22 de junio de 2010 07:30 AM
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Moreno mantiene firme el freno a las importaciones de alimentos

El secretario de Comercio Interior continúa con su plan para evitar el ingreso de jugos, golosinas, pastas y cervezas que compiten con los nacionales

La importación de alimentos en la Argentina continúa sufriendo los embates del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien desde su despacho decide qué puede ingresar y qué no desde el exterior.  
Hoy jugos, golosinas, pastas y cervezas son algunos de los tantos productos afectados.

Sin embargo, la mayor preocupación de los empresarios es que no hay reglas claras: la discrecionalidad está a la orden del día. Sucede que el polémico funcionario no permite ciertas marcas de un alimento determinado, como por ejemplo la clásica cerveza Corona, pero sí autoriza otras de origen belga.

Según un matutino porteño, tampoco deja entrar jugo concentrado de ananá, que viene desde Filipinas, cuando no tiene competencia argentina.

El caos para ingresar alimentos al país comenzó cuando Moreno citó a principios de mayo a directivos de cadenas de supermercados para anunciarles que comenzaría a regir un plan de “importaciones cero” en aquellos rubros donde exista producción nacional.

Los primeros casos donde se sintió el impacto de esta prohibición fueron los del choclo en grano enlatado, que viene mayormente de Brasil, dado que la producción nacional no alcanza para abastecer el mercado interno. Luego, se comenzaron a registrar denuncias por las barreras al ingreso de chocolates, rubro que es abastecido por fabricantes de Europa, Brasil y Estados Unidos, principalmente.

Sin embargo, con el correr de las horas, los casos pasaron a involucrar a todo el universo de alimentos envasados, entre los que figuran, duraznos en almíbar, fiambres y embutidos y conservas de mar, entre otros artículos.

La filosofía del secretario de Comercio es simple: “Palmitos, sí. Jamón Crudo español, no“. Con esto dejó en claro que aquellos alimentos sin manufactura nacional podrían tener libre ingreso, mientras que los otros directamente pasarían a su “lista negra”. Sin embargo, como se señaló anteriormente, hay casos donde la no competencia local tampoco es una garantía.

La operatoria desplegada por Moreno fue simple pero efectiva: dado que para la importación de alimentos se requiere un certificado de “libre circulación” que otorgan los organismos sanitarios públicos, como el Senasa y el ANMAT, la Secretaría envió una orden a estas reparticiones para que todos las solicitudes, una vez que estuvieran aprobadas, sean dirigidas al propio escritorio de Moreno. De este modo, al no contar con los papeles necesarios, los empresarios no pudieron ingresar un solo producto.

Además, dio una segunda orden a la Aduana para que, en caso de que algún importador fuera con un certificado técnico sin el visto bueno de la Secretaría, no pudiera despachar la mercadería.

Si bien el funcionario había adelantado a los empresarios que la medida se iba a comenzar a aplicar el 1° de junio, lo cierto es que desde mayo comenzaron las restricciones.

El plan, que generó fuertes reacciones por parte de gobiernos de países de la Unión Europea, de Brasil y hasta de Uruguay –con amenazas de represalias incluidas-, puso en vilo a los empresarios que, de un día para el otro, no pudieron contar con alimentos importados.

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