18 de junio de 2010 13:06 PM
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En semillas, la propiedad juega un rol vital

Si bien la ley protege los avances tecnológicos logrados por las entidades de investigación, la comercialización ilegal no fue erradicada. Las reglas para el uso de semilla propia, es respetada por la mayoría de los productores. Sin embargo, hay empresas que se retiraron del mercado al no obtener respuestas claras en la venta, como ocurrió con Monsanto.

La disposición de semillas sanas y de calidad con alto poder germinativo para cualquier cultivo es una parte fundamental dentro de la actividad agrícola. Sin semillas no existe posibilidad de concretar una campaña, y si la simiente no es de calidad y otorga al productor lo que realmente necesita, todo apuntará hacia el fracaso.

Por eso se debe defender el derecho de propiedad intelectual de quienes producen avances en la tecnología de semillas, atacando el repudiable comercio ilegal. Pero, también hay que advertir que "el derecho de los demás termina donde empieza el derecho de los otros", en este caso hablamos de los derechos de los productores.

Las empresas privadas dedicadas a la obtención de nuevos cultivares y de muchos organismos de investigación del Estado o mixtos dedican muchos años de investigación para lograr la semilla que es usada en todas las explotaciones agrícolas del mundo dependen de que se cumplan diferentes normativas para poder seguir existiendo.

La Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas Nº 20.247, legisla, como de orden público, el derecho del productor a usar variedades vegetales con el fin de obtener semillas para su propia resiembra, lo que en general es llamado semilla de uso propio.

Si el agricultor procesa y almacena en su explotación las semillas resembradas, no debe efectuar trámite alguno ante el organismo de control nacional , el ex INASE, según lo estipula la norma nacional.

El uso propio es un derecho del productor; es la posibilidad de sembrar su semilla sin necesidad de comprar en forma permanente a los propietarios de la creación fitogenética. Pero la protección de su patente y se propiedad intelectual es fundamental para seguir con la demanda de semillas que existe y el Estado es la que debe regular este procedimiento para beneficios de todos, tanto de obtentores como de usuarios de diferente escala.

Los productores que usan su semilla, proveniente de una campaña anterior, deben pedir autorización e informar al ex INASE sobre su procesamiento, acondicionamiento y deposito fuera del predio o campo del usuario.

De acuerdo con los requisitos de la Resolución 35/96 del ex INASE, se debe solicitar autorización al dueño de la variedad e individualizar e identificar la semilla de uso propio antes de la entrega al procesador. A éste hay que informarle sobre los volúmenes y variedades. A su vez, ese procesador, durante todo el tiempo que dure el procesamiento, debe mantenerla identificada e individualizada del resto de la semilla de otros productores.

La semilla de uso propio no debe mezclarse con la que pertenece a otros productores y debe ser rotulada por el depositario, con rótulos que éste confeccione o que le entregue el agricultor. De esa manera se evita el uso de la famosa bolsa blanca en la cual no existe ninguna posibilidad de ser identificada.

En numerosas especies vegetales se estima que alrededor del 25 al 30% de la semilla utilizada es fiscalizada y legal, mientras que el porcentaje restante se divide entre bolsa ilegal y uso propio. Esta última modalidad es una figura que se utiliza mucho en el país y le permite al productor utilizar la semilla de su producción para la siguiente campaña.

En la actualidad, el Congreso argentino está revisando el uso propio, que se transformaría en un uso propio gratuito y otro oneroso, pero falta definir la escala de productores que quedará exenta del pago. Los entendidos en el tema afirman que el uso propio gratuito beneficiaría a los pequeños productores. En cambio, en el uso propio oneroso el productor de una cierta escala podría multiplicar su propia semilla, pero a cambio del pago de las regalías, es la idea que prevalece entre los mentores de la idea y que comentan, principalmente, los productores de soja.

El tema de la propiedad intelectual adquiere mucha importancia ya que existen empresas que se retiraron del mercado, como el caso de Monsanto en el año 2004, que no tuvo respuestas claras en la venta de semilla de soja en el país. Además de la posibilidad de poder acceder a nuevas tecnologías de última generación incorporadas a las semillas en numerosas especies.

En el caso de la soja, se informó que en Brasil será lanzada una nueva variedad a partir de 2012, que es resistente al glifosato y a insectos, que todavía no existe en el país.

En el país vecino ya se resolvió un mecanismo de reconocimiento de la propiedad intelectual, para proteger a los inventores y dar seguridad de uso al productor, cosa que en Argentina todavía no está dispuesto. El temor es que, sin acuerdo, en el país, esa soja ingrese de contrabando y no legalmente como todos los productores pretenden.

Es por ello que las investigaciones y las inversiones que se realizan para obtener la mejor semilla deben ser protegidas, de manera que en el futuro cercano se pueda disponer de la última tecnología para lograr el éxito buscado.

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