1 de julio de 2010 08:33 AM
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Mantienen la expectativa por mejoras en la cadena apícola

La apicultura es una de las actividades más particulares y de dedicación más disímil de lo que al campo atañe.

A nivel territorial y según datos del Instituto Provincial de Estadísticas a junio del año anterior, existían 18.349 colmenares, con una producción total estimada en 261.647 kilos de miel, de los cuales 2.055 colmenas están en el departamento Castellanos y brindaron 26.708 kilos de producto. De este detalle, la producción en el departamento está repartida en algunas localidades, tales como Ataliva con 20 colmenas y 1.300 kilos, Bella Italia 130 y 3.300, Colonia Aldao 420 y 7.550, Tacurales 165 y 4.400, Egusquiza 160 y 4.000, Galisteo 210 y 3.350, Saguier 100 y 55, Susana 80 y 25; y finalmente Rafaela y su zona rural con 770 colmenas y 2.728 kilos de miel conseguida, tal como indicaban los datos de hace un año.
Lo cierto es que esta tarea que tiene mucho de afición y sentimiento por el quehacer, no está atravesando su mejor momento, con lo cual el ánimo de los productores no cuenta con la pujanza que debería, teniendo en cuenta que el trabajo con las abejas colabora de manera trascendente con la continuidad del ciclo vital, ecológico y sistemático de la naturaleza.
Enrique Vaudagna, presidente de la Asociación de Apicultores de Rafaela, junto con el secretario de la entidad local, Daniel Chiabrando analizaron con LA OPINION la realidad productiva a nivel local y regional.
"En esta zona la apicultura es fundamentalmente complementaria, somos pocos los que vivimos directamente de la actividad, de manera exclusiva. Eso es un fenómeno sociológico por el potencial laboral que tiene Rafaela, porque esto se ve en el Consejo Apícola Provincial, por ejemplo en el Nodo Ceres, allí los productores se dedican de manera exclusiva, porque no hay demanda laboral en otros sectores", señaló Vaudagna que conduce la institución que agrupa a unos 50 apicultores, desde hace unos tres años y medio, funcionando en instalaciones de la Municipalidad de Rafaela.

La provincia de Santa Fe otorgó el año anterior una serie de subsidios a la producción, con tres criterios fundamentales de otorgamiento como el domicilio efectivo en el territorio, una solicitud de ayuda económica; y la actualización de los registros de producción apícola (Renapa).
A esto se sumaron algunas inspecciones al azar que hizo el Consejo Apícola del Ministerio de la Producción, que por falta de personal no pudo relevar a todo el padrón para la entrega de estos subsidios. Del mismo modo, la Nación entregó reintegros de las retenciones del diez por ciento que recaen sobre la miel desde hace años, tomando los mismos Renapa.
El nivel cualitativo de la producción nacional es muy bueno, teniendo en cuenta la capacitación de la mano de obra, así como la cualificación del producto, ya que la miel nacional en muchos casos se usa para "cortar" con otras de menor calidad. En cuanto a establecimientos y corrección de residuos la mejora se da de manera constante, ya que el país también produce maquinaria e implementos que hacen a la actividad, que no demanda demasiado de inversión inicial, pero si requiere dedicación, conocimiento y desarrollo constante de las colmenas.

EN NUMEROS

El precio de la miel actualmente, en comparación con la curva histórica, se pueden considerar "muy buenos", superando los promedios habituales, ya que como se está dando una etapa de mortandad de abejas en el mundo entero, incluyendo a nuestro país, pero con más énfasis en Estados Unidos por el síndrome de despoblación de colmenas, que llevaría a reducir a la mitad el total de la miel disponible para la venta.
No se descarta que la proliferación del uso de agroquímicos atente contra las abejas, e incluso con el crecimiento de maleza que para los insectos representaba alimento, con lo cual se deben cumplir las buenas prácticas agrícolas para no llegar a afectar las cantidades producidas finales, ya que entre otras cosas el ciclo vital se acorta.
Por otra parte, se da el caso de China, que pasó de ser productor, a comprar más producto para el consumo, por el incremento del poder adquisitivo, entonces quita volumen y se reduce la oferta global. Estos dos componentes son los que llevan a 8,40 pesos más IVA, en tambores que concentran hasta 335 kilos.
Con un consumo interno de 180 a 220 gramos de miel por año, per cápita a nivel nacional, la producción se libera en un 95 por ciento para la exportación, Por lo tanto las oportunidades de salir al comercio exterior son muchas, sin embargo los rindes de la producción no acompañan el proceso, habiéndose reducido de un standard de 30 kilos por colmena a una nulidad en la última primavera, a causa de la sequía, la mortandad de las abejas, la necesidad de suplementar el alimento previo a la etapa de pecoreo.
Este panorama parece revertirse en la expectativa para el próximo año, porque "las condiciones climáticas aparentan ser favorables, pero la actividad está resentida por la mortandad que hubo", señaló Vaudagna, al tiempo que Chiabrando remarca como primer objetivo el de recuperar cajones, para llegar a la cosecha en condiciones positivas, pero recién para la campaña de 2011. Ante todo esto, hay cautela en el tema precios, por el comportamiento de los compradores a nivel global en el corto plazo.
Los apicultores locales venden a través de acopiadores, exportadores o cooperativas, pero todo el movimiento depende de la normalización que se pretende desde el sector productivo, así como desde el Gobierno provincial para poder definir alternativas y políticas que colaboren con un avance concreto de la actividad, que bastante ordenada está en Santa Fe.
La idea de los productores locales es comenzar a ampliar las fronteras, con la buena base de abejas italianas que ya se adaptaron desde hace unas cuatro décadas, avaladas por investigaciones y pruebas que hacen que las abejas que se desarrollan en el país sean mejores que cualquier otra especie, por eso el planteo de salir de las fronteras provinciales, para buscar oportunidades y nichos de mayor proliferación.
En muchos puntos el trabajo con las abejas se puede ver como el desempeño de los tambos, una actividad familiar, donde todos aportan lo suyo para poder seguir y principalmente porque la rentabilidad nunca termina de ser suficiente para recuperar horas largas de trabajo, así como inversiones, cuidados de los insectos y cumplimientos de normas.

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