16 de junio de 2018 11:44 AM
Imprimir

Ganadería: comederos inteligentes e índices para medir la conversión

Hay que medir la conversión para tomar mejores decisiones.

Soy médico veterinario y me desempeño como gerente comercial de Debernardi SRL, una empresa familiar que desde hace 38 años se dedica al mejoramiento genético de rodeos bovinos para la producción de carne y de leche. Además, somos productores de ciclo completo y criamos Angus en el partido de América, Buenos Aires.

Un tema que desvela a todos los que hacemos ganadería es la eficiencia de conversión, es decir, mejorar el mecanismo por el cual los animales convierten la comida en carne, leche y derivados.

Pequeños cambios que se pudieran lograr tendrían un enorme impacto en la rentabilidad del negocio.

Quiero compartir las experiencias que se están haciendo en los Estados Unidos con comederos inteligentes y el desarrollo de un nuevo índice de medición entre la industria, las asociaciones y las universidades.

Hasta ahora, la industria ganadera de los Estados Unidos ha sido muy eficiente en seleccionar animales que crecen más rápido y que producen más cantidad de kilos.

Como consecuencia de esto, si bien el stock ha disminuido, se producen muchos más kilos de carne por carcasa. Ahora bien, que hayan sido eficientes en producir más carne no quiere decir que lo hayan sido en el uso de la comida o en el uso del maíz en general.

Los animales que crecen y producen más también consumen más, porque hay una correlación positiva entre crecimiento, consumo y tamaño. Entonces, una manera de mejorar la eficiencia de conversión es empezar a medir el consumo de alimento y el aumento de peso diario de cada animal.

La novedad de los comederos inteligentes es que pueden medir exactamente lo que el animal ingiere mediante el uso de caravanas electrónicas y balanzas de alta precisión ubicadas en el camino a las aguadas; todos los días, en cada bocado.

El tema no finaliza acá y es parte de las investigaciones que se están desarrollando en Estados Unidos y en el mundo en general.

En definitiva, un animal que convierte mejor el maíz no siempre genera vacas que sean rentables y eficientes. Es decir, si dirigimos la selección únicamente por la eficiencia de conversión, haremos animales de mayor tamaño, con mayores requerimientos energéticos y metabólicos.

Por eso, la industria en ese país creó el índice Residual Feed Intake, conocido como RFI, para incorporar la eficiencia de conversión.

ÍEl RFI surge de ensayos donde se expone a un grupo de animales a dietas de alto contenido forrajero en comedores inteligentes, donde se los mide y compara con tablas que orientan cuánto deberían haber consumido para lograr ese crecimiento.

En la comparación, se seleccionan aquellos animales que consumieron menos de lo que deberían según su crecimiento medido. El RFI detecta cuáles son los animales que utilizan menos energía para crecer y los pondera como los más eficientes.

La información que se genera a través de estos protocolos de trabajo es enviada a las asociaciones como American Angus Association o Red Angus Association para procesar y, sobre la base de esos datos, empezar a desarrollar DEP sobre eficiencia de conversión.

Desde nuestra visión, este es un rasgo genético que puede tener un impacto enorme en la economía y que se suma a la ecuación de factores que hacen al mejoramiento genético, tal como la fertilidad, el crecimiento, la habilidad materna, la facilidad de parto o la sanidad de las pezuñas.

Por: Santiago Debernardi
Fuente:

Publicidad