26 de junio de 2010 08:07 AM
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El dilema del rebaño y los pooles

Para defenderse mejor de los ataques, los animales se agrupan en rebaños y el distraído que se aleja casi siempre es devorado. En los negocios, las personas también tienden a seguir a la mayoría pero, al revés de lo que sucede con los animales, es el grupo el que usualmente termina mal y quien se aleja el más beneficiado.

Distintos estudios demuestran que las personas prefieren cuidar su imagen equivocándose a la par del resto a tener éxito tomando la dirección contraria. La crisis financiera global es un ejemplo de este fenómeno que incluye además conflicto de intereses, escasa regulación, codicia, fraude y sofisticación financiera. ¿Y por casa cómo andamos? El modelo de los "sin tierra" financiándose con el capital de inversores, a través de pooles no es nuevo, pero la proliferación de estos dejó al desnudo ciertas debilidades que deben corregirse. La responsabilidad de los operadores que administran pooles es proteger los intereses de los inversores con un balance entre el costo de los alquileres, la diversificación por producto y región, la eficiencia en la producción y la cobertura de precios. Desafortunadamente, muchos caen bajo el síndrome del rebaño cuando validan alquileres según el humor del mercado y bajo un conflicto de intereses por tener estructuras costosas que sólo pueden mantener administrando una mínima superficie. La falta de agua en la anterior campaña fue terrible, pero la falta de criterio en algunos pooles hizo que las pérdidas fueran aún mayores. Sin embargo, existen variantes para minimizar estos defectos y que el operador tenga al menos una parte de su capital también a riesgo, para que los intereses de ambos estén alineados. El mito de las economías de escala de los grandes pooles y supuestos mejores retornos se desplomó frente a pooles de menor tamaño pero con mayor flexibilidad y mejor gestión. Los inversores, desde el veterinario del pueblo al abogado de ciudad, tienden a confiar su dinero a los operadores por referencias, sin buscar a otros con trayectoria en resultados. Con ganancias que se multiplicaban año tras año, la mayoría disfrutaba de la fiesta e ignoraba las advertencias sobre la exuberancia irracional en la ecuación riesgo/retorno. A pesar de la paliza por las pérdidas de hace un año, muchos continúan subestimando el factor climático y que el negocio de commodities es en general de retorno limitado por el tipo de riesgo. Si bien muchas veces es mas fácil buscar chivos expiatorios ante malos resultados, los inversores deben hacer un mejor análisis al invertir, para evitar caer en eso de que la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer. Si bien existe la posibilidad de invertir en commodities no tradicionales como la nuez, olivos o vid que prometen altos retornos, estos debieran considerarse en su contexto de plazo/riesgo/retorno/liquidez y de manera marginal en el portafolio de un inversor. Los pooles en soja perdieron un poco de originalidad como instrumento de inversión y el desafío de los operadores es ampliar el menú de alternativas a productos como el maní, la papa o cítricos además de carnes, tambo y forestación en zonas más amplias, a mayores plazos y que ofrezcan distinto tipo de garantías. La compra de campos es otra alternativa, sobre todo para zonas marginales, por su mayor potencial de apreciación. Para lograrlo es crítico la calidad de los operadores, la solidez en las estructuras de los vehículos de inversión y el atractivo económico para aprovechar un universo de inversores que crece cada año y que busca alternativas de inversión que preserven el poder adquisitivo y con retornos razonables. El desafío es encontrar negocios que permitan generar ganancias para operadores e inversores y que estos últimos aumenten la exposición en el sector, constituyendo una fuente estable de financiamiento. Por Fernando Aftalión (h.)
El autor es consultor en agronegocios y docente universitario

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