16 de junio de 2010 07:00 AM
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¿Está realmente barato el dólar?

Los datos de comercio exterior no avalan una "vuelta a los 90" fruto del retraso cambiario como se propone desde hace varios meses. El sector primario y el industrial registran subas en el valor exportado por encima del promedio. Las importaciones parecen retomar el camino de la inversión tras la crisis.

En los últimos dos meses se viene leyendo con alguna insistencia a un sector de la dirigencia sectorial con un pedido sobre la política cambiaria para que el gobierno ajuste la relación con el dólar al alza, esto es una depreciación del peso. No son pequeñas las variaciones que se proponen para que, el productor agropecuario, por ejemplo, alcance una mayor competitividad dado el nivel del dólar agrario una vez descontadas las retenciones. Incluso los posibles valores para recuperar esa competitividad perdida como consecuencia de la inflación local llevan a sugerir que el dólar debería rondar en estos momentos unos 5 pesos o más (5,20). Uno de los argumentos sobre el retraso cambiario respecto del dólar lleva a la dirigencia agropecuaria a plantear que hay un retorno en ese sentido a la convertibilidad. Un dólar que- por fuera del uno a uno de los noventa- está cada vez más estancado y socaba la rentabilidad de los productores más pequeños. Vale la pena repasar algunos datos del comercio exterior para verificar si existe o no un retraso cambiario de la magnitud que se está planteando por estos días, que gira en torno a un 30%. Veamos. Según los últimos datos disponibles sobre la evolución de la balanza comercial publicados por el Indec, las exportaciones en el primer cuatrimestre del año crecieron un 13% respecto de 2009, en tanto que las importaciones lo hicieron en un 37%. Ese flujo importador no impidió de todos modos mantener el superávit comercial en lo que va de 2010, aunque sí presenta una reducción de 1.813 millones de dólares, lo que representa una disminución respecto de 2009 del 30%. Bajó, pero el superávit se mantiene en más de mil millones de dólares mensuales promedio entre enero y abril. Por otra parte, no se registra en estos primeros cuatro meses una tendencia de desaceleración de las exportaciones más allá de la estacionalidad en el comienzo del año que produjo una menor expansión de las ventas externas, en buena medida por la abrupta caída de la cosecha de trigo. En cambio la tendencia, según los datos oficiales, apunta más en un sentido creciente: las exportaciones aumentaron un 3% en febrero, un 11% en marzo y un 19% en abril. Sin que estos números registren aún el grueso de la exportación de soja y sus derivados. La industria nacional siempre ha sido un buen termómetro para medir el retraso cambiario a partir del desempeño del sector en la balanza comercial. Este sector viene expandiéndose de manera continua. Entre enero y abril de este año las exportaciones de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) crecieron un 37% en un escenario que no parece compatible con una pérdida de competitividad cambiaria. Mientras los precios de las MOI cayeron en el primer cuatrimestre un 3%, las cantidades colocadas en el exterior aumentaron un 42%. En abril (último dato disponible que publica el Indec) las ventas de la industria crecieron un 39%, “producto de del alza en las cantidades vendidas (32%) y de los precios (5%)”, detalla el informe. Los datos parecen elocuentes toda vez que el comportamiento de las cantidades exportadas no explica (más bien refuta) la caída de la competitividad por retraso cambiario, y menos aún cuando los precios crecen a niveles de un 5% o, incluso, hay depreciación. Para el sector de los productos primarios, mayoritariamente originado en el campo y principalmente granos, la suba acumulada por las exportaciones está en torno al 21%. Es decir, 8pp por encima de las exportaciones totales (13%) aún a pesar de la magra cosecha obtenida en la campaña 2009/10. Sí en cambio se registra una baja (-7%) en el valor de las exportaciones de las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), principalmente por la menor colocación de aceite de soja en China, que el Indec explica por una caída de las cantidades vendidas del 13%, pero parcialmente compensada por precios que crecieron un 7%. Desde el punto de vista de las importaciones, tampoco parece verificarse un retraso cambiario preocupante como el que se sugiere. Tras la caída abrupta que tuvieron las compras al mundo en 2009 (en torno a un 30% sobre 2008), la recuperación de la economía a nivel local parece estar recuperando tiempo perdido. Se da en las importaciones una diferencia sustancial con el retraso cambiario de la convertibilidad. En los noventa el grueso de las compras al mundo se producía por el ingreso al país de bienes listos para consumir. Dicho de otro modo una porción de los argentinos con cierto nivel de poder adquisitivo pagaban los salarios de trabajadores extranjeros. El precio de ese sistema fue la destrucción de puestos de trabajo a niveles que llegaron a tomar a la cuarta parte de la población económicamente activa, ya en los comienzos de este siglo, y llevaron al quebranto a buena parte de los productores agropecuarios que no supieron “darse cuenta” de cómo soplaba el viento. Prueba de aquella situación se refleja en que cuando el ex titular de la FAA asumió al frente del Banco de la Nación, se encontró con un activo (o sea el pasivo de sus clientes) por la friolera de 12 millones de hectáreas de las mejores tierras del mundo. El caso es que de las importaciones actuales el 52% se compone de bienes de capital e intermedios, que en su mayor parte van a parar a la provisión de la industria. La diferencia entonces es que se crea, en vez de destruir, empleo nacional. Suele minimizarse el esfuerzo industrial por ampliar su horizonte exportador con un argumento cierto. La balanza comercial de la industria sigue siendo deficitaria en varios miles de millones. Grosso modo las ventas al mundo del sector industrial totalizaron entre enero y abril 6.888 millones de dólares. Al mismo tiempo las importaciones totales (no solo de la industria pero sí la mayor parte) de bienes de capital, intermedios, más piezas y accesorios para bienes de capital ascendió en el mismo lapso a 11.199 millones de dólares. Así en el primer cuatrimestre el déficit industrial (un poco exagerado) en el comercio con el mundo se ubicaría en unos 4.311 millones de dólares, que proyectados al año rondarían los 17.000 millones. En este punto la ventaja con la que corre la producción de granos es la baja necesidad de importar bienes para la producción. En gran medida por la extraordinaria condición natural de la región pampeana que sigue soportando, al menos hasta ahora, una formidable extracción de nutrientes. El déficit del balance nutricional de los suelos asciende a varios miles de millones de dólares, según las evaluaciones que se realizan año tras año desde el propio sector de la comercialización y fabricación de fertilizantes. Ese déficit no se computa en la balanza comercial, pero está también presente con cada grano que se exporta. También se ve favorecido el sector productor de granos por la posibilidad de resembrar la simiente, en las autógamas como el trigo y la soja, bajo el paraguas de la ley 20.247. Con ello se evita la inversión en semillas en cada campaña, o la importación de tecnología de punta, que también se pierden de vista a la hora de analizar la balanza comercial.

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