7 de julio de 2010 10:03 AM
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Quieren fabricar biocombustibles con el aceite de soja que China dejó de comprar

Más allá de lo que resulte del encuentro entre la presidenta Cristina Fernández y su par chino, Hu Jintao, la semana que viene, el Gobierno puso en marcha un plan para esquivar los efectos negativos en la balanza comercial que provocan las menores compras de aceite de soja por parte del gigante asiático. Además, buscará con esa iniciativa reducir al máximo la importación de gasoil, que también implica la salida de divisas.

La solución, según deslizó el ministro de Planificación, Julio de Vido, pasa por aumentar la producción de biocombustibles –se mezcla con el gasoil y tiene mayor valor agregado– que utiliza como materia prima la soja.

Con el incremento en la utilización de la oleaginosa para biocombustibles “vamos a hacer que el precio del aceite de soja sea respetado. Vamos a tener un país más autónomo, y eso significan los biocombustibles”, explicó con vehemencia De Vido durante un acto en la central AES Paraná, la primera en el país que comenzará a producir electricidad en base a combustibles orgánicos en reemplazo parcial del gasoil fósil.

De Vido repitió en varias partes de su mensaje palabras en torno al mismo concepto: autonomía, determinación y liberación económica. Y llamó a atenuar el poder que tienen sobre la economía del país “los compradores monopólicos”. Aunque no hizo referencia específica a China, el 70% del aceite que compró en 2009 el gigante asiático salió de la Argentina.

El país asiático resolvió hace tres meses bloquear las importaciones argentinas de ese producto, un negocio que en 2009 generó el ingreso de divisas por más de u$s 1400 millones y, según las previsiones, iba a hacer entrar otros u$s 2.000 millones este año. En cambio, aumentó las compras de porotos de soja, con menos valor agregado.

De acuerdo con allegados a Planificación, la Argentina produce 8 millones de toneladas de aceite de soja. De ese total, 2,5 millones tiene destinos variados, un millón se consume a nivel interno, otros 2,5 millones se destinan a la producción de biocombustibles y 2 millones se exportaban a China antes del bloqueo.

“En lugar de exportar producción primaria, como el aceite, vamos a exportar otra cosa (como los combustibles)”, explicó De Vido ante la consulta de El Cronista. Y agregó que “al sacar volumen del mercado se mejora el precio”.

Según la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), la Argentina tiene capacidad para producir 2,5 millones de toneladas de biodiesel. La tonelada de ese insumo ronda los u$s 1.000, muy por encima de los u$s 345, según el cierre de la posición de agosto en Chicago, de la soja. Incluso el aceite de la oleaginosa ronda los u$s 800, debajo del biodiesel.

El plan del Gobierno tiene dos patas: aumentar el consumo interno de biodiesel para transporte automotor e incrementar su utilización en centrales térmicas (tienen 6% del consumo de gasoil) no sólo para agregar valor a la producción de soja sino también para reducir el 10% de la demanda de gasoil que hoy se importa.

En el primer caso, el Gobierno lanzó el lunes la resolución 554 de la Secretaría de Energía, que eleva del 5% al 7% el porcentaje obligatorio de biodiesel que debe tener el gasoil que se vende en los surtidores. Eso llevará de 750.000 toneladas a 1,05 millón el consumo local. A fin de año se espera llevar el porcentaje al 10%, con lo que se agregarían otras 300.000 toneladas.

En el segundo caso, el Gobierno le pedirá a las generadoras privadas que se pongan en contacto con los fabricantes de equipos para utilizar cada vez más biocombustibles en sus centrales. Mitsubishi ya homologó la planta de AES en San Nicolás, y ahora habrá contactos con Siemens y General Electric, entre otras.

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