28 de junio de 2010 18:42 PM
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La producción española de broilers, cautiva del mercado y de las empresas de integración

La producción española de broilers se basa en la integración vertical, un tipo de organización que surgió hace unos 35 años con el objetivo de ayudar a mejorar los resultados económicos de toda la cadena. Así, quien decide cuántos pollos se crían y cómo, son las direcciones generales de las empresas que aglutinan desde los mataderos hasta las fábricas de pienso o la producción de pollitos y que establecen contratos de integración con los ganaderos.

La producción de pollo en España está muy profesionalizada, contando con granjas de multiplicación, producción y cebo de pollitos tecnológicamente muy avanzadas, lo que facilita su manejo con poca mano de obra.

El esquema de producción actual se basa, mayoritariamente, en la integración vertical, una organización que surgió hace unos 35 años a partir de la necesidad de las fábricas de pienso de fabricar producto de manera "cautiva", es decir, programada para su consumo desde la propia fábrica, con objeto de ayudar a mejorar los resultados económicos del sector. De este modo, la planificación de la producción de carne se comenzó a dirigir desde las fábricas, las cuales se asociaron a mataderos o construyeron mataderos propios para transformar la producción y controlar todo el proceso.

En los últimos años, sin embargo, el peso de las decisiones de producción se ha desplazado a los propios mataderos, de manera que son las empresas propietarias de éstos las que organizar la producción de las aves necesarias para comercialización.

El Funcionamiento del Sistema

Una integración puede abarcar todo el proceso productivo -reproductoras, piensos, incubación-, y el de comercialización -matadero, despiece, elaborados-. De esta forma, en la actualidad el flujo de decisiones que caracteriza la gestión en la integración del pollo se inicia en un departamento comercial, encargado de evaluar la cantidad de canales, despieces etc, que es preciso comercializar, en función de la demanda de mercado, así como los pesos óptimos para venta y los parámetros de calidad.

A partir de estas previsiones la dirección del matadero optimizará la cadena de sacrificio y la sala de despiece, adecuándola a estos requisitos, a la vez que la dirección de la integración organizará la producción de pollo vivo a través de los contratos de integración con las explotaciones avícolas, gestionando las necesidades de pollitos a través de las plantas de incubación, fábricas de pienso, etc.

Por último la dirección financiera presupuestará y conseguirá los recursos para llevar a cabo la producción establecida, todo ello controlado y coordinado por una dirección general.

De esta forma, la producción del pollo constituye un engranaje necesario, pero no es el motor del proceso, ya que será la comercialización la que determina la marcha de la empresa, en tanto que la producción debe ajustarse en cuanto a cantidad, calidad, sanidad y costes finales del producto. Este esquema, que en última instancia depende del mercado, es decir, del frágil equilibrio entre oferta y demanda, está sujeto a oscilaciones y presiones importantes, sobre todo de los grandes clientes (distribuidoras, grandes superficies) que desestabilizan el sector y ejercen fuerte presión sobre los ganaderos.

Contrato de integración

En este contexto, las condiciones de producción se establecen de manera muy estricta mediante los contratos de integración con el productor, ya que la dirección de integración debe conseguir unos estándares de peso y calidad acordes con los exigidos por sus clientes y al menor coste posible.

La integración será siempre la propietaria de las aves, deberá aportar la asistencia técnica y el pienso para alimentarlas, y en su momento se responsabilizará de su retirada a mataderos propios o a la venta al mercado.

El avicultor, como figura, es parte fundamental en la integración, aunque se le exigirá un alto nivel de responsabilidad en el funcionamiento de sus granjas ya que quien asume el riesgo del mercado es la integración como dueña de los pollos.

El contrato de integración es un contrato civil que tiene por objeto fijar las condiciones en que debe llevarse a cabo la colaboración para la obtención de productos pecuarios y en el cual se fija su alcance, se especifican las obligaciones y los derechos de cada una de las partes y se establece su participación económica en función de sus aportaciones y de la producción obtenida.

Según este contrato, el ganadero cobra una cantidad invariable por animal cebado y kilo producido en perfectas condiciones sanitarias. Incluye igualmente complementos por mejorar los objetivos establecidos o penalizaciones si éstos no se alcanzan.

Una parte importante de la liquidación está condicionada por el índice de transformación y la consecución de los pesos objetivo de la empresa.

Los contratos de integración en avicultura de carne suelen constar de: una parte fija, otra variable, una especial y una última de servicios. La parte fija de la liquidación establece las cantidades a abonar al ganadero en función del número de pollos criados y el kilo de peso vivo. Lógicamente la integración que suele hacer pollos de peso elevado tenderá a dar más por unidad que por kilo, respecto de otra que produzca pollo menos pesado. Estos conceptos serán la base del contrato, sumándose o restándose a ellos la valoración de los conceptos de las otras partes.

La parte variable considera conceptos tales como: el consumo de pienso, primando su uso eficiente y penalizando el exceso de consumo o el mercado, de manera que se suma o resta una cantidad en función de la diferencia entre un teórico coste de producción -previamente fijado- y el precio marcado por el mercado.

Igualmente se pueden aplicar descuentos por bajo rendimiento de la canal o por superar el porcentaje de bajas estimado como normal.
En la parte especial del contrato se establecen devengos extraordinarios por conceptos tales como cargar los animales en festivos, por realizar pruebas con estirpes o medicaciones, primas de fidelidad, ayudas para calefacción, etc.

Por último, la parte de servicios incluye aquellos conceptos por los que el integrado puede reducir sus gastos generales o de estructura, ya que la integración se hace cargo de ellos o bien los reduce gracias a la posibilidad de trabajar con grandes volúmenes (financiación de combustible, carga, cama, material de granja, seguros de la nave,etc).

Posiblemente en el futuro, las relaciones contractuales en la producción del broiler, vendrán marcadas por una mayor incentivación de los conceptos relacionados con la sanidad del broiler y la calidad de la canal, en detrimento de las influencias actuales del peso y del índice de transformación.

Costes de producción

En la actualidad, los costes de producción del pollo se sitúan en torno a los 0,97 euros/kg, de los cuales, el 72 por ciento es el coste de pienso, el 15,3 por ciento se lo lleva el criador, el 12,4 por ciento es el coste del pollito y el 0,3 restante la medicación.
Debido a la incidencia de la alimentación en los costes totales de producción, se debe prestar especial atención al proceso de fabricación y al tipo de ingredientes utilizados, así como a las prácticas de racionamiento.

Las necesidades nutricionales del pollo de carne son perfectamente conocidas y los programas de alimentación están bien establecidos, pero su efectividad puede verse alterada por desajustes en la logística de transporte que, por ejemplo, hagan que el pienso de engorde en gránulo esté disponible antes de lo previsto, lo que provoca rechazos por dificultad en la ingesta.

Las estirpes actuales de pollo de carne tienen unas necesidades nutricionales muy exigentes, lo que limita el margen de maniobra del criador.

Obtener el peso objetivo a la edad requerida es el requisito imprescindible para la rentabilidad económica de la explotación.
La mayoría del pollo de carne engordado en España pertenece a dos estirpes Ross y Cobb, las cuales precisan de manejos nutricionales distintos. Los indicadores promedio en la producción española de aves de carne son; un peso medio de 2,7 kg obtenido en 48 días, a un ritmo de crecimiento diario de 57 gramos y con un índice de transformación de 2,05 kg de pienso por cada kilo engordado.

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