17 de junio de 2018 12:41 PM
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Lo que nos reveló el escándalo de la carne

Paraguay :  El escándalo de la carne con el caso Frigorífico Concepción evidenció varias cosas. Los “señores” que manejaban el negocio venían metidos en un internismo feroz, más allá de la cuestión comercial de la oferta y la demanda o de una puja por mantener el estatus quo sobre el manejo de los precios de […]

Paraguay :  El escándalo de la carne con el caso Frigorífico Concepción evidenció varias cosas. Los “señores” que manejaban el negocio venían metidos en un internismo feroz, más allá de la cuestión comercial de la oferta y la demanda o de una puja por mantener el estatus quo sobre el manejo de los precios de la carne.

Uno de los aspectos evidenciados fue lo que finalmente se decidió con una nueva resolución del 12 de junio último del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), que deja sin efecto la disposición del anterior titular Dr. Hugo Idoyaga, quien monopolizaba la comercialización de vacunas antiaftosa y antibrucélica a cargo de la Fundación Servicios de Salud Animal (Fundasa), que era presidida por el ganadero Carlos Trapani. Un negocio que al año mueve US$ 30 millones.

Idoyaga estableció que “única y exclusivamente” la comercialización debía realizarse a través de la Fundasa. Más de 1.200 casas expendedoras de vacunas quedaron inhabilitadas y conformaron una asociación, desde la cual solicitaron la reconsideración a las autoridades del Senacsa, quienes estudiaron y analizaron con el equipo técnico y jurídico de la institución la medida.

Al nuevo titular del Senacsa le resultó llamativo el acuerdo por el cual se establecía dicha exclusividad. El año pasado se firmó el Acuerdo Marco de Cooperación entre el Senacsa y la Fundasa para llevar adelante las actividades de inmunización, fiscalización y registro enmarcadas en el Programa Nacional de Erradicación de la Fiebre Aftosa y el Programa Nacional de Control, Prevención y Erradicación de la Brucelosis, sin perjuicio de incluir otros programas de lucha contra enfermedades que afectan a la salud animal, en el marco de la legislación nacional. El convenio tenía una duración de diez años, por lo que sí se mantenía el monopolio de la vacunación.

El raje de Idoyaga del Senacsa tras el escándalo de Concepción puso en jaque este acuerdo y vaya coincidencia, salta la historia de la supuesta coima, teniendo como protagonistas de la denuncia nada más y nada menos que a Idoyaga y Trapani, los mismos que veían caer el acuerdo por 10 años que había sido recientemente firmado y que al anualmente generaba US$ 30 millones.

Según el ministro Gneiting, las auditorías en el Senacsa siguen y van apareciendo más informaciones, algunas que podrían caer como una bomba. Desde faltas administrativas gravísimas y fallas en el sistema de control para la autorización de carne importada a frigoríficos de exportación.

Lo claro es lo referente a la presunta coima que desvió totalmente la atención de los manejos pocos claros encontrados en la gestión de Idoyaga y que el mismo está obligado a responder.

Otro de los puntos revelados es que el brasileño Jair Antonio de Lima, propietario del Frigorífico Concepción, era un jugador demasiado arriesgado y peligroso para los miembros de la rural, por lo que también le tendieron una trampa para evidenciar la jugada que venía desarrollando (fuera de la ley, por cierto), pero forzado quizás por la fuerte presión que tenía encima, puesto que al ver la ventaja de precios en el Brasil tomó la iniciativa de apostar fuertemente al ingreso de carne importada para hacer la diferencia en el precio y competir.

Esta diferencia de costos, que un jugador grande como Concepción lograba imponer, desbarató a sus otros competidores, quienes aprovecharon el contacto y “acuerdo” que tenían con Idoyaga para forzarlo a regular la emisión de certificados sanitarios para el ingreso de carne importada.

Jair cometió dos errores imperdonables: pretender desmarcarse del resto de los frigoríficos con precios competitivos, aprovechando la ventaja en el Brasil y antes que recurrir a las instancias correspondientes para denunciar el “bullying” comercial, puenteó las documentaciones requeridas para hacer que todas sus actividades sean legales.

Al final, con toda esta historia revelada, por un lado, los más perjudicados fuimos los consumidores finales de la carne, que cuando estábamos en puertas de aprovechar un buen precio del producto, se cae el esquema. Por otro lado, en positivo, esto sirvió para desnudar un esquema perverso y evidenciar que, había sido, detrás de esos que se presentan como los grandes referentes de la sociedad existe una tremenda hipocresía apuntalada por cómo acumular más del vil metal. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Por Jorge Torres Romero, periodista

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