1 de julio de 2018 14:03 PM
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Agroindustria :El semáforo que enciende el dólar

El autor analiza qué actividades resultan más afectadas, y cuáles más beneficiadas, por el salto del tipo de cambio de las últimas semanas.

Campo y dólar, quién gana y quién pierde en esta relación de alto voltaje. Está claro que el sector agropecuario, es altamente dinámico y frente a reglas de juego claras, es el que mayor aceleración puede imprimirle a los cambios.

Si bien un tipo de cambio competitivo mejora las performance de las actividades agrícolas y regionales principalmente, un tipo de cambio volátil implica incertidumbre y bajo ella la toma de decisiones se posterga.

La heterogeneidad de las producciones argentinas hace que frente al salto pronunciado hacia arriba que experimentó el tipo de cambio peso-dólar, el semáforo encienda sus luces de distintos colores, los clásicos verde, amarillo y rojo, casi a la par. Y todo depende de qué actividad estemos analizando.

Empecemos por la luz roja, aquí encontramos todas aquellas actividades pecuarias que sin tener su resultado atado al tipo de cambio, a su vez si tienen insumos que lo están, básicamente todas aquellas actividades que convierten cereal y oleaginosas en proteínas, ya sea en forma de carne (ganadería, porcinos, pollos parrilleros), leche (tambos) o huevo (gallinas ponedoras).

Estas producciones no solo se vieron afectadas como el resto con la suba de tarifas (eléctrica), impuestos (inmobiliario) y combustibles (gasoil), sino que también su costo de alimentación se incrementó en forma directa debido a que sus insumos productivos para la confección de alimentos balanceados están directamente relacionados con la paridad cambiaria del dólar.

Cuando se enciende la luz amarilla, ingresan en este sector las producciones regionales, que con un tipo de cambio más retrasado estaban en el rojo, pero la paridad actual les mejora el competitividad de exportación abriéndose una luz para mejorar la difícil situación que venían pasando.

Eso sí este procesos de mejora de competitividad externa, si no es apoyado en una reconversión de tecnologías y adecuación productiva, se irá diluyendo por efecto de la inflación interna de los costos productivos. En este caso, aprovechar las diferentes velocidades entre costos y producto final para dar un respiro que pueda sostener el recambio, parece ser lo más saludable.

Los cultivos, como el maíz y la soja, se fortalecen en este escenario, pero vienen de una campaña difícil por la sequía.

Los cultivos, como el maíz y la soja, se fortalecen en este escenario, pero vienen de una campaña difícil por la sequía.

En luz verde encontramos aquellas producciones cuyo resultado final está directamente relacionado con el tipo de cambio. Este es el caso de los cereales y las oleaginosas.

La agricultura argentina tiene un alto nivel de competitividad y eso, sumado a su alta capacidad de aceleración, la posicionan con una ventaja relativa frente al resto de las actividades del sector.

Su performance dependerá de que la ecuación actual no sea retrasada por medidas distorsivas, como resultaron las retenciones, que de frenarse o reimplantarse porvocaría un efecto que quitaría dinamismo al proceso, iniciando un juego de “suma cero” para el país.

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