26 de junio de 2010 18:01 PM
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Prevalece el efecto precio      Ignacio Iriarte

Desde el punto de vista de la demanda, por ahora parece ser más fuerte el valor de los precios de la gran barata que la menor calidad de los cortes...

En las últimas semanas se ha incrementado el volumen de carne que se vende a través de la "gran barata", la cual ha dejado ya de ser una anécdota. En muchas cuadras a la redonda de donde haya un súper o hipermercado que vende carne de la barata, a los carniceros les bajan las ventas y les resulta difícil colocar su propia carne que, si bien es mucho mejor, se vende a valores que resultan cerca del doble de los precios de la barata. El efecto de la "barata + 13 cortes" a precios políticos tiende ahora a extenderse al interior del país y también a los carniceros tradicionales, que reclaman también que se les deje vender esa carne tan económica. Ya hay centros de distribución de esa carne a bajos precios en el Gran Buenos Aires (GBA). Si se sigue sometiendo a las empresas llamadas "exportadoras", que faenan cerca del 30 por ciento del total nacional, a comprar la hacienda a valores de mercado y luego a vender una gran parte de la res (barata + 13 cortes) a un 40 por ciento por debajo de los valores del mercado, una de dos: o estos precios para el novillo no son sustentables, o las mismas empresas en estas condiciones no son sustentables. Ciérrese la exportación, oblíguese a vender gran parte de la res por debajo del valor de compra, cocínese a fuego lento. La barata y los 13 cortes empezaron como una anécdota: hoy su volumen ha comenzado a afectar al segmento del mercado que se dejó "libre". Detuvo la marca. Parte de la debilidad del precio del novillo puede adjudicarse también que a los supermercados, grandes animadores del mercado de novillo en pie, les resulta cada vez más tentador vender sobrantes baratos de exportación, o los 13 cortes, y abandonar su política de comprar novillos con un determinado nivel de calidad, faenarlos como usuarios y después vender los cortes en sus propias bocas, defendiendo una marca de carne propia. Con esta última operatoria pueden perder hoy mucho más dinero que trabajando la carne que forzadamente la abastecen los exportadores. Los súper e hipermercados venden 30-35 por ciento de la carne que se consume en la Argentina y el hecho de que varias de las cadenas más grandes compren muchos menos novillos, y opten por vender mayoritariamente carne a mitad de precio proveniente de los exportadores, no puede tener un efecto neutro sobre el precio del ganado y de la carne en su totalidad. Desde el punto de vista de la demanda, por ahora parece ser más fuerte que "efecto precio" de la gran barata al "efecto menor calidad": la mayor parte de los cortes que los exportadores proveen a los super para la barata proviene de novillos inferiores (para los gustos del consumo urbano) o sobre todo de vacas, éstas de todas las calidades, pesos y procedencias. Para la barata se busca incluso la buena manufactura. Nos dice un operador: "Se compra la vaca cruza del norte, porque en esa zona del país está barata. Esa vaca se mata en Rosario o GBA y su carne vuelve con la barata a los súper del Norte del país, para deprimir el mercado". Desde noviembre hasta ahora, el consumo per cápita de carne vacuna habría caído de 65 a 55 kilos. De este faltante, el pollo se haría cargo hasta ahora de 1,5 kilo, al pasar de 34 kilos en 2009 a 35,5 como consumo estimado en el primer trimestre del año. En cuanto a la carne de cerdo, crecería de siete kilos el año pasado a ocho. En el corto y mediano plazo, las carnes alternativas no podrán compensar los 10-15 kilos que se resignan en la ingesta de carne vacuna.

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