11 de julio de 2018 02:39 AM
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La sostenibilidad ganadera y su ruta

CompartiremailFacebookTwitterLas cadenas de valor de productos animales deben buscar su sostenibilidad ambiental. Es una exigencia social y una obligación gremial. Como ocurre en otros temas, si los participantes de las cadenas no dirigen e impulsan los cambios necesarios, será la sociedad quien de alguna manera los imponga. El problema La ganadería se desarrolló cuando parecía […]

Las cadenas de valor de productos animales deben buscar su sostenibilidad ambiental. Es una exigencia social y una obligación gremial. Como ocurre en otros temas, si los participantes de las cadenas no dirigen e impulsan los cambios necesarios, será la sociedad quien de alguna manera los imponga.

El problema

La ganadería se desarrolló cuando parecía haber abundancia de recursos naturales y teníamos pocas regulaciones y límites; respondía más que nada a las leyes del mercado. Sin embargo, esas circunstancias ya no existen. Ahora se señala la pesada huella de la producción ganadera en los recursos naturales (agua, suelo y vegetación), sus daños a la biodiversidad, su participación en el cambio climático y en la disponibilidad de alimentos para la humanidad.

Algunas culpas de la ganadería son innegables, como la devastación que se ha hecho de grandes porciones de selvas y bosques para destinar la tierra a uso ganadero.

Otros señalamientos de efectos indeseables de la ganadería, en cambio, son ciertos, pero su medida es aún controversial. Es el caso de la contribución de la ganadería a las emisiones de “Gases de Efecto Invernadero” (GEI), que provocan el cambio climático. En el Cuadro 1 se presentan algunos estudios publicados y sus datos.

Cuadro 1. Diferentes estimaciones de la participación de la ganadería en el cambio climático antropogénico.

El estudio publicado por World Watch, de Goodland y Anghang, en el que sostienen que la mayor parte de los GEI que provocan el cambio climático antropogénico son causados por la ganadería, usa supuestos y parámetros que acrecientan la estimación del impacto.[1] Está bien que expresen su postura, que además soportan con argumentos que, en todo caso, hay que rebatir con mejores datos y evidencias. Sin embargo, han dado pie a activistas muy mediáticos y tendenciosos, como los productores de documentales cinematográficos Kip Anderson y Keegan Kuhn, que son antagonistas de la ganadería y propalan que el cambio climático y las enfermedades metabólicas humanas se resolverían, simplemente, abandonando la agricultura animal.

Otro aspecto del impacto ambiental de la ganadería es su uso de recursos naturales. Este tema se puede ejemplificar con la utilización del agua. Las mediciones más acreditadas de utilización de agua son las que hace el Twente Water Center, de la Universidad de Twente, Holanda. El estudio de Mekonnen y Hoekstra (2010), señala que para producir 1 kg de proteína de leche se requiere alrededor del doble del agua que para producir 1 kg de proteína de oleaginosas y para 1 kg de carne de bovino serían 7 veces lo que consume el kg de proteína oleaginosa. No se puede dejar de pensar, ante estas comparaciones, en las diferencias entre los productos animales, sus proteínas y demás cualidades, con comer pastas de oleaginosas procesadas.

Otros problemas ambientales con los que debe tratar la producción animal son la erosión y desertificación que pueden ocurrir con el sobrepastoreo y la posible contaminación con residuos orgánicos o químicos.

Soluciones

La ganadería debe responder por sus actos, pasados, actuales y futuros. Para ello debe evaluar detalladamente su impacto ambiental e informar todo ello a la sociedad, de manera sistemática y confiable, para confrontar otros mensajes, no muy veraces, pero llamativos, que vociferan algunos activistas.

[1] Por ejemplo, suman a los GEI el CO2 que expira el ganado, sin considerar que la materia vegetal que dejaría de comer el ganado, tendría el mismo destino, si bien a diferente velocidad. Usan, además, un factor del Potencial de Calentamiento Global del metano del triple que el aceptado comúnmente, 72 vs. 21 a 25 veces el del CO2. Mencionan hasta las enfermedades zoonóticas, incluso la influenza porcina (se publicó en 2009), a pesar de que el brote de influenza tipo A H1N1 ocurrido en humanos en México, no tuvo origen en la ganadería.

El impacto ambiental de la ganadería se puede descomponer en dos factores: el efecto de cada unidad ganadera, multiplicado por el volumen de producción de la ganadería. (Imagen 1).

Imagen 1. Componentes de la huella ambiental de la ganadería

Impacto unitario

El efecto ambiental que produce cada unidad de producto animal puede reducirse. La vía más clara es el aumento en la productividad de los animales. Producir lo mismo con menos animales y con menos insumos, reduce la huella ambiental. Los sistemas modernos han logrado avances notables en ese sentido, en prácticamente todos sus indicadores de rendimiento y eficiencia.

Una excepción es que ahora hay un mayor uso de energía en el control del microclima de instalaciones y la automatización de equipos, aunque ese es uno de los rubros de menor impacto, además de que las fuentes energéticas alternas ayudarán a mitigar su daño.

Además de la productividad, hay también la posibilidad de reducir los daños ambientales de los sistemas ganaderos de manera específica. El estudio de FAO sobre las oportunidades de mitigación del cambio climático con la ganadería (Gerber et. al, 2013) hace una medición sobre la ganadería productora de carne de bovino en Sudamérica. Con solo algunas mejoras en los forrajes, manejo y sanidad del ganado y manejo del pastoreo, estimaron un potencial de mitigación de 18 a 29 % de las emisiones anuales de GEI. Con cambios más profundos, como sería establecer sistemas silvopastoriles adecuados y la selección de animales más adaptados, eficientes y reductores de emisión de metano, el potencial sería bastante mayor.

