5 de junio de 2018 09:34 AM
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“En genética y maquinaria se creció, pero falta innovar en fertilización”

Ricardo Alonso, gerente general de Recuperar, cree que ahora el desafío es apostar a un manejo nutricional de punta.

La agricultura argentina es competitiva en el know how de la siembra directa y en la capacidad de adoptar rápidamente las nuevas tecnologías en semillas, agroquímicos y maquinaria agrícola, pero hay una asignatura que pendiente: lograr mayor eficiencia y precisión en la fertilización de los suelos para alcanzar mayores rendimientos -con menos insumos- y proteger ese recurso estratégico que es el suelo.

“La Argentina es uno de los países que menos análisis de suelo hace por tonelada producida”, le advirtió a Clarín Rural Ricardo Alonso, gerente general de la empresa Recuperar, que desde su base en Colonia Caroya -en el centro norte de Córdoba- produce fertilizantes microgranulados y correctores de suelo, entre otros productos, para el mercado argentino y para exportar.

La firma cordobesa se desarrolló a partir de la producción de correctores de suelos, que por su nivel de acidez ya no permitían aprovechar a fondo los fertilizantes -un problema que sigue vigente en muchas hectáreas-, y ahora apuesta a crecer exponencialmente de la mano de los fertilizantes microgranulados.

En la planta de la empresa, en Colonia Caroya, trabajan 32 operarios. Esta ubicación les permite estar cerca de los minerales de la cordillera y de las zonas productivas.

En la planta de la empresa, en Colonia Caroya, trabajan 32 operarios. Esta ubicación les permite estar cerca de los minerales de la cordillera y de las zonas productivas.

“Nosotros estimamos que el año pasado se incrementó un 500% el uso de esta tecnología de nutrición para los cultivos en la Argentina, contra un 7% que creció la apuesta a la fertilización”, destacó el gerente.

Las ventajas son claras. Las plantas aprovechan mucho mejor las nano partículas, que son cuatro veces más pequeñas que las de un fertilizante convencional, e incorporan en un mismo combo nitrógeno, fósforo, calcio, azufre, potasio y zinc. “Si utilizabas 120 kilos de fertilizante por hectárea en maíz, con los productos micro granulados necesitás sólo 30 kilos y la planta los aprovecha mejor”, aseguró Alonso.

La tecnología se desarrolló en Francia y España, y se comenzó a importar hace cuatro años. “Pero a nosotros nos pareció que las recetas que venían de Francia no iban a funcionar bien acá y nos dimos cuenta que teníamos la tecnología para hacerlo nosotros”, recordó (es un camino que también vieron empresas como Rizobacter en Pergamino).

El horizonte de desarrollo es muy interesante. A partir de las ventajas logísticas de este tecnología, es factible crecer en el mercado paraguayo, boliviano, uruguayo y también en brasileño, a través de la hidrovía de los ríos Paraná – Paraguay.

La verdad es que podemos ser proveedores privilegiados de toda la región de Mato Grosso en Brasil, donde crece fuerte la agricultura, y seguimos haciendo gestiones para subir por el Paraná con las barcazas hasta Corumbá, en el límite con Bolivia”, contó Alonso. En el 2012, el mercado externo representó el 40% de la facturación de la firma.

En la Argentina también están trabajando en yunta con la cadena manisera -“una gran extractora de calcio”, precisó Alonso- para mejorar los suelos y levantar los rindes. “Con arrendamientos a largo plazo, una buena estrategia de fertilización y una rotación que incluye pasturas, maíz y también soja, es impresionante como repuntan los rendimientos”, indicó.

El empresario está convencido que a la Argentina la falta inteligencia económica colectiva. “Nosotros podríamos producir nuestro propio zinc, por ejemplo, y acordar una plan de nutrición y corrección de los suelos que en muy poco tiempo nos permitiría llegar a las 200 millones de toneladas de granos en cada cosecha y con mayor sustentabilidad”, insistió Alonso.

Con ese potencial en la mira, la firma tiene previsto invertir en los próximos años $ 16 millones para ampliar su capacidad de almacenamiento en la planta de Colonia Caroya, en la que hoy trabajan 32 personas.

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