26 de noviembre de 2009 08:01 AM
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Hace falta mucho más maíz

El sistema productivo agropecuario argentino requiere una rápida evolución hacia la sustentabilidad, con un fuerte compromiso social empresarial que priorice la conservación de la capacidad productiva de los suelos, la gestión ambiental, el aumento de la producción, la calidad de los productos y el agregado de valor a los granos en origen, para favorecer el desarrollo territorial con equidad.

Dejar pasar el tiempo, analizando a quién corresponde generar el cambio y seguir incrementando el área de soja a razón de 1,5 millón de hectáreas por año y exportar más del 80% de la producción granaria como commodities (en especial granos y aceite y harina de soja), no parece el camino más conveniente para el futuro de nuestro país.
Llegó el momento de que todos los argentinos pensemos qué podemos hacer para ayudar a mejorar esta realidad.Con la mira en el maíz
Energía (maíz y sorgo) y proteína (soja) con calidad y en cantidad, y un plan nacional de sustitución de carne bovina en la dieta de los argentinos, por carne porcina y aviar, nos llevaría en el corto plazo a tener un excedente importante de carne bovina, aviar y porcina para exportar; esto es, utilizando el mismo volumen de granos que compone una ración balanceada. En su defecto, tendríamos un “remanente” de granos que se podrían volcar a otro tipo de industria.
Esto se explica porque con la cantidad de ración balanceada que hace falta para producir 1 kilo de carne bovina, se producen aproximadamente 2 kilos de carne de cerdo y 4 kilos de carne de pollo.
Una baja en el consumo de carne bovina de 70 a 50 kg/per cápita por año, permitirá exportar en poco tiempo más de 1,3 millón de toneladas de carne bovina de calidad, con un valor e ingreso muy importante para el sector.
La Argentina puede en poco tiempo ser estratégicamente un país exportador de carne bovina de altísima calidad, leche y quesos, carne aviar, huevo (líquido y en polvo), carne porcina y chacinados. Para ello es necesario un plan estratégico profundo que oriente la producción primaria hacia la implantación de más maíz, más sorgo granífero y forrajero.
Si tenemos en cuenta las previsiones de área de siembra para la presente campaña, la soja representa el 69% de los cultivos tradicionales con 19,5 millones de hectáreas; el maíz y el girasol tiene el 7% con 2 millones de hectáreas cada uno; el trigo, el 14% con 4 millones; y el sorgo, tan sólo el 2,9% con 800.000.
La Argentina debe recuperar el equilibrio productivo: más cultivos energéticos (necesarios, entre otras cosas, para la formulación de raciones balanceadas) y más cultivos capturantes de carbono y estructurantes de suelo (para la sustentabilidad de los sistemas productivos). Para ello necesita en los próximos tres años duplicar el área de siembra de sorgo granífero y llevar a 5 millones de hectáreas el área de maíz, y recuperar la de trigo. Todo se puede lograr sin sacrificios en lo más mínimo para la producción de soja.
Los antecedentes de los ensayos del INTA en secano indican que la soja, en un promedio de diez años, produce 600 kg/ha más sobre maíz que sobre soja, y 250 kg/ha en el segundo año de soja sobre maíz. Por lo tanto, aumentar el área de siembra de maíz y sorgo en 3,8 millones de hectáreas, indicaría que la soja sembrada en rotación sobre maíz y sorgo puede incrementar la producción, o sea que se aumentaría la producción de soja en 2,28 millones de toneladas en el primer año de rotación y 950.000 en el segundo año.
Es decir que con un promedio de rendimiento nacional de soja de 2.700 kg/ha, se puede reducir 1,19 millón de hectáreas de soja sin afectar la producción potencial de soja.
Con esta propuesta se mejoraría mucho el balance de carbono del suelo, la capacidad biológica del suelo en siembra directa por la rotación de raíces estructurantes del maíz, sorgo y trigo, además de los beneficios por la rotación de herbicidas para reducir el surgimiento de malezas tolerantes al glifosato.
La producción de grano de maíz y sorgo duplica y triplica los kg/ha de soja, pero también duplica y triplica la producción de biomasa y carbono para el suelo.
El negocio de la producción de proteína de soja es muy importante para la Argentina y por eso se debe cuidar su sustentabilidad.
La soja es una planta muy eficiente para producir proteína/ha, ya que produce 6,5 kg/ha de grano por milímetro de agua útil utilizada (40% de proteína en grano). El nitrógeno lo extrae casi en su totalidad del aire a través de bacterias fijadoras; sólo se debe agregar fósforo y azufre para lograr un buen rendimiento, a un valor de los US$ 354 la tonelada de soja produce 2,3 US$/mm. El maíz con un mm produce 17 kg/ha y vale 134 US$/t, o sea que el mm de agua útil produce 2,27 US$/mm, casi igual. La diferencia estaría en que el maíz requiere 20 unidades de nitrógeno elemento para producir una tonelada de grano/ha, y el nitrógeno está asociado al precio del petróleo.
El costo de la semilla de maíz por hectárea es más elevado que el de soja y también los costos de cosecha/ha, pero en el cálculo económico del maíz se debe añadir el mayor rendimiento de la soja sobre el maíz. Como el grano de maíz presenta un bajo precio (la tonelada vale 2,6 veces menos), debe ser transformado en su totalidad en producto balanceado y luego en proteína animal en origen, a no más de 80 km de donde se produce, y fundamentalmente con la participación del productor en este negocio.
La Argentina, en 2015, debe cambiar su matriz exportadora, hoy basada en los granos, para pasar a productos elaborados de alto valor agregado, gran parte de ellos proteína animal, con etiqueta, trazabilidad y denominación de origen, realizado localmente, con participación directa en el negocio de los productores primarios, en forma asociativa para hacerlo con escala competitiva.Autor: Mario Bragachini – Coordinador proyectos Agricultura de Precisión y Máquinas Precisas y Eficiencia de Cosecha, INTA EEA Manfredi.
Artículo fue escrito con la colaboración del Ing. Agr. José María Méndez, del Proyecto Agroindustria en Origen, del INTA Totoras.

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