18 de junio de 2010 12:47 PM
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Soja y maíz, socios por conveniencia

Apuntan a manejos por ambientes más eficientes y a una rotación equilibrada. Criterios para elegir materiales

Cada uno de ellos considera al otro el socio ideal. Según lo expresan los resultados a campo, el mejor maíz es el que se produce luego de una secuencia de trigo/soja de segunda, mientras que la oleaginosa expresa su mayor potencialidad cuando se implanta sobre un rastrojo de maíz. Más allá de esta afinidad, y de considerarse mutuamente necesarios, la sociedad entre los dos principales cultivos gruesos en el país (ocupan el 80 por ciento de la superficie sembrada) tiene muchos aspectos por perfeccionar. Resolver el desequilibrio entre ambas proporciones de siembra y ajustar los manejos, para combatir las plagas y para hacer más eficientes sus resultados, aparecen como los mayores desafíos que tiene el vínculo por delante.La intervención del Gobierno en el mercado del cereal; el peso de las retenciones, en especial en aquellas zonas más alejadas de los puertos; y la falta de estímulos para la producción (como puede ser la desgravación impositiva por el uso de fertilizantes), son las razones que recortan la presencia del maíz dentro de la sociedad agrícola. Los ajustes del manejo por ambientes -y ya no por lotes- y el combate más certero a malezas resistentes son también variables a incorporar en la relación. Hay un convencimiento de que el maíz puede crecer, sin necesidad de que sea en detrimento de la soja.Lugar para todos. Con el objetivo de ir reformulando los términos de la alianza productiva, especialistas de los dos cultivos se reunieron entre el martes y el miércoles en Buenos Aires en el Congreso Mundo Soja-Maíz 2010, organizado por la consultora Sema.Fernando Andrade, especialista del Inta Balcarce; María Elena Otegui, de la cátedra de Producción Vegetal de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Héctor Baigorrí, asesor privado y referente nacional en el cultivo de soja, fueron los encargados de comenzar a redactar la letra chica del nuevo vinculo en lo referido a la ecofisiología comparada de ambos cultivos y los aspectos claves para determinar sus rendimientos.Andrade destacó que los genotipos maíz y soja responden de forma diferente de acuerdo con los factores ambientales. El crecimiento de ambos cultivos está relacionado con la expansión foliar de las plantas y del desarrollo de la antena para captar energía. De esta capacidad de recepción dependerá la tasa de crecimiento en la etapa crítica de llenado de grano, la fase que más explica el rendimiento de los cultivos. "Es clave que el maíz no encuentre momentos de estrés en floración y que la soja temprana tampoco lo tenga durante febrero, en R3 y R4. De eso dependerá el rinde", indicó el especialista.Si bien la cobertura del lote, a través de la densidad de plantas y distanciamiento entre hileras determina la tasa de crecimiento, la receta no es aplicable a todos los ambientes.Andrade planteó algunos reparos para esta estrategia, en especial en aquellos lotes de soja y maíz que están en ambientes con limitaciones hídricas. Este escenario puede afectar el potencial de rendimiento debido a un consumo de agua excesivo en la etapa de floración."En un ambiente con restricciones hídricas es clave regular la expansión foliar para que el cultivo pueda crecer a lo largo de todo su ciclo. El objetivo es que el cultivo tenga agua suficiente para su expansión reproductiva", precisó el técnico.Una salida puede ser retrasar la fecha de siembra. Otra, regular la densidad, aumentar el espaciamiento entre hileras, y jugar con fechas de siembra no muy tardías para tener la posibilidad de una respuesta, si el escenario mejora, observó Andrade.Buena letra. Dentro de la sociedad productiva, el maíz se sigue esforzando por hacer bien los deberes.A través de esta mayor dedicación viene recortando la brecha productiva que había 35 años atrás con los Estados Unidos, el mayor productor mundial.Entre 1970 y 1980, los farmers producían por hectárea el doble que un productor argentino y ahora esa diferencia se redujo al 18 por ciento, según comentó a La Voz del Campo Santiago del Solar Dorrego, presidente de Maizar, la entidad que agrupa a toda la cadena de valor del cereal. Más allá del salto productivo y de manejo, aún queda camino por recorrer. A la pregunta de por qué hay muchos genotipos de maíz que tienen un potencial de rendimiento de 20 toneladas por hectárea y no lo logran expresar en la cosecha, María Otegui buscó darle respuesta. Para la docente de la UBA, la razón principal está dada por la interacción que tiene con el ambiente y su manejo. Ilustró su idea con la caracterización de tres ambientes que modifican el comportamiento del genotipo, a partir del concepto de que, a más longitud de ciclo, es mayor la producción de biomasa y mayor es el rinde.En ambientes con limitación por baja temperatura, una salida para expresar el potencial de rendimiento puede ser sembrar más temprano en función del genotipo a utilizar; en el otro extremo, en lotes expuestos a altas temperaturas, la tolerancia la pueden aportar el uso de híbridos tropicales o las nuevas generaciones que combinan tropicales con templados.En ambientes secos que parten sin mucha agua en el perfil, como puede ser el centro de Córdoba, la recomendación es atrasar la siembra para "tomar" alguna lluvia posterior.En la campaña pasada, en la zona central de la provincia la mitad de maíz fue sembrado temprano y el resto en forma tardía. "Es una manera de distribuir riesgos. Cuando el año en bueno, hay poco sacrificio de ambas partes, pero cuando el año es malo en agua se siente el empuje de los cultivares tardíos", sostuvo Otegui.En años secos, pero en zonas más húmedas (que arranquen con agua en el perfil), las siembras tempranas de maíz sacan ventaja.
"El paquete tecnológico más recomendable es regular densidad y utilizar un híbrido más corto", aconsejó Otegui.Si el ambiente no es bueno, un reaseguro para el maíz puede ser optar por una densidad más baja que la óptima.A diferencia de la soja, el maíz no tiene mucha plasticidad reproductiva y eso se evidencia en lotes de baja calificación.En el caso de la oleaginosa no hay, en principio, peligro de derrumbe del rendimiento por mayor densidad en lotes malos. La amenaza puede ser que la estrategia consuma la poca agua que hay en el suelo y eso complique la etapa reproductiva del cultivo.Haciendo los deberes. Más allá de los avances registrados en la última década, en soja también hay mucho por hacer. Mientras se espera que un acuerdo por el uso de la biotecnología permita el arribo de nuevos materiales, con los que están disponibles hay margen para mejorar."Los grupos de madurez y las fechas de siembra se llevan el grueso de la variación del rendimiento", advirtió Héctor Baigorrí. Y fue un paso más allá. Recalcó la necesidad de no sól o adecuar el manejo e n función de los ciclos de madurez, sino también por el porte de las plantas (alta, media y baja).Variedades del grupo 4.9 y 4.6 muestran características distintivas para lotes bien definidos.Las de ciclo más largo, con alto porte de planta y tendencia al vuelco, pueden ser utilizadas en ambientes del oeste de la provincia de Córdoba; las más cortas (4.6) presentan biotipos de excelente comportamiento al vuelco, con rindes de hasta seis mil kilos por hectárea (como si fuera un grupo tres) y una gran potencialidad en lotes con incidencia de napa

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