7 de julio de 2018 12:01 PM
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La soja, una nueva aliada de la caña en las rotaciones

La oleaginosa corta el ciclo del cultivo clásico y sanitiza el suelo; en suma, la ecuación final agronómica es mejor.

La soja también se está haciendo lugar entre las diversas actividades de Ledesma. Y ofrece beneficios que van más allá de los rindes comerciales. Aquí se pondera especialmente el rol de sanitizador de los lotes de caña: la oleaginosa corta el ciclo de ciertas malezas y de la microflora del suelo. Además, comprobaron que, como también sucede en otras rotaciones, después de un ciclo sojero la caña de azúcar rinde más.

Si bien hace 8 años que se cultiva de manera regular, en las últimas tres campañas se ha implementado de manera sistemática y progresiva. El proceso ha crecido desde las primeras 20 hectáreas, en 2016, hasta las 450 que se implantaron en la última campaña, con rendimientos de entre 1.500 y 2.000 kg/ha. En la próxima, se duplicará la superficie: está planificado plantar 1.000 hectáreas en el próximo enero.

“La caña, que se corta todos los años pero se resiembra cada cinco, tiene dos épocas de plantación: una en diciembre y otra en invierno. Esta última modalidad tiene la ventaja de no perder ninguna temporada típica de producción cañera, pero tiene la contra de que no se puede hacer ningún tipo de barbecho para limpiar el lote de malezas de origen parecida a la caña, por ejemplo las gramíneas; con las de hoja ancha es más factible el control.

La segunda desventaja es que sin rotaciones de cultivos, la microflora del suelo que ataca a la caña se sigue reproduciendo. Algunos patógenos se van reproduciendo al tener la misma comida, si se siembra la misma especie. Pero al cambiar por una leguminosa se balancea ese impacto en el lote”, explica Fernando Del Pino, gerente de Operaciones de Azúcar y Alcohol.

Las plantaciones de caña en diciembre-enero ofrecen tres meses para hacer un barbecho químico, por ejemplo con glifosato, y reacondicionar el suelo para el cultivo. Sin embargo, la principal desventaja de eso es que se pierde prácticamente un ciclo, ya que no se puede cortar la caña el invierno siguiente y por ende se deben esperar 18 meses para el primer corte.

De esa “pérdida” se encarga la soja; la compensa con mejores rindes de la nueva caña, que en vez de 5 años suele aguantar bien uno más, por el desarrollo radicular superior de la caña y porque son campos que llegan muy limpios, con un balance edafológico muy bueno. O sea, una caña rotada con soja en verano, que tiene 12 meses de desarrollo, brinda rindes parecidos a una caña de 18 meses plantada sin la rotación con soja”.

En este esquema, la soja se planta entre el 15 de diciembre y el 15 de enero, se cosecha en la segunda quincena de mayo, y luego de eso se planta la caña, que ofrece rindes muy buenos; no sólo el primer año sino también en los últimos del lustro habitual. “Estos lotes están dando rindes como para dejar la misma caña un año más, lo cual es una importante ventaja agronómico-operativa”, resaltó Del Pino ante Clarín Rural.

La renta comercial de la soja, si bien no es desdeñable, no es aquí la principal aspiración todavía, porque al pensarse como complemento de la caña -lo que podría considerarse un cultivo de servicio- no se priorizan las recomendaciones de fechas y ciclos ideales de la oleaginosa, más allá de que la distancia de los puertos también condiciona la rentabilidad final de este grano.

Otra leguminosa que también plantaron, con el mismo objetivo, es el poroto Mungo, que tiene un ciclo más corto que la soja y permite implantar la caña de azucar 15 días antes en invierno

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