28 de junio de 2010 18:55 PM
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Roberto Sabrido: "Si hay un alimento transgénico en el mercado es porque ha pasado los controles más estrictos"

La Asociación Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN, aunque pertenece al Ministerio de Sanidad, mantiene una importante relación con el sector agroalimentario al responsabilizarse de la trazabilidad de los alimentos. Su presidente, el toledano Roberto Sabrido, asegura que "vivimos en el lugar más seguro del mundo en alimentación" aunque añade que "el riesgo cero no existe" y por ello justifica continuar investigando en dicha materia para prevenir posibles crisis. Asimismo, garantiza que los transgénicos que hay en el mercado son inocuos y afirma que la famosa y predicada Dieta Mediterránea, actualmente forma más parte de la cultura que de la vida cotidiana de los españoles.

Uno de los objetivos de la Agencia Española para la Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN, es promover el consumo de los productos sanos. Pero, ¿qué se considera un alimento sano?
Es todo alimento que consumido no produce ninguna patología. En seguridad alimentaria el objetivo fundamental es que los productos no produzcan daño.

Y, ¿un alimento sano, es un alimento de calidad?
Un alimento puede ser seguro, pero tener diferentes calidades. La calidad tiene que ver con varias cosas: el producto tiene que estar elaborado correctamente, siguiendo ciertos estándares que marca el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. Por ejemplo, una manzana se puede consumir en su momento óptimo de color, azúcar, etc, o cuando está un poco pocha; ahí se puede tomar porque es segura, pero no tiene la misma calidad.

Continuemos con la calidad de los alimentos: los diferentes eslabones de la cadena alimentaria entienden este concepto de forma diferente. Esta confusión, ¿no puede ser peligrosa?
Todo alimento debe ser seguro, pero no todos tienen que tener la misma calidad. Ésta también depende de la percepción del ciudadano, de sus gustos, pero nuestra responsabilidad es que todos sean inocuas.

Los agricultores y ganaderos son el primer eslabón de la cadena alimentaria. ¿Qué petición les haría para que produzcan alimentos seguros?
El sector primario debe entender tres cosas importantes: una, que es el responsable de poner alimentos seguros en el mercado, aunque la cadena luego tenga más eslabones; por ello, en segundo lugar, tiene que entender que los costes en seguridad alimentaria no son un gasto, sino una inversión. Y en tercer lugar, dispone de muchas herramientas que puede funcionar, como las guías de buenas prácticas agrarias en el caso de las pequeñas explotaciones.

¿Y la industria? ¿Qué debe hacer?
El concepto es el mismo: todos los eslabones de la cadena alimentaria deben saber que son responsables de la seguridad alimentaria y deben dedicarle financiación. Lo que pasa es que la industria transformadora, la que al final pone la marca en los productos, analiza mucho sus análisis de control y lo mismo debe hacer el productor primario, pero a su nivel.

En seguridad alimentaria y trazabilidad, ¿se puede hacer más o se ha llegado al máximo?
Se pueden hacer muchas cosas, no hemos llegado al tope. Estamos en el lugar del mundo más seguro respecto a alimentos, pero el riesgo cero no existe. Ni en seguridad alimentaria ni en nada. Por eso la autoridad europea y las agencias nacionales para la seguridad alimentaria debemos estar siempre vigilando e investigando toda la tecnología vinculada con la alimentación, para detectar riesgos.
Entonces, ¿aún se pueden establecer más controles y restricciones?
Los controles actuales son los adecuados, no nos hacen falta más. pero hay veces que por muchos control que pongamos no vemos el riesgo, de ahí la necesidad de investigar.

SIN MIEDO A LOS OGMS

Hablemos de Organismos Genéticamente Modificados, OGMs, o transgénicos. Aunque la Unión Europea acaba de aprobar nuevas variedades de maíz y de patata, lo cierto es que llevamos cierto retraso, por ejemplo, con Estados Unidos. En Europa, ¿somos hipócritas al limitar el cultivo de transgénicos y luego permitir que entren de terceros países?
No entran tantos… Pero en este aspecto, cada sociedad avanza en función de su propia idiosincrasia.

