27 de junio de 2010 07:40 AM
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Colombia   –   Política agraria

Hay buenas nuevas en el panorama colombiano de la economía: ésta creció el primer trimestre de 2010, alcanzando un PIB del 4.4%. Si este ritmo continúa estaríamos ad portas de recuperar las tasas alcanzadas antes de la crisis de 2009, y, con una buena estrategia, superarlas.

En el gobierno de Uribe, que está por terminar, y gracias a sus políticas, la economía creció a ritmos importantes hasta el 2008, pero la crisis que siguió golpeó al país, aunque no en la dimensión que lo hizo en otros. El ingreso per cápita superó los cinco mil dólares anuales, el desempleo comenzó a descender y los índices de pobreza y miseria empezaron a disminuir (a pesar de que, por efectos de la crisis, los avances en todos estos indicadores se perdieron parcialmente).

El hecho es que el país en los últimos años, vistos globalmente, ha mejorado, pero siguen siendo muy altas la pobreza y la miseria. Los índices desigualdad muestran que las diferencias de ingresos entre los más pobres y los más ricos son todavía de las más altas en Latinoamérica, y como ha dicho repetidamente el director de Planeación Nacional, Esteban Piedrahíta, el lunar está en el campo. En efecto, la producción agraria sólo aumentó un 1.3% en los primeros tres meses de 2010. La explicación es sencilla. Todo mundo sabe que el campo ha sido el escenario por excelencia de la violencia sumada de paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes, que el despojo y el desplazamiento fueron la ley, y que el esfuerzo por pacificar y rescatar el campo, hecho por el gobierno de Uribe, si bien ha logrado que la producción agraria despegue, apenas está creando las condiciones para incrementarla masivamente. A esto se agrega el atraso atávico en la forma como se produce en importantes renglones agrícolas.

Si se cumpliera, así fuese parcialmente, el plan económico del gobierno de Santos, que propone crecimientos anuales del PIB superiores al 5.5%, estaríamos a punto de dar un gran salto. Recordemos que ha propuesto cinco políticas, llamadas metafóricamente por él, como locomotoras, que jalonarían la prosperidad colombiana: agro, la primera de todas; infraestructura, construcción de vivienda, minería e innovación.

La pregunta es cómo las materializaría. Por ejemplo, para continuar con el campo (dejando las otras locomotoras para posteriores análisis) ¿cuál sería su política agraria? El país necesita masificar su producción de alimentos, pero también el sector de la agroindustria (energética, flores, banano, café) y nuevos productos con valor agregado, como aceites ricos en propiedades para la salud o la industria farmacéutica y cosmética, todo con destino al mercado nacional e internacional. Ello requiere de capitales que soporten la gran producción, pero, igualmente, de una revolución que incorpore los avances de la biotecnología para mejorara la calidad y competitividad de nuestros productos. No podemos seguir cultivando papa como nos enseñaron los polacos en el Siglo XIX, y los agrobiocombustibles deben ser altamente productivos, para poner dos ejemplos. Sólo así podremos acceder al mercado internacional y mejorar la oferta propia nacional, en la era de la globalización que implica la firma de tratados de libre comercio. Lo que quiero decir es que al agro hay que aplicarle capital, innovación, y producción a escala.

Pero hay un componente social, que tiene que ver con la inclusión, la restitución y la equidad. Y hay una pista importante al respecto en lo que ha dicho y hecho Santos en estos días. En un debate en campaña le dijo a Petro que le gustaría incorporar a su programa las ideas de recuperar las tierras expropiadas por los mafiosos a los campesinos, para entregárselas a éstos. Santos habló con Petro sobre tierras en estos últimos días. Independientemente de la descalificación que sobre éste hicieron sus compañeros, y de la actitud que finalmente tome como dirigente frente a lo planteado ante Santos, si el presidente electo acepta la idea y la convierte en un eje de su política agraria, estaría haciendo historia. Cómo realizarla, es otro asunto que tiene que ver con la inoperancia de la ley de pérdida de dominio y otros factores que tendría que enfrentar. Y el diablo está en los detalles. Pero ejecutarla sería una verdadera muestra de que su gobierno de Unidad nacional es un compromiso que se cumple.

La idea de la restitución de las más de diez millones de hectáreas usurpadas por la fuerza a los campesinos, no sólo por la mafia, sino por los paramilitares y los guerrilleros (que también lo han hecho a gran escala), para que los pobres del campo puedan producir de manera competitiva en los mercados nacional y global, sean sujetos activos de crédito para acceder al capital necesario, con acompañamiento y asesoría para que puedan convertirse en empresarios y utilizar las ventajas de la revolución biotecnológica, sería la única manera de saldar una deuda histórica con la población rural colombiana, sin que se pierda el inmenso esfuerzo económico que ello significa y con el resultado de tener un campo que supere el atraso preindustrial y lo lleve a la modernidad.

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