19 de junio de 2010 04:18 AM
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Por un nuevo horizonte en el agro

David Roggero, desde Córdoba, rearma su esquema de siembra, ante números que no terminan de cerrar

En el sudoeste de Córdoba, David Roggero está apuntando a reajustar la estrategia productiva y de negocios. Arrendamientos que no terminan de cerrar, junto a un repaso minucioso de los números, lo hacen concentrar sólo en campos con certeza de continuidad y a costos razonables. Clarín Rural dialogó con Roggero para conocer una realidad que afecta a buena parte de los productores del Interior argentino. De raíces ganaderas, la historia de los Roggero refleja la evolución que muchos productores tuvieron en los últimos años. Radicados en Laboulaye, pero con un campo propio de 400 hectáreas en Vicuña Mackenna, David Roggero y su padre Florentino se dedicaban al tambo. ”Fuimos muy buenos tamberos”, dispara David, recordando lo que hasta diez años atrás era su principal actividad. “Manejábamos un esquema con 400 hectáreas propias y otro tanto arrendadas, sobre las que producíamos 9.000 litros de leche”, recordó. Sin embargo, a inicios de esta década, decidieron deshacerse de lo que hasta entonces era su actividad principal. ”Los números no nos cerraban y el contexto tampoco era favorable”, recuerda. Los mejores números de los granos y la compleja situación de la producción tambera le hicieron pegar un golpe de timón. ”Si bien nos volcamos de lleno a la agricultura, nos quedaron 260 hectáreas de alfalfas en plena producción”, recuerda David. En consecuencia, acompañaron a la agricultura con una invernada intensiva, a base de alfalfa y suplementación con granos y silaje de maíz de propia producción. El esquema de complementación entre agricultura e invernada daba su rédito productivo. “Llegamos a producir 1.200 novillos de 420 kilos en 420 hectáreas, contando la superficie de alfalfa, más la destinada a la producción de maíz forrajero”, agregó. Sin embargo, luego de 3 años, la economía de la producción de carne tampoco daba su rédito, a pesar de los buenos índices productivos. “Desde entonces, toda la superficie que manejamos pasó a agricultura”, argumentó Roggero. En la última campaña, los Roggero gestionaron el negocio agrícola en alrededor de 3.000 hectáreas; manteniendo las 410 hectáreas propias y arrendando el resto en Vicuña Mackenna y Laboulaye, en Córdoba, y Villa Mercedes, en San Luis, totalizando 15 campos. Sin embargo, el 2010 parece marcar un nuevo punto de quiebre en la lógica productiva y de negocios de los Roggero. ”Como siempre apuntamos a una producción sustentable, tanto en lo económico como en el ecológico, estamos reordenando el esquema productivo”, explicó David Roggero. En concreto, dentro de los campos arrendados “sólo nos estamos quedando con los buenos y cuyos costos de alquiler permitan aspirar, al menos, a una renta mínima”, enfatizó.
Así, descartan aquellos campos que por los cortos plazos de alquiler o por los altos precios “proponen escenarios de renta nula o quebranto”, agregó categórico. En consecuencia, de cara a la campaña actual, piensa “con suerte llegar a las 2.000 hectáreas, contabilizando las propias”, aclara. A ello se suma que el planteo agronómico será defensivo, es decir, “cultivando gramíneas en lotes del campo propio y en aquellas situaciones de lotes arrendados en los que tenemos continuidad y dónde agronómicamente se torne necesaria su inclusión”, destacó preocupado. Como resultado de este escenario, Roggero tiene ya sembradas 320 hectáreas de trigo, proyecta entre 160 y 200 de maíz, y el resto irá a soja de primera. El campo propio se lleva una buena tajada de las gramíneas, ya que trata de mantener “al menos una rotación trigo/soja de segunda, maíz, soja de primera”, aclara. David tiene muy en claro el criterio de sustentabilidad económica y ambiental, y lo aplica en campo propio. Sin embargo, en las situaciones arrendadas “no siempre es fácil mantener el mismo criterio, al menos a los precios y plazos reinantes en las campañas pasadas”, reconoció. En consecuencia, su tendencia en la renegociación de condiciones contractuales es a la baja de los costos de alquiler, o a lo sumo a mantener aquellos en los que tiene condiciones aceptables. ”No se puede trabajar e invertir para que en años normales cambiemos la plata”, grafica.
Como ejemplo, en uno de sus mejores campos en cuanto a aptitud productiva, en la última campaña logró promedios de soja por encima de 3.000 kg/ha y de maíz mayores a 9.500 kg/ha. A pesar de ello, al analizar el resultado económico, determinó una rentabilidad levemente superior a cero. ”Agronómicamente se que estoy haciendo bien las cosas, pero evidentemente las condiciones de arrendamiento me están llevando a resultados próximos a la renta nula”, dice preocupado. Eso, obviamente, y con similar manejo, “no me ocurre en campo propio”, destacó. De cara al futuro, David apunta a que la situación se reacomode, ya que su caso no es la excepción. “Si mi diagnóstico es compartido, entiendo que conductas como la mía serán crecientes y el mercado se ajustará”, pronosticó. Está claro que el negocio agrícola bajo arrendamiento está en una etapa de reacomodamiento y ajuste. Será fundamental para los productores estar atentos para acomodar la estrategia empresaria a este nuevo escenario.

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