Entonces, ¿tiene que ver con el carácter de la población?
Evidentemente, hay sociedades que se han desarrollado más y en otras hay temas tabúes. En este sentido están los transgénicos o la irradiación de alimentos…

¿Qué es eso?
Es un método de desinfección y conservación. Asimismo, en el Parlamento Europeo tenemos ahora un debate abierto sobre el consumo de animales clonados, algo que se ha prohibido aunque en Estados Unidos se hace con naturalidad. La alimentación es un hecho cultural que tiene mucho que ver con lo que pensamos y cómo vivimos.

Centrémonos en el asunto de los transgénicos.
En Europa, cualquier producto que contenga más de un 0,9 por ciento de algún transgénico tiene que indicarlo en el etiquetado obligatoriamente…

Pues en los lineales de los supermercados es muy difícil encontrar estas etiquetas…
Porque si un alimento no tiene más de un 0,9 por ciento, no es obligatorio. No obstante, es preciso insistir en que aquellos OGMs que se permiten cultivar y consumir en la Unión Europea han pasado más controles que cualquier otro alimento y son seguros desde el puntos de vista sanitario. Se puede polemizar lo que se quiera, pero quienes debaten estos asuntos son prestigiosos investigadores que a veces tardan cinco o siete años en dar un dictamen pensado y bien recapacitado.

Entonces, ¿son productos seguros o no?
Si hay un alimento transgénico en el mercado es porque es seguro. A partir de ahí se pueden hacer debates medioambientales o de intereses comerciales, que son legítimos, pero el producto transgénico que está en el mercado ha pasado por los controles más estrictos.

"No usamos la Dieta Mediterránea"

El ciudadano medio español sabe comer, pero ¿también alimentarse correctamente?
No, según los datos de la Encuesta Nacional de Salud de 2006, un 51 por ciento de los españoles mayores de 16 años tenemos sobrepeso u obesidad y en los niños llegamos al 30 por ciento. Son unas cifras preocupantes. Además, en población infantil, estamos junto a Italia y Grecia, es decir, con países del arco mediterráneo donde se supone que tenemos la Dieta Mediterránea, algo que forma parte de nuestra cultura pero que no usamos.

¿Y por qué?
Hay varias causas, como el estilo de vida que llevamos. Se toman más platos preparados porque muchas veces, por el ritmo de vida que llevamos, es lo más cómodo, pero hay que decir que hay que tomar poca sal, pocas grasas y poco azúcar, además de consumir productos naturales como mucha fruta y verdura. Aunque no hay que criminalizar sólo a la alimentación, sino que también hay que moverse más. Somos una sociedad muy sedentaria. Por eso, queremos centrar la Estrategia NAOS en el lema "Come sano y muévete".

Una de los caminos de futuro de la industria agroalimentaria es la producción de alimentos precocinados, a los que se les incluyen precisamente más sales y grasas para que resulten más sabrosos. ¿AESAN recomienda que se reduzcan para que resulten platos más sanos?
En el mundo de la alimentación tiene éxito aquello que facilita las cosas en función de nuestro ritmo de vida. En la cuestión de la sal vamos a empezar ahora con más intensidad porque reduciendo su consumo se pueden evitar más de 11.000 muertes por problemas de hipertensión. No obstante, nosotros aconsejamos es consumir productos naturales mejor que preparados.

Actualmente, en los lineales se pueden encontrar alimentos prebióticos, con vitaminas, con minerales,… Con tanta variedad, ¿el consumidor puede llegar a pensar que los productos naturales no son tan beneficiosos?
La industria alimentaria ha visto que la salud es un valor añadido para las ventas y creo que hay un bombardeo excesivo de productos que a veces confunde al consumidor y por ello la Unión Europea hizo en 2006 un reglamento que pide que se demuestren las cualidades del producto. Pero todo lo que se investigue en biotecnología alimentaria es bueno, porque contribuirá a tener productos más sanos y con mayores beneficios. A veces digo que los alimentos más funcionales son las frutas y las verduras.

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