1 de julio de 2010 00:02 AM
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Uruguay  –   Balance agrícola y perspectivas

Los rendimientos que se obtuvieron en los cultivos de invierno en la última zafra fueron destacados. En trigo, el rinde medio llegó a 3.335 kg/há, lo que significa 17% más que en la anterior zafra y el máximo nivel de productividad en la historia del cultivo.

El dato se realza aún más si consideramos que se logró en una superficie que también fue récord: 553 mil hectáreas de siembra, que avanzaron más allá de la tradicional zona agrícola del Litoral. El análisis específico de esta variable se puede considerar auspicioso, ya que en la perspectiva histórica se consolida un salto productivo experimentado en los últimos años, que llega a un promedio de 3 mil kg/há desde 03/04 al presente, frente a 2,4 mil kg/há promedio en la segunda parte de la década de los 90. No es casualidad que a partir de ese año (2003) se iniciara en el país una profundización del cambio técnico y empresarial en el sector agrícola, propiciado por el crecimiento del cultivo de soja y la llegada de empresarios argentinos. Volviendo al análisis de la zafra, algo similar ocurrió con la cebada. Sin ser tan espectacular su crecimiento en área, también obtuvo un rendimiento medio récord en términos históricos (3.294 kg/há). Pero el ánimo respecto a cultivos de invierno no es triunfalista, ni mucho menos. No alcanzó con lograr muchos kilos por hectárea. Excesos de humedad al final del período propiciaron que la baja calidad de buena parte de la producción lograda haya sido la determinante de que, en términos generales, el resultado económico para el productor no sea positivo. La historia no está cerrada, ya que se ha dificultado sobremanera vender buena parte de la zafra, pero los distintos actores del sector tienen claro que el precio que obtendrán por su producción será menor al presupuestado a inicios de 2009. Específicamente en trigo, las exigencias del mercado exportador son más altas que las que ha planteado, históricamente, el mercado interno, por lo que la posibilidad de manejo más allá de las implicancias climáticas será importante en el resultado final del negocio. Cultivos de verano La abundancia de lluvias –que terminó afectando muy negativamente a los cultivos de invierno al final del ciclo y en plena cosecha–, en términos generales, tuvo un impacto positivo para los cultivos de verano. Decimos en términos generales ya que, en algunos casos, los excesos hídricos registrados también fueron perjudiciales, afectando directamente los rendimientos o, indirectamente, atrasando fechas de siembra fuera de los períodos óptimos. Si bien aún no están los datos oficiales de DIEA respecto a los resultados finales de la zafra, podemos manejar referencias que contribuyen al análisis. Los cultivos sembrados temprano, básicamente maíz y soja, lograron rendimientos de muy buenos a excelentes para el registro histórico de nuestro país. Como forma de aproximación y en base a consultas con distintos operadores, se puede estimar una referencia de 2,5 a 3 ton/há para la soja de 1ª, y en torno a 1,5 ton/há promedio para todo el universo de sojas de 2ª sembradas desde principios de diciembre hasta fines de enero. Con 45% de soja de 1ª y 55% de soja de 2ª, el rinde promedio esperado se acercará a las 2 ton/há. Sin ser un rendimiento excelente, se ubica en el promedio histórico del país y permite a las empresas obtener un resultado económico satisfactorio, que compensará los magros resultados que los cultivos de invierno han tenido en la mayor parte de los casos. Un aspecto que se constató en esta zafra es el impacto de la disponibilidad hídrica en el rendimiento de los cultivos de verano. En un año sin limitantes en este aspecto, las siembras tempranas "aprovecharon" el mayor potencial disponible, especialmente en los maíces y sojas de 1ª. En ambos casos se obtuvieron rendimientos récord, cercanos a los 3 mil kg/há en soja y a los 10 mil kg/há en maíz. Pero justamente es ésta una de las claves a tener presente. Para la mayor parte de los suelos uruguayos (a diferencia de los argentinos), la disponibilidad hídrica se relaciona mucho más con el régimen de lluvias durante la estación de crecimiento que con el agua almacenada en el perfil del suelo al momento de la siembra. Por ende, los pronósticos climáticos confiables de mediano plazo pasan a ser fundamentales en las estrategias de las empresas y, en menor medida, el nivel de reservas presente al momento de la siembra. Perspectivas 10/11 En el inicio de una nueva zafra agrícola surgen algunos aspectos de especial destaque. En primer término, lo que ocurre con la siembra de invierno. Es un dato de la realidad el descenso del área de siembra, cuya magnitud dependerá de la posibilidad de sembrar en fecha el área inicialmente planeada. Las perspectivas de un margen económico muy acotado para el cereal obligan a obtener altos rendimientos (4 a 4,5 ton/há) y la fecha de siembra óptima es una de las medidas de manejo que, junto a la elección de chacra, determinan los mayores impactos en este sentido. La persistencia de lluvias en junio ha demorado las labores durante este mes clave. Con la hipótesis más negativa de que el área de siembra baje 30% respecto al último año, se acercará entonces a 400 mil há, lo que supone un nivel elevado en términos históricos. Los números del trigo son muy ajustados para el ciclo que se inicia, por lo que entendemos que la apuesta del sector productor igualmente es muy importante. Para comprender la situación hay que recordar que solo algunos años atrás el rinde de equilibrio (necesario para cubrir los costos) se ubicó en torno a 2,5 ton/há y hoy se acerca a 3,5 ton/há. Una combinación de precios bajos y costos altos genera esta importante diferencia. Varios son los factores que determinan que las empresas, igualmente, apuesten por el trigo. Entre ellos destacamos la preocupación por el suelo y la necesidad de mantener las rotaciones establecidas, la diversificación del riesgo que implica contar con una opción más en el abanico de productos y la propia sinergia del sector con empresas de servicios prontas para trabajar, entre otras. Pasando a los cultivos de verano, la rentabilidad de la soja despeja el camino hacia un nuevo aumento del área de siembra de este cultivo. La última zafra inclina el partido hacia las siembras de primera, aunque es preciso recordar que fue un año excepcional en materia climática. Los datos de la DIEA nos muestran claramente que, para nuestras condiciones de producción (suelo y clima), las siembras tempranas tienen, en promedio, solo 10% más de rendimiento que las de 2ª. Lo de este año no ha sido la constante desde que irrumpió la soja en el país. La razón ya fue explicada al comienzo de esta nota: el agua que precisan los cultivos sembrados temprano para expresar el mayor potencial de rendimiento que tienen proviene principalmente de las lluvias y este factor ha sido comúnmente deficitario para marcar esas diferencias. La rotación amenazada Todo indica que la zafra que arranca profundizará el predominio de la soja en detrimento de los otros cultivos. Un elemento que parece estar claro es que no hay agricultura sustentable si no hay rotación de cultivos, y la información científica generada en nuestro país puede dar las pistas de las mejores combinaciones en cada tipo de suelo y ambiente. Entonces, ¿es correcto analizar la rentabilidad de la soja por separado o usarla para definir los arrendamientos? La destacada intención de siembra en trigo da la pauta de que las empresas miran otras cosas; si no, no se explicaría la fuerte apuesta ante un margen económico tan ajustado. Pero la solución de fondo debería incluir los costos no medidos que tiene la soja en el suelo y, en definitiva, medir la rentabilidad de la rotación en varios años. Los arrendamientos tendrían que seguir esta lógica y no ajustarse por el cultivo más rentable en un año, ya que es una ecuación sin sostén en el tiempo. Ya existen mecanismos y experiencias que van en este sentido.

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