24 de junio de 2010 19:09 PM
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Manejo de fardos

En la actualidad, las prácticas alimentarias en ganadería requieren de la conservación del forraje para el consumo de los animales en periodos críticos, ya sean bajas temperaturas o escasez de alimentos; sequías o periodos lluviosos.

El fardo se convierte así en una alternativa beneficiosa para preservar las cosechas vegetales, formando parte importante en la nutrición del ganado, en varias zonas del país.

Esta tecnología es aplicada a las pasturas u otros tipos de cultivos destinados a forraje, que primeramente se cortan y, una vez que estén secos, se procede a enrollarlos o prensarlos, para luego guardarlos en lugares cubiertos.

Existen dos tecnologías aplicadas al manejo del fardo; una es el fardo protegido, y la otra, el fardo desprotegido. Con estas prácticas diferenciadas se busca medir el tiempo de durabilidad de uno y otro (fardo protegido y desprotegido); y los valores nutricionales que posibilitan que el pasto seco persista por un periodo prolongado de tiempo.

De acuerdo a las experiencias realizadas, es sabido que el fardo protegido es de mayor calidad que un fardo desprotegido. El primero es mucho más duradero.
Cada fardo tiene alrededor de 450 kilos a 500 kilos, que se utiliza para la alimentación del ganado en diversas regiones del país. Un animal llega a consumir hasta 15 kilos de fardo por día, con lo que es posible calcular la cantidad de animales que se alimentan con un fardo de 500 kilos.

PROTECCIÓN DE FARDOS

Una de las maneras más convenientes de sacar provecho de los fardos es justamente protegiéndolos.

En ocasiones, algunos productores mantienen sus fardos bajo techo y otros lo dejan a la intemperie. Uno, lógicamente, puede inferir que los fardos desprotegidos duran menos; por ello, es recomendable cubrirlos con carpas. Esto ayudará a conservar el alimento sin la pérdida de sus valores nutricionales.
Si consideramos el valor nutritivo del forraje protegido, en realidad almacenamos desde 10% hasta 12% de proteínas y suficientes calorías que beneficiarán a futuro al animal.

En cambio, un descuido en la protección de los fardos, y su exposición a las variaciones climáticas, ocasionará su deterioro con el transcurrir del tiempo; y con ello la pérdida de valor nutritivo para los animales. Por eso, la recomendación es proteger al fardo, sobre todo de la luz solar, de la humedad y la lluvia.

Por otra parte, resulta evidente que un fardo con tres o cuatro años tendrá poco valor nutricional. Por ello, deben producirse y almacenarse en la medida que los animales lo necesiten, dado que su preparación implica tiempo, dinero y pasturas que pueden perderse, lo que no redunda en beneficio del productor

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