13 de julio de 2018 10:17 AM
Imprimir

Los alimentos que nunca debes congelar

Para preservar en buen estado diferentes ingredientes y comidas, conviene no utilizar la nevera para que no se arruinen sus propiedades nutricionales o pierdan el sabor que tanto les caracteriza

Para mantener ciertas comidas en buen estado y alargar su tiempo útil, el congelador es un elemento crucial. Al igual que los famosos tupperwares, que se utilizan casi a diario para proteger los alimentos durante su conservación y que así puedan utilizarse más adelante. Existen una serie de normas básicas a la hora de congelar la comida para que no pierda su sabor y propiedades nutricionales, y no haya problema alguno con la salud del individuo. No obstante, no todos los alimentos son aptos para la nevera, ya sea por cuestiones de seguridad o bien porque su constitución puede verse afectada, por lo que no es recomendable a nivel culinario. A continuación, vemos cuáles son los productos que no debes meter al congelador.

Fritos

Patatas fritas.
Patatas fritas.

Si algún día fríes filetes empanados, patatas o alitas de pollo, no congeles las sobras porque el resultado puede ser bastante diferente al inicial. Los trozos que en un primer momento eran crujientes absorberán la humedad al entrar en estado de congelación. El problema llegará al descongelarlos, cuando todo quede empapado y además haya perdido su textura original.

Especias

Aderezos como la pimienta, el ajo, el clavo u otras hierbas pueden permanecer a temperatura ambiente sin ningún problema. No obstante, a veces hay quien plantea la posibilidad de guardarlas en la nevera, pensando que así mantendrán todas sus propiedades. Nada más lejos de la realidad. Al congelarse, las especias pueden desarrollar un sabor fuerte y amargo, y arruinar el aroma que imprimen a la comida. En su lugar, es mejor guardarlas en un entorno seco y fresco, pero nunca frío.

Queso

Rueda de queso.
Rueda de queso.

Los bloques o cuñas de queso no se deben congelar, pues luego no hay manera de cortarlo en finas lonchas o tacos. Cuando se introduce en la nevera y, con el tiempo, se somete a un proceso de descongelación, su textura se ve considerablemente afectada y el queso comienza a desmoronarse y fragmentarse. Esto puede ocurrir con diferentes variedades, especialmente con los de textura más suave como el de cabra o la ricota, aunque también perjudica a los más duros como el parmesano y el cheddar. Es más práctico dejarlos en el frigorífico para que conserven su estado óptimo. La textura es una de las principales características del queso y si esta se ve afectada, el producto perderá parte de su esencia.

Huevos con cáscara

Los huevos se conservan en el frigorífico porque no alcanzan una temperatura que les permita cambiar el estado líquido de la yema. Es por ello que no hay que congelarlos cuando aún estén enteros, crudos y con cáscara. De hacerlo, la yema aumentaría su volumen, se expandiría y acabaría explotando, ensuciando todo el cajón del congelador. Lo que sí se puede hacer es introducirlos si están batidos. También es plausible cuando están duros o cocidos, pero en este caso no se recomienda pues afecta a su textura y sabor.

Lechuga y vegetales que se coman crudos

Un plato de verduras.
Un plato de verduras.

Los vegetales que se suelen comer en crudo deben alejarse del proceso de congelación, como por ejemplo la lechuga, el pepino, el apio, la cebolla o los pimientos. Si se introducen en la nevera para alcanzar un estado gélido, es para que después, cuando han sido descongelados, se cocinen en caliente. Si se comen en crudo, habrán perdido parte del color, la textura y el sabor, como asegura el National Center for Home Food Preservation de Estados Unidos. Sin embargo, esto no es un problema para las espinacas o las acelgas; su forma y textura no corren peligro de deshacerse porque suelen consumirse en dicho estado. No obstante, esto no es factible con la lechuga, que pierde sus cualidades y nunca se prepara en caliente.

Patatas naturales

Las bolsas de patatas congeladas son muy comunes y dan buenos resultados. No obstante, cuando estos tubérculos se encuentran en su estado natural y no han sido cocidos o fritos, no se deben congelar. Al ser un vegetal con una gran concentración de almidón, si tratas de enfriarlo a muy baja temperatura, estas moléculas se verán afectadas y provocarán que cambie su textura. Cuando se cocinan después, el resultado es muy diferente, pues adquiere un matiz arenoso y granulado que resulta muy desagradable al paladar. En su lugar, es más recomendable cocerlas o freírlas ligeramente y después introducirlas en la nevera. O se pueden mantener directamente a temperatura ambiente, ya que aguantan mucho tiempo sin causar problemas.

Fuente:

Publicidad