3 de julio de 2010 09:15 AM
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Soja, visión 2020

El Programa de Agro- negocios de la Fauba presentó su trabajo sobre la cadena sojer.

Cuando comenzamos a analizar el sistema del agronegocio de la soja en la Argentina, y sus perspectivas hacia el 2020, trabajo que reflejamos en el libro que presentamos esta semana (Ver Lo que viene ), apuntamos al análisis de las relaciones entre los jugadores de la cadena, la identificación de puntos críticos en la coordinación de ese sistema y el postulado de acciones colectivas que beneficien al sistema pensado como un todo. El trabajo nos permite ver la elevada competitividad actual del país en relación al resto del mundo en el agronegocio de la soja. Argentina es el país que más incrementó la producción respecto a sus principales competidores, aumentando en forma sostenida su participación en la producción y exportación de aceite y harinas y bajando su participación en la exportación de grano de soja sin procesar, rubro en el que es el tercer productor mundial.En Argentina, desde los años 70, la superficie sembrada ha crecido en forma sostenida, pasando de las 37.000 hectáreas en 1970-1971 a las 16,6 millones de hectáreas en 2008-2009. Es, sin duda, un gran “agregador” de valor, como algunas otras actividades agrícolas, produciendo 23.000 millones de dólares con insumos por sólo 2.100 millones de dólares.Es decir, agrega valor multiplicando por once, haciendo un uso apropiado de tecnología y en base a un ajustado sistema de negocios que permite transformar eficientemente luz solar en aceites y proteínas de máxima calidad.La cadena sojera exporta por 22.000 millones de dólares e importa por solo el 10 % de ese valor, generando el 31% de las divisas y 7.000 millones de dólares de retenciones, según cifras de 2008. Argentina es un jugador central en el mundo, ocupando el primer lugar en la exportación de aceites y harinas proteicas de soja.La elevada eficiencia desde la producción, la industria nacional, la evolución de los ambientes organizacional y tecnológico, son la base sobre la cual se ha construido toda esta competitividad. En este sentido, cabe destacar que el ambiente institucional en el cual se ha construido esta competitividad no ha sido siempre favorable.Como aspectos débiles que afectan la competitividad cabe mencionar el grado creciente de intervencionismo e imprevisibilidad que ha restado competitividad y el bajo nivel de “enforcement” de la ley en lo relacionado al derecho de propiedad intelectual. Este último punto es crítico, porque atenta contra la mejora sostenida de los rendimientos, si no se protegen más eficientemente los derechos del obtentor y se reduce la comercialización de semilla no fiscalizada. Sin lugar a dudas, la actividad soja es un significativo instrumento de desarrollo regional, ya sea por lo expuesto anteriormente, como por la radicación de las plantas y puertos en las provincias, la extensa red de acopios en toda la zona centro-norte de nuestro país y las demandas locales de insumos y derivados que traccionan la economía nacional generando empleo y desarrollo en los pueblos y en la nación toda.Entre los déficit tenemos algunos aspectos vinculados al transporte y logística, especialmente en las zonas extra pampeanas, donde las largas distancias se suman a la falta de estructura industrial local, al estado de las carreteras y al bajo uso transporte ferroviario. En el ámbito de la investigación científica hay un déficit considerable con respecto a nuestros competidores inmediatos. Se necesita incrementar los presupuestos de investigación a nivel oficial y privado.El mantenimiento de la competitividad en la Argentina estará altamente relacionada a una producción económica, ambiental y socialmente sustentable. Se espera que sea necesario aumentar la oferta de soja para poder atender la creciente demanda mundial de alimento y energía. Este objetivo requiere un nivel de pensamiento estratégico por encima del ya realizado.El marco en los próximos años es un escenario nacional e internacional que ha ganado en complejidad, pero también sabemos que las recompensas a quienes resuelvan las dificultades serán mayores. Tenemos recursos naturales, tecnología, productores experimentados y un marco organizativo adecuado. Si logramos alinear entre todos la institucionalidad, construiremos nuevas ventajas competitivas y seremos parte de los ganadores. Con este objetivo, las nuevas líneas de investigación deben abarcar a todos los actores para contribuir a generar una acción colectiva, una visión compartida y metas comunes, favoreciendo así la construcción de capital social.Fernando Vilella – Sebastián Senesi : los autores son director y subdirector del Programa de Agronegocios de la Facultad de Agronomía de la UBA

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