8 de julio de 2010 08:11 AM
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El cultivo de colza: un aliado de la actividad apicola

En los países desarrollados del Hemisferio Norte, la mayoría de los habitantes con buen poder adquisitivo, realizan un continuo esfuerzo para balancear una dieta alimenticia sana y de alto nivel nutritivo. Es por ello, que el aceite de colza, es uno de los mas apreciados y demandado por su excelente calidad, debido a la baja proporción de ácidos saturados y la alta concentración de ácidos grasos monoinsaturados (61%). Este aceite, junto con el de oliva, es considerado como uno de los mejores para la alimentación humana, por su contribución a la baja formación de colesterol en la sangre, disminuyendo por consiguiente, los riesgos de enfermedades de origen cardiovascular

A partir de la década del 1970, el cultivo de colza tuvo a nivel mundial un gran auge, convirtiéndose en una de las principales oleaginosas en algunos países como Canadá, Francia, China, Australia, India, entre otros. Su desarrollo, se produjo a partir de la mejora genética en sus semillas, que permiten aumentar la calidad del aceite y bajar los niveles de toxicidad de la harina. Esta ultima, subproducto de la extracción, resulta comparable con la de soja para su incorporación en las raciones balanceadas, por el alto valor proteico para la alimentación animal.
En la producción mundial de granos, durante el ciclo 1998/99, la colza ocupó el segundo lugar 13% en orden de importancia dentro de las diez primeras oleaginosas, luego de la soja que aporta el 54 % del volumen total y seguido por el algodón 11 %, el girasol 9 % y el maíz, con un 7.5 %, entre otras.
En la región triguera argentina, para el productor agropecuario que maneja superficies importantes con cultivos de invierno, la colza se convirtió en una alternativa de diversificación para enriquecer el esquema de rotación. Sin embargo, este cultivo aun no tuvo una expansión adecuada, debido a tres factores principales como fueron : Por ser una semilla de forma esférica y de tamaño minúsculo resulta difícil el manipuleo de la cosecha y de la postcosecha, existiendo escasos equipos adecuados a tal fin .
El productor no tuvo suficiente apoyo técnico como por ejemplo, en la cosecha, al ser las silicuas muy dehisentes, la recolección se debe manejar con bastante precisión. Al igual que el escaso asesoramiento en el acopio y posterior comercialización.
El nivel de precios fue poco alentador, en relación con su competidor en la rotación, como es el cultivo de trigo.
En el futuro, del mercado de los aceites promocionado por los industriales dependerá el interés en que se aumente la superficie cultivada o no de esta oleaginosa.La colza y la apicultura en la región pampeana
Por sus condiciones agroecológicas, la provincia de Buenos Aires, fue tradicionalmente el principal productor de miel de nuestro país, alcanzando a un 45 % de total. Pero, a partir de la década del 1970, con la revolución de la soja y el proceso de agriculturización, por la reducción de la superficie destinada a la ganadería, cuyas especies forrajeras constituyeron la principal fuente para la producción de miel, los apiarios se fueron paulatinamente quedando sin las fuentes nectíferas. Además, el uso intensivo de los herbicidas prácticamente terminaron con la flora autóctona (cardos, nabos, diente de león, vara de oro, etc.) que crecían espontáneamente debajo de los alambrados y en las banquinas.
En 1996, debido al fracaso de la cosecha de miel y a la falta de stocks a nivel mundial, los apicultores argentinos se vieron favorecidos con un aumento del precio. La alta rentabilidad de la actividad permitía trasladar los apiarios siguiendo las floraciones de las distintas épocas a eucaliptos, chilca y citrus en la provincia de Entre Ríos, al algarrobo en San Luis y Córdoba, a las pasturas en La Pampa, al citrus en San Pedro y Tucumán entre otros lugares.
En la actualidad, el panorama ha cambiado, debido al constante aumento que tubo el gasoil, uno de los principales insumos de la actividad, y como se puede observar en el cuadro adjunto, el precio de la miel prácticamente retrocedió a los valores históricos, generando una disminución en la rentabilidad que impide mantener algunas de las prácticas como la anteriormente señalada.
Por otro lado se reconoce, que la colza es un buen aliado de las abejas, por consiguiente, hay apicultores que están proyectando sembrar este cultivo en su propio lote, alquilando campo y reemplazando la clásica rotación trigo-soja por colza-soja o inclusive colza-girasol. Lógicamente, estas alternativas son todo un desafío, porque el tradicional apicultor se convertiría en un potencial productor agropecuario, hecho que plantea algunas dudas y demora las decisiones.
Sin embargo, esto evitaría afrontar los gastos del traslado de los apiarios que usualmente se realiza en los comienzos de la primavera, actividad que se esta tornando poco rentable, debido al precio actual de la miel. Cabe destacar que el movimiento de colmenas, requiere disponibilidad de mano de obra y de infraestructura necesaria como vehículos adecuados, grandes distancias a recorrer, además de los alquileres que a veces se pagan y las dificultares por parte del apicultor, derivadas del desplazamiento de su lugar de residencia habitual.
Otra alternativa, es conectarse con agricultores que siembran sus lotes de colza con una marca de semilla compuesta por una asociación varietal. Este cultivar, necesariamente depende de la presencia de abejas como agente polinizador para desarrollar en pleno su potencial productivo. Por consiguiente, los productores que utilizan estas semillas reciben con agrado colmenas de terceros en sus campos.
En cuanto la colza comienza a florecer, a principios de primavera, por un espacio de 40 a 45 días las abejas se incentivan naturalmente al máximo, no produciendo mucha miel, pero se notará una gran mejora en la postura y en el crecimiento de la población, etapa en que el apicultor aprovecha para realizar las multiplicaciones. La receptividad adecuada en un lote de esta oleaginosa, con una altura de hasta 1,60 m. y con una densidad de 60 a 100 plantas por metro cuadrado, es de hasta diez colmenas por hectárea.
Por ultimo, cabe destacar que el cultivo de colza se presenta para el apicultor de la región, como una opción valida, pero habrá que revisar los costos y la rentabilidad. Si el negocio de colza-apicultura puede ser una alternativa rentable para algunos ayudará a mantener la actividad. En caso contrario, nos quedaremos con pocos apiarios en el paisaje regional.Fuente: Elaboración propia con información de la SAGPyA sobre la base de datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.Agr. Héctor Rául Triccó
Area Estudios Económicos y Sociales
EEA Pergamino – INTA
C.C. 31
2700 – Pergamino

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