En el Cuadro 2 se muestran efectos dañinos de la producción animal, susceptibles de reducción.

Cuadro 2. Métodos y tecnologías que permiten reducir el daño ambiental de la ganadería, por medios diferentes a los aumentos de productividad

El impacto del elevado uso de agua de los bovinos merece una revisión más detenida. El promedio ponderado “mundial” de uso de agua para producir 1 kg de carne de bovino es 15,145 litros de agua, según los datos de Mekonnen y Hoekstra. De esta, el 93.5 % corresponde a la que llaman agua “verde”, la que se consume por evapotranspiración en el terreno que ocupa el ganado.

Es decir, la lluvia que caiga en el terreno que sostiene a una vaca y no se infiltre al subsuelo o escurra a cursos de agua, se carga a la contabilidad de esa vaca o sus productos. Esto es porque ese es el único uso que se da al terreno, pero si tuviera también otro propósito, como el ecoturístico o servicios ambientales certificados, como preservación de la biodiversidad o captación de agua, podría dividirse el agua consumida entre los negocios usuarios. Así, el consumo de agua verde sería posiblemente el mismo, pero solo podría adjudicarse a los bovinos una parte de él.

Volumen

El otro factor de incidencia ambiental de la ganadería es el volumen o tamaño de la producción animal.

El crecimiento demográfico significa una mayor demanda de productos animales. Actualmente, hay 7,500 millones de personas en el mundo y, para 2050, habrá 2,200 millones más. Si se mantiene el consumo de productos animales por persona, se requerirá un crecimiento de 25 por ciento de la producción animal, o más aún si se desea que aumente el consumo por persona.

Actualmente, sin embargo, la producción y el consumo de carnes y otros productos animales tienen también una función estética (tradicional, gastronómica), arraigada de manera diferente en cada cultura del mundo.

Por otra parte, un aspecto que debe limitar el consumo de productos animales son las necesidades de nutrientes y las recomendaciones sanitarias para la prevención de enfermedades metabólicas. La propensión a sobrepeso, dislipidemias o hiperuricemia, por ejemplo, deben señalar límites culturales al consumo de lácteos o carnes rojas.

En promedio, cada persona ingiere 2,869 Kilocalorías y 80.4 gramos de proteína (FAOSTAT, Hojas de Balance Alimentario, 2011). El 16 % de la energía alimenticia y 33 % de la proteína, provienen de alimentos de origen animal. Aunque este es un dato global, parece indicar que la humanidad podría alimentarse bien con una menor cantidad de alimentos de origen pecuario, aunque deben contemplarse también las disparidades entre países en cuanto a su consumo.

En países desarrollados hay un consumo elevado de productos animales en general, y en otros, de carne de bovino específicamente, como el caso extremo de Argentina. Puede decirse que para reducir el consumo bastaría con que lo desee la gente de esos países, pero esto no significa que sea fácil. Sería un proceso de transición en el que hay que conciliar muchas voluntades e intereses. Parece más fácil un cambio cultural gradual facilitado con información clara y sólida.

La ganadería sostenible del futuro

Nunca debe establecerse una nueva unidad ganadera sobre tierra obtenida por destrucción de selvas o bosques. Por el contrario, hay que utilizar pastizales, sabanas o matorrales, tipos vegetativos en los que la ganadería puede ser el mejor uso económico, a la vez que promueve un mejor desarrollo de la vegetación, mediante un buen manejo del pastoreo.

La capacidad de los rumiantes de aprovechar los materiales celulósicos y nitrógeno no proteico, les da un valor que debemos preservar y aprovechar. La engorda con granos debe utilizarse de manera que armonice con la crianza y desarrollo de novillos en pastoreo.

Debe haber límites regulatorios a la producción, para reducir su daño ambiental. Ya se ha comenzado a hacer esto, hace años, en otros países y todo indica que aumentarán los límites normativos, por medio de cuotas máximas o de alguna otra manera.

La carne y los demás productos animales no son iguales que otros alimentos. Su valor nutricional y cultural es muy superior. Su producción y consumo son importantes, aunque ahora también lo son los límites y las formas que debe tener la ganadería.

Fuentes de información

FAOSTAT, Hojas de Balance alimentario, http://www.fao.org/faostat/es/#data/FBS

Gerber, P.J., H. Steinfeld, B. Henderson, A. Mottet, C. Opio, J. Dijkman, A. Falcucci and G. Tempio, 2013. Enfrentando el cambio climático a través de la ganadería – Una evaluación global de las emisiones y oportunidades de mitigación. Organización de las Naciones Unidas para la  Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma.

Goodland, R. and J. Anhang, 2009. Livestock and climate change. What if the key actors in climate change are…cows, pigs, and chickens? World Watch, Novembre/December 2009

Mekonnen, M.M. and A.Y. Hoekstra, 2010. The green, blue and grey water footprint of farm animals and animal products, Value of Water Research Report Series No. 48, UNESCO-IHE, Delft, the Netherlands.

Smith, P., D. Martino, Z. Cai, D. Gwary, H. Janzen, P. Kumar, B. McCarl, S. Ogle, F. O’Mara, C. Rice, B. Scholes, O. Sirotenko, 2007. Agriculture. In Climate Change 2007: Mitigation. Contribution of Working Group III to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [B. Metz, O.R. Davidson, P.R. Bosch, R. Dave, L.A. Meyer (eds)], Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA.

Reconocimiento

Este documento se revisó y amplió con las opiniones y comentarios de Angélica Fermoso Gómez y Eduardo Trejo González, de la Subdirección Técnica de FIRA.

Fuente:

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