8 de julio de 2010 11:51 AM
Imprimir

Los biocombustibles no son la panacea

El Gobierno nacional acaba de acordar con las compañías petroleras, las empresas automotrices y los productores de biodiesel aumentar la proporción de este carburante de origen vegetal en el gasoil que se consume en el mercado interno. En forma inmediata, se pasará de un 5% a un 7%, para llevarlo a fin de año a un 10%.

El objetivo perseguido, según argumentos oficiales, es ir cambiando la matriz energética, fomentar el desarrollo de este tipo de industria y sustituir las importaciones de gasoil. De hecho, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, inauguró una central térmica que se alimentará consumiendo 65.000 litros diarios de biodiesel.

En base a este criterio de ir cambiando la matriz energética, nuestro país dispuso una legislación que obliga a partir de 2010 a incorporar un 5% de alcohol en las naftas y de biodiesel en el gasoil. Esta medida es similar a la que tomó Estados Unidos y explica, en parte, la explosión de los precios del maíz (la fructuosa se usa como base para obtener etanol) y de la soja.

Pero también aumentó mucho la demanda de otras semillas oleaginosas y algunos gobiernos dispusieron medidas restrictivas para evitar que la explosión de los biocombustibles encareciera la alimentación.

Problema ético

En realidad, algunos líderes políticos han planteado un problema ético, al decir que es un crimen quemar carbohidratos alimentarios para fabricar combustibles, con los problemas de hambre que enfrenta una buena parte de la población mundial.

Pero los biocombustibles solo sirven para reemplazar combustibles fósiles destilados del petróleo pero no son una solución importante para detener el proceso de emisión de gases de efecto invernadero.

Los especialistas alertan que los biocombustibles también son generadores de anhídrido carbónico en una proporción similar a la que generan los combustibles tradicionales y que la solución para la reducción de dichos gases debe provenir de otras decisiones.

Una de ellas parece ser la introducción de automóviles que se movilicen con otras energías. De hecho, ya están apareciendo vehículos con baterías de litio, pero hay un problema serio y es la escasez de este metal, que se concentra en los grandes salares ubicados, principalmente entre Bolivia y Chile, y en algunos puntos de Argentina y hoy son una presa perseguida por las grandes automotrices del mundo.

Alternativas

Hasta el momento no se ha encontrado una solución alternativa que sea viable económicamente, como baterías solares o de otros materiales y, además, no parece una solución alternativa que se pueda masificar en el corto plazo.

La segunda solución pasa por estimular nuevas plantaciones de bosques. Los árboles se alimentan de anhídrido carbónico y la destrucción masiva de estos bosques en las grandes reservas que el mundo tenía, como la zona del Amazonas, así como el aumento en la proliferación de gases tóxicos, han sido parte del desequilibrio ecológico que hoy conocemos como cambio climático.

Los biocombustibles son una buena alternativa para reemplazar combustibles fósiles, pero no son más baratos ni solucionan los problemas ambientales. No debemos confundirnos. Los temas ambientales requieren de medidas específicas que, hasta ahora, no han aparecido. Por Rodolfo F. Cavagnaro

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *