mercado mundial y ante la necesidad de que se adopten normas y pautas que aseguren la inocuidad y la eficiencia”.

Rueda, contó que entre otras amplias líneas de trabajo que desarrolla el INTI en las regiones Cuyo, NOA y NEA se destacan la asistencia tecnológica para las comunidades campesinas, los pueblos originarios y para la agricultura familiar en temáticas como las artesanías textiles, la lechería, el trabajo con cueros caprinos, la apicultura, la manufactura de alimentos, el acceso al agua, y la generación y uso de energías renovables, entre otras.

“El acceso al agua para consumo humano y productivo sigue siendo una problemática grave para las comunidades campesinas en general. Para abordar estas demandas, desde varios Centros y Unidades de Extensión del INTI, y en forma articulada con otros organismos como el INTA, la Subsecretaría de Agricultura Familiar y el Ministerio de Desarrollo Social, se desarrolla y asiste mediante tecnologías para el acceso al agua. El trabajo comprende la instalación y la adaptación de sistemas de bombeo de agua con energía solar; capacitaciones teórico-prácticas para el uso de maquinaria de pequeña escala para perforaciones, en la construcción de pozos cavados y calzados bajo prácticas seguras y eficientes, desbarrado y mantenimiento de represas, y la construcción de sistemas integrales para la captación y el acopio de agua de lluvia”, detalló.

El tercer integrante despedido de la Unidad de Extensión INTI-Cruz del Eje, Gerardo Tribiño, contó que, dentro del ámbito de las energías renovables para autoabastecimiento se desarrollaron instancias de capacitación teórico/prácticas sobre termotanques solares y biodigestores de pequeña escala para la reutilización y el aprovechamiento de los recursos ambientales locales. Y detalló que respecto de la manufactura de alimentos viene siendo fundamental la implementación de Buenas Prácticas de Manufactura e Higiene y Seguridad. “Además, hemos trabajado en la obtención de la IG/DO (Indicación Geográfica/Denominación de Origen) de la miel del monte nativo del noroeste cordobés, en base a los atributos diferenciados de este producto regional”, afirmó.

Otra línea de acción desarrollada por el INTI en varias provincias fue la recuperación y el procesamiento de lana y fibra de camélidos. “Esto requirió la asistencia técnica en múltiples niveles: desde la capacitación para la gestión de Bancos de Materias Primas Mejoradas; la implementación de protocolos para la producción y comercialización asociativa de hilados y tejidos; el diseño de ruecas a pedal y eléctricas (220v y 12v) acordes a las diversas necesidades, y el rediseño de prototipos para el afieltrado mecánico. En el caso de las ruecas eléctricas, se destaca la transferencia tecnológica realizada al sur de Bolivia (mediante la ONG Veterinarios Sin Frontera) para la instalación de capacidades para su fabricación local”, detalló Vignau.

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