1 de julio de 2010 08:02 AM
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Uruguay  –   Presión competitiva

Las exportaciones medidas en dólares han tenido una fuerte recuperación en los primeros meses de 2010, con tasas de crecimiento de entre 25 y 30% respecto al mismo período de 2009.

Sin embargo, cuando estas cifras en dólares se pasan a pesos, el desempeño luce mucho más humilde, porque el dólar tuvo una fuerte caída en el mercado local: en pesos, las exportaciones de los cinco primeros meses del año subieron 6,4% respecto al mismo período de 2009, tasa similar a la de la inflación. Así, puede decirse que las exportaciones de bienes no crecieron en términos reales. Otra luz amarilla la prendieron los datos del PBI. La economía en general creció 8,9% en el primer trimestre, algo sumamente positivo. El crecimiento se explica, sobre todo, por el aumento de la demanda interna de la economía (que subió 11% interanual), por la expansión del gasto de consumo final y por un fuerte aumento de la inversión (el año pasado la inversión privada había caído fuerte). En cambio, las exportaciones de bienes y servicios aumentaron en términos de volumen físico 3,8% interanual en el primer trimestre, bastante menos que el promedio. Esto genera mayor preocupación cuando se analiza la evolución de la competitividad-precio, la cual –medida a través del Tipo de Cambio Real (TCR)– ha tenido un fuerte deterioro en los últimos meses. El TCR mide cómo evoluciona la canasta básica de consumo en Uruguay (medida por el IPC) respecto al mismo indicador en otros países. Lo que se ve es que Uruguay se ha encarecido notoriamente respecto a sus principales socios comerciales, de tal forma que el TCR ya está por debajo de su nivel del año 2000, cuando la economía enfrentaba serios problemas de competitividad. Si bien la situación es diferente a la de aquel momento (Uruguay está exportando bien, en particular algunos sectores dinámicos del agronegocio como granos, carne, forestación y otros sectores industriales), este fuerte encarecimiento no es sostenible, sobre todo si se mira detenidamente lo que ha pasado en el mundo en estos meses. Luego de la crisis financiera en EEUU, el dólar se devaluó y ese país se abarató. Meses después, los problemas financieros llegaron a Europa y la reacción es la misma: se devalúa la moneda (el euro). En ambos casos, se argumenta que –a mediano plazo– la salida llegará por una mayor importancia de las exportaciones. Así, no se necesita demasiada pericia para estimar que la competencia en los mercados mundiales se intensificará. Aunque Uruguay aprovecha bien la demanda emergente del Asia y también oportunidades que brinda el buen desempeño de las economías regionales, el fuerte encarecimiento reciente no se supera solo con mayor productividad y deberá ser corregido tarde o temprano. En Uruguay, la caída del dólar fue más aguda que en otros lugares porque muchos agentes (locales e internacionales) se desprendieron de dólares para colocar en deuda local de corto plazo, realizando ganancias sustancialmente mayores a las que ofrece quedarse en dólares. Esa deuda de corto plazo ha sido ofrecida por el Banco Central que, en su afán de frenar la caída del dólar, compraba esta divisa en el mercado y –para retirar los pesos que se volcaban– emitía deuda, a tasas atractivas, en un círculo vicioso que erosionaba el resultado de la autoridad monetaria y tenía el efecto contrario al que se pretendía lograr. Mientras las colocaciones en dólares a nivel internacional ofrecen, con suerte, tasas de 3% anual (en la banca local no se llega a 1%), una colocación en letras del Banco Central da una rentabilidad nominal de cerca de 10%, tasa que –medida en dólares– puede triplicarse si (como sucedió) el dólar baja. Este estímulo a la especulación financiera de corto plazo operó a todo nivel: especuladores que toman dólares prestados para colocar en Uruguay a tasas mayores (carry trade), bancos que se posicionaron en pesos para captar renta que es difícil de conseguir por la simple intermediación financiera (captar depósitos y prestar plata) y consumidores que, teniendo ahorros en dólares, ven más conveniente gastarlos que retenerlos, pues no rentan y pierden valor. Esta dinámica ya era motivo de preocupación hace varios meses en el seno del equipo económico, que instrumentó cambios en su estrategia de endeudamiento para romper el referido círculo vicioso deuda-dólar. Es una modificación en las prioridades: el tipo de cambio bajó tanto que se volvió prioridad subirlo, y no se teme que la inflación se eleve en forma desmedida por esta eventualidad. En este cambio de prioridades tuvo incidencia la preocupación que expresó públicamente el presidente Mujica por la caída del dólar y la competitividad. Luego de estos anuncios y pronunciamientos el dólar subió, aunque aún resta ver si se logra recomponer al menos parte de la competitividad perdida. Si esto no sucede, las exportaciones comenzarán a sufrir el efecto del aumento de costos relativos, en particul­ar los rubros que incluyen más trabajo en su proceso de producción.